lunes, 11 de diciembre de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXII



Actos de venganza (Acts of Vengeance, EU-Bulgaria, 2017), de Isaac Florentine. Un convencional thriller en el que el abogado Antonio Banderas se inspira en las "Meditaciones" del emperador y filósofo estoico Marco Aurelio (121-189 d.C.) para cobrar venganza por el asesinato de su esposa y su hijita. La premisa es de risa loca, pero Banderas se toma en serio todo lo que hace y el director Florentine es especialista en las peleas y el kickboxing. Mi crítica en la sección Prima Fila del Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

La cordillera (Argentina-España-Francia, 2017), de Santiago Mitre. El tercer largometraje del consolidado cineasta argentino Santiago Mitre (temprana obra mayor El estudiante/2011, sólida segunda cinta Paulina (La patota)/2015) está ubicado en la cordillera chilena del título, donde se encuentra un exclusivo resort en el que se reúnen los presidentes de América Latina para discutir la inminente fundación de una suerte de OPEP regional, que controle producción, precios y distribución del petróleo.
El protagonista es es presidente argentino, Hernán Blanco (Ricardo Darín, ¿quién más?), un sencillo provinciano, poco sofisticado, algo anodino, que fue gobernador de Las Pampas y que acaba de ser electo. Esta cumbre será la primera reunión de Blanco, a quien sus críticos consideran un tipo débil y mal preparado para estos menesteres maquiavélicos de la política internacional. Quienes llevan la voz cantante en la región es, por el lado sudamericano, el presidente brasileño Prete (Leonardo Franco, cual Lula con más fuerza que simpatía) y, como esquirol de los gringos, el extrovertido y malhablado presidente mexicano Sebastián Sastre (formidable Daniel Giménez Cacho, encarnando a una fusión de Fox y Salinas).
La fundación de la OPEP latinoamericana y las discusiones al respecto son el McGuffin de este sólido thriller político pero, como todo buen McGuffin, por más que le importe demasiado a todos los personajes -a los presidentes de Argentina, Brasil, México, a la mandataria anfitriona chilena (Paulina García en cameo extendido)- la realidad es que a nosotros, los espectadores, nos debe importar muy poco. Blanco tiene, además, otros problemas que resolver, en especial las broncas provocadas por el tumultuoso divorcio de su hija Marina (Dolores Fonzi), quien es enviada a la cumbre a acompañar a su papá para tenerla a la mano. Ahí, Marina tendrá un colapso nervioso que provocará la aparición de un psicólogo (Alfredo Castro, nada menos) que, mediante hipnosis, intentará tratar a la muchacha.
El guion escrito por Mitre en colaboración con Mariano Llinás cuenta dos historias que, aparentemente, tienen poco en común: la grilla internacional de las negociaciones petroleras y la relación del presidente argentino con su perturbada hija. Sin embargo, hacia el final, es evidente que las dos líneas temáticas y las dos fórmulas trabajadas -el thriller político y el thriller psicológico- terminan encontrándose para entregarnos el auténtico retrato de Blanco. La cordillera se descubre, entonces, hacia el desenlace como lo que siempre fue: una oscura y opaca crónica sobre la obtención del poder y el ejercicio del mismo. ¿Qué se esconde en el corazón de alguien que busca el poder y que finalmente lo logra? ¿De qué están hechas estas personas? ¿Qué son capaces de hacer? ¿A qué son capaces de renunciar? (***)

La cazadora de águilas (The Eagle Huntress, GB-Mongolia-EU, 2016), de Otto Bell. La opera prima documental de Bell es una convencional feel-good movie tan obviamente tramposa como disfrutable. Estamos en el Macizo de Altái, una cordillera que se encuentra entre Mongolia, China, Rusia y Kazajistán. En ese remoto lugar conocemos a Aisholpan, una sonriente jovencita de 13 años que proviene de una familia nómada kazaja. La niña va a la escuela, quiere ser doctora cuando sea grande pero en este momento su único sueño es seguir los pasos de su papá, alguna vez campeón en el torneo anual de "cazadores de águilas".
Sucede que en esta remota sociedad nómada kazaja, los hombres han seguido una tradición milenaria: capturan aguiluchos dorados -no tan grandes para poder volar, no tan chicos para que no se mueran fuera de su nido- a los que entrenan pacientemente para convertir al animal adulto, la majestuosa águila dorada, en una imponente cazadora de zorros. Cada año, decenas de cazadores de águilas de toda la región participan en un torneo en el que un grupo de muy serios jueces califican al cazador y a su ave. El papá ha ganado en dos ocasiones, el abuelo fue también un cazador, así como lo fue el papá del abuelo y el abuelo del abuelo. No tendría nada de particular que el retoño mayor de la familia quiera seguir esos mismos pasos, pero Aisholpan es una mujer, así que los viejos de la tribu no ven con buenos ojos ese desafío a las buenas costumbres.
Para fortuna de Aisholpan, su padre Nurgaiv es bastante liberal: cree que las mujeres deben tener las mismas oportunidades que los hombres, así que ayuda a su hija a capturar un aguilucho, la entrena concienzudamente a ella y al ave y, luego, la acompaña al torneo anual, en donde han llegado 70 cazadores de toda la región. Aisholpan no solo es la única mujer en el torneo sino, además, el competidor más joven. Su reto es doble. O triple. O cuádruple.
No diré qué pasa en el torneo; baste decir que, independientemente del resultado, Aisholpan tiene luego que demostrarle a los demás y demostrarse a sí misma que, independientemente lo que digan los viejos de la tribu, ella es una verdadera cazadora de águilas, por lo que al final la veremos en los abiertos escenarios nevados cazando un elusivo zorro con su enorme y feroz pajarraco en el brazo.
El cineasta debutante Bell y su cinefotógrafo Simon Niblett -con la ayuda del editor Pierre Takal- logran algunas escenas notables, gracias a la combinación de las clásicas tomas fordianas en espacios abiertos, al uso de drones en las fluidas tomas aéreas y hasta la colocación de una cámara en el cuerpo de una de las águilas doradas. Eso sí, esta virtuosa puesta en imágenes choca a veces con una narración demasiado tramposa -es obvio que algunos pasajes fueron recreados- y con una edificante resolución que roza con lo disneyano. Pero, bueno, tampoco razones para quejarse; después de todo, Aisholpan se merece eso y más. (**)

sábado, 9 de diciembre de 2017

En línea: Lady Macbeth



No sabía que existía Lady Macbeth (GB, 2016) hasta que la vi enlistada en el top-10 del2017 que dio a conocer el cineasta de culto John Waters. Me llamó la atención la forma en la que Waters la definió: la película que es todo lo opuesto a otra de las obras fílmicas del año, la sátira de horror ¡Huye! (Peele, 2017).
Después de haberla visto –Lady Macbeth se encuentra disponible en el servicio estadounidense de streaming de Amazon Prime, además de que ya está en DVD/BD de importación-, tengo que confirmar que Waters está en lo correcto: la opera prima del director teatral y operístico William Oldroyd no solo puede aparecer dignamente en cualquier lista de lo mejor de este año, sino que también es una perversa pieza de acompañamiento/contraste de la también opera prima dirigida por Jordan Peele.
El título adelanta el tema de la historia, pero no la ejecución de la misma ni, tampoco, el sentido político/alegórico que tiene el guion de Alice Birch, basado en el cuento ruso Lady Macbeth de Mtsensk (1865), de Nikolái Leskov, ya adaptado al cine en varias ocasiones, en una de ellas por Andrzej Wajda (Obsesión cruel/1962, no vista por mí) y también convertido en una ópera homónima escrita por Shostakovich y estrenada en 1934.
Birch ha movido el escenario de la historia de la Rusia original al norte de Inglaterra, aunque la época es la misma: 1865. La joven Lady Macbeth del título se llama en realidad Katherine (la veinteañera Florence Pugh, todo un descubrimiento) y la conocemos en la primera escena de la cinta, casándose, escondida tras un velo blanco. Katherine se ha casado con un tal Alexander Lester (Paul Hilton), un tipo que tiene nombre y dinero y que le dobla fácilmente la edad. El por qué se casó con ella es un misterio, pues no la toca en la noche de bodas –ni en las noches subsiguientes-, aunque él sí se toca a sí mismo. La realidad es que la muchacha fue adquirida, casi como si fuera una suerte de bono extra, cuando el hombre compró algún pedazo de tierra “que no sirve ni para criar una vaca”.
Katherine es un objeto más de los Lester, el hijo y su tiránico y anciano padre (Christopher Fairbank, formidable): sirve de adorno en alguna reunión en la amplía y fría casa, funciona como rotundo pedazo de carne para los desvíos onanistas de su marido, está inventariada como propiedad pues se le prohíbe salir de la casa, es vigilada por la criada negra Anna (Naomi Ackie) bajo las órdenes de los patrones…
Sin embargo, pronto queda claro que a Katherine no se le da bien eso de estar amarrada, como lo dice uno de los criados de la casa, el mulato Sebastian (Cosmo Jarvis), aunque refiriéndose a una perra a la que saca a pasear por los alrededores. Katherine demostrará, pues, que es tan inquieta como ese animal y, eso sí, mucho más peligroso.
La cámara de Ari Wegner toma de manera constante a Katherine en el centro del encuadre, dominando el escenario y, al mismo tiempo, siendo objetificada. Es de esta mirada, la de la cámara, la de nosotros, ante la que se rebela Katherine. Primero, entregándose al placer con el criado; luego, ante los violentos reproches de su suegro; después, ante el desprecio de su marido; finalmente, ante su condición de víctima natural a la que, de manera perversa, maquiavélica, cual Lady Macbeth shakespeariana, le da la vuelta en la secuencia final, usando tantos las armas femeninas como las sociales y raciales que tiene a su disposición.
¿Katherine es una heroína proto-feminista, un simple monstruo de maldad pura o, como lo dice Sebastian, “una enfermedad”? Pensándolo bien, ¿por qué no puede ser todo al mismo tiempo? 

viernes, 8 de diciembre de 2017

El evangelio del cine mexicano del 2017... según yo/V



Otro año de cine nacional marcado por el éxito taquillero de la comedia, la presencia exitosa en los festivales de primer nivel -esta vez con Las hijas de Abril (Franco, 2017) en Cannes 2017- y la constante calidad del cine documental que, frente a la ficción, sigue teniendo mejor promedio de bateo:

En orden de preferencia, el top 5 del cine nacional que vi en el 2017 (dos de esas cintas son de 2016, ya sé, pero qué quiere, las vi este año):

1. La libertad del diablo (México, 2017), de Everardo González. Mi crítica in extenso, por acá.

2. Las tinieblas (México-Francia, 2016), de Daniel Castro Zimbrón. Escribí un par de párrafos acá.

3. El alien y yo (México, 2016), de Jesús Magaña Vázquez.

4. Etiqueta no rigurosa (México, 2017), de Cristina Herrera Bórquez. Escribí de este documental por acá.

5. Ayúdame a pasar la noche (México, 2017), José Ramón Chávez. Escribí unas líneas por aquí.


Y como bono, tres cortometrajes  y un mediometraje notables, en orden de preferencia:

1. La casa de los Lúpulos (México, 2016), de Paula Hopf.

2. Amor, nuestra prisión (México, 2017; 6 minutos), de Carolina Corral.

3. Mamartuile (México, 2017; 13 minutos), de Alejandro Saevich.

4. Otras personas (México, 2017; 40 minutos), de Raúl Sebastián Quintanilla.

Escribí de estos cortos y de otros más, por acá.


jueves, 7 de diciembre de 2017

Your Movie Sucks! (In Memorian Roger Ebert)/XXV



-¿Que estoy fea? ¡Vean las películas de abajo!



Optimista que soy, no me espero hasta el fin del año para hacer la lista de lo peor que vi el 2017. En el orden en el que las vi:


Soldado, Experimento exorcista, Nocturno, Bruma, Kong: la Isla Calavera, Tormentero, Kekszakállú, Hazlo como hombre, Terror profundo, Me gusta pero me asusta, ¡Madre!, Cómo cortar a tu patán, Omar y Gloria, Voces ocultas y Camino a Marte.

En cuanto a las películas que no terminé de ver, la lista es la siguiente (y, por supuesto, algunas de ellas aparecerán en las listas de lo mejor del año de algunos colegas; así es esto):

Forastero, Paraíso perdido, Ruinas tu reino, Te prometo nunca regresar, Beduino, El auge del humano, La película de nuestra vida, Niñato, Mutlab, El año del apocalipsis, Spell Reel, No intenso agora, Ejercicios de memoria Girasoles de Nicaragua.

Y, como siempre, van las aclaraciones debidas:

1) En las dos listas (las peores y las abandonadas), abunda el cine mexicano y el latinoamericano simplemente porque es el que más veo por vocación, interés y disciplina. Trato de evitar los churros gringos y de otros países.

2) ¿Que hubo películas peores? Seguramente. No las vi. 

miércoles, 6 de diciembre de 2017

El evangelio del 2017... según Cahiers du Cinéma/IV




La que fue, alguna vez, la revista de cine más influyente, Cahiers du Cinéma, acaba de liberar su top-10 del 2017, como sigue:

1. Twin Peaks: The Return (EU, 2017), de David Lynch.

2. Jeanette: L'enfance de Jeanne d'Arc (Francia, 2017), de Bruno Dummont.

3. Ciertas mujeres (Certain Women, EU, 2016), de Kelly Reichardt. 

4. ¡Huye! (Get Out, EU, 2017), de Jordan Peele. Mi crítica en Reforma.

5. Geu-hu (Corea del Sur, 2017), de Sang-soo Hong.

6. L'amant d'un jour (Francia, 2017), de Philippe Garrel. 

7. Good Time: Viviendo al límite (Good Time, EU, 2017), de Benny y Josh Safdie. Escribí de ella por acá.

8. Fragmentado (Split, EU, 2017), de M. Night Shyamalan. Escribí de ella unos párrafos por aquí

9. Jackie (Ídem, EU-Chile-Francia, 2016), de Pablo Larraín. Escribí de ella unas líneas aquí

10. Billy Lynn's Long Halftime Walk (EU-China-GB, 2016), de Ang Lee. 

martes, 5 de diciembre de 2017

El evangelio del 2017... según Fernanda Solórzano/III



Ya está circulando la edición de enero de Sight and Sound con la lista general de lo mejor del año y, por supuesto, las listas individuales de los convocados. Como cada año, la lista individual que me interesa es la de colega Fernanda Solórzano, que envió su top-5 como sigue:

1. Nelyubov (Rusia-Francia, 2017), de Andrey Zviagintsev.

2. Blade Runner 2049 (Ídem, EU-GB-Hungría-Canadá, 2017), de Denis Villeneuve.

3. La libertad del diablo (México, 2017), de Everardo González.

4. Mindhunter (EU, 2017), creada por Joe Penhall. 

5. Visages Villages (Francia, 2017), de Agnès Varda y JR.

Y a propósito de enchiladas, ya apareció el libro de Fernanda y lo pueden comprar para Kindle gringo acá, para Kindle nacional aquí y en papel por acá. ¡Cooperen (con Fernanda y conmigo, de pasada), no sean rancheros!

lunes, 4 de diciembre de 2017

El evangelio del 2017... según Sight and Sound/II



Sight and Sound acaba de liberar su lista de lo mejor del año, con un polizón televisivo en el segundo lugar. Acá el top-10:

1. ¡Huye! (Get Out, EU, 2017), de Jordan Peele. Mi crítica en Reforma.

2. Twin Peaks: The Return (EU, 2017), de David Lynch.

3. Call Me by Your Name (Italia-Francia-Brasil-EU, 2017), de Luca Guadagnino.

4. Zama (Argentina-Brasil-España-Holanda-México-Portugal-EU, 2017), de Lucrecia Martel.

5. Western (Ídem, Alemania-Bulgaria-Austria, 2017), de Valeska Grisebach.

6. Visages Villages (Francia, 2017), de Agnès Varda y JR.

7. Good Time: Viviendo al límite (Good Time, EU, 2017), de Benny y Josh Safdie. Escribí de ella por acá.

8. Nelyubov (Rusia-Francia, 2017), de Andrey Zviagintsev. Vista en Morelia 2017, escribí de ella unas líneas.

9. Dunkerque (Dunkirk, GB-EU-Francia-Holanda, 2017), de Christopher Nolan. Mi crítica, aquí. 

9. The Florida Project (EU, 2017), de Sean Baker.

La lista completa, que llega a 26 títulos, por acá.