viernes, 27 de octubre de 2017

Morelia 2017: cortometrajes/VI



Aunque no pude ver toda la competencia oficial de largometraje de ficción (vi cuatro de siete cintas programadas) ni de largometraje documental (vi nueve de las quince elegidas), la realidad es que el consenso crítico coincide con mi incompleta percepción anotada aquí hace unos días: el quinceañero festival de Morelia tuvo una de sus competencias más flojas de los últimos años.
Todo lo contrario a lo que sucedió en el terreno del cortometraje en el que, ahí sí, pude ver todos y cada uno de los filmes: los 12 animados, los 12 documentales y los 36 de ficción. O sea, 60 películas cuyas duraciones fluctuaron entre los 4 y los 40 minutos y con muy disparejos resultados, pues abundaron los correctos ejercicios narrativos escolares, no faltaron algunas exploraciones (dizque) poéticas y varios experimentos bastante fallidos. 
Sin embargo, también hubo tres cortos (uno animados, dos de ficción) que son de lo mejor del cine nacional que he visto en el año y otros nueve cortometrajes (tres animados, tres documentales y tres de ficción) bastante sólidos, y como sigue:
El trío de ases del cortometraje en competencia está formado por Amor, nuestra prisión (México, 2017; 6 minutos), de Carolina Corral; Mamartuile (México, 2017; 13 minutos), de Alejandro Saevich; y Otras personas (México, 2017; 40 minutos), de Raúl Sebastián Quintanilla. 
En el primer caso, se trata de una inventiva cinta animada-documental que recoge los testimonios de cinco presas usando distintas técnicas de animación para proponer la más libertaria y humana de las ideas: el amor como la más absoluta forma de libertad. Genuinamente conmovedor.
En el segundo, estamos ante una excéntrica sátira política realizada con una seguridad pasmosa: cuando faltan seis meses para entregar el poder, el Presidente de la República (el músico Jacobo Lieberman, perfecto) recibe una mala noticia de parte de su secretario particular (José María Yazpik) provocada por cierta decisión de algún lejano país recién formado (el Mamartuile del título) que puede llevar a México a un conflicto internacional. No diré de qué se trata el asunto -la premisa y cómo se ejecuta es parte del placer que ofrece el filme- pero sí puedo afirmar que Saevich tiene un ojo privilegiado para la comedia del absurdo -ah, y que Lieberman, además de actuar, baila bien. O, bueno, digamos que por lo menos baila.
En cuanto a Otras personas, se trata de un mediometraje que nos remite tanto al cine de Woody Allen como al espíritu romántico de la obra maestra de Wong. Fernando (Fernando Álvarez Rebeil) acaba de cortar una problemática relación con Sandra (Sofía Espinosa, en cameo) pero, nomás para dizque provocarle celos, empieza a salir con su amiga de la prepa Ana (encantadora Ximena Romo), fingiendo los dos que están mutuamente enamorados. El asunto es que, ya lo sabemos desde Deseando amar (Wong, 2000), este tipo de jueguitos suelen ser peligrosos. El egresado del CCC Quintanilla demuestra ser un magnífico director de actores y la cámara en blanco y negro de Odei Zavaleta es ejemplar por su elegancia y funcionalidad.
Apunté que hubo otros nueve cortometrajes notables, tres de ellos animados: Cerulia (México, 2017; 13 minutos), de la especialista en stop-motion Sofía Carrillo, sobre una mujer que visita la casa de su niñez; Última estación (México, 2017; 6 minutos), un corto fantástico de Héctor Dávila Cabrera que coquetea con la inquietante premisa de la novela Bajo la piel, de Michael Farber; y Bzzz (México, 2017; 4 minutos), de Guicho Núñez y Anna Cetti, sobre una niña que sabe de la importancia de las abejas. 
Tres documentales: La sombra de un dios (México, 2017; 21 minutos), de Bernard Hetzenauer, que inicia en el terreno de la exploración étnica-cultural para terminar en el universo de la nota roja; Ensueño en la pradera (México, 2017; 16 minutos), de Esteban Arrangoiz, sobre la violencia que acecha en la más aparentemente idílica comunidad rural de nuestro país; y Memorias del table dance (México, 2016; 11 minutos), construido con una serie de testimonios de trabajadoras del conocido baile sicalíptico. 
Y, finalmente, otros tres cortos de ficción dignos de mencionarse (y verse, claro): Horas roca (México, 2017; 22 minutos), de Sandra Reyes, centrado en la relación de un padre (¡otra vez Jacobo Lieberman y en otro registro, revelación actoral de Morelia 2017!) y una hija adolescente a la que hace tiempo que no ve; Oasis (México, 2017; 16 minutos), de Alejandro Zuno, sobre una mujer (Norma Pablo) que va a buscar a su marido gay enclosetado a la cantina gay del título y termina haciendo migas con una prostituta transgénero (la carismática y siempre bienvenida Morganna Love); y Los ausentes (México, 2017; 17 minutos), de José Lomas, realizado en blanco y negro, encantador corto sobre un trío de niños cantantes que son contratados para ir a amenizar un velorio, pero solo tienen tres canciones en su haber.
En suma, doce cintas mexicanas que merecen atención. Esperemos que pronto estén disponibles en la red.  

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