viernes, 19 de enero de 2018

El evangelio del 2017... según ustedes/XVII



Contabilizados los 99 votos que se emitieron durante la última semana, las mejores cinco película estrenadas comercialmente en el 2017 en México fueron:


2. Dunkerque: 17 votos

3. Historia de fantasmas: 14 votos

4. La vida de Calabacín: 9 votos

5. Coco: 7 votos

Así es la democracia, gente. 


jueves, 18 de enero de 2018

Una mujer sin filtro



El primer taquillazo nacional del año -670 mil asistentes y 37 millones de pesos en su primer fin de semana- ha resultado ser Una mujer sin filtro (México, 2017), el más reciente largometraje del director televisivo y ocasional cineasta especializado en comedia Luis Eduardo Reyes (Amor letra por letra/2009, Qué pena tu vida/2016).
Estamos ante el remake mexicano de Sin filtro (2016), una exitosa cinta chilena escrita y dirigida por Nicolás López, quien se ha convertido en una figura clave del cine de nuestro país, pues el taquillazo nacional del año pasado, Hazlo como hombre (2017), fue dirigida por él y, de hecho, Qué pena tu vida, la cinta que dirigió Luis Eduardo Reyes hace un par de años, también fue un refrito de otra película chilena de López, llamada de igual forma y realizada en 2010.
Paz (en la película chilena, Pía) es una publicista de 36 años de edad que un malhadado día sufre una serie de pequeñas y grandes humillaciones que la hacen estallar, provocando que suelte de su ronco pecho todo lo que piensa de los que la rodean: su marido pintor abstraccionista y huevón (Alejandro Calva), su jefecito junior bueno-para-nada (Mariano Palacios), su vecino argentino fiestero (Ariel Levy), la babas muchachita millenial que la acaba de suplantar en el trabajo (Pamela Moreno), el viene-viene extorsionador (Daniel Sosa), el técnico del internet con todo y su contrato abusivo (Guillermo Villegas), su amiga que nunca la escucha (Sofía Niño de Rivera), su patética hermana adoradora de los gatos (Mara Escalante) y hasta su exnovio (Flavio Medina) que, aunque está a punto de casarse, todavía la ronda como el amigo buena-onda que la apapacha en toda ocasión.
La premisa es, sin duda, ingeniosa. La comedia parte de la idea de que es gracioso ver a un personaje actuar de una manera completamente distinta a la que está acostumbrado, tal como el abogado transa Jim Carrey no podía evitar decir la verdad en Mentiroso, mentiroso (Shadyacm 1997). Aquí, pues, se supone que resultará chistoso ver a la estoica y apacible Paz convertirse en un auténtico huracán, dispuesta a decirles sus verdades a todos.
El asunto es que, aunque Fernanda Castillo está muy bien como la encabronada Paz, el resto del reparto no está a la misma altura y, peor aún, el director Luis Eduardo Reyes no logra darle el ritmo adecuado a la comedia, un género que pide a gritos precisión corporal de parte de sus actores, un adecuado movimiento dentro del encuadre, un corte preciso para hacer conectar ideas o imágenes disparatadas. Nada hay de ello en la realización de Reyes, desprovista de la suficiente fuerza para que la comedia funcione como debería. Una lástima, porque el personaje y la actriz merecían otra suerte. 

martes, 16 de enero de 2018

Guadalajara 2018: Competencia oficial



El Festival de Guadalajara acaba de liberar la lista de las películas seleccionadas para su emisión número 33. Aclaración: el propio festival advirtió que en las próximas semanas se anunciarán otras cintas que se sumarán a la competencia oficial. 

Premio Mezcal – Mejor Película Mexicana
Ficción:
  • Cría puercos de Ehecatl García.
  • La incertidumbrede Haroldo Fajardo.
  • Juan y Vanesa de Ianis Guerrero.
  • Mente revólver de Alejandro Ramírez Corona.
  • Nadie sabrá nunca de Jesús Torres Torres.
  • Restos de viento de Jimena Fernanda Montemayor Loyo.
  • Tiempo compartido de Sebastián Hofmann.
  • Traición de Ignacio Ortiz.  
Documental:
  • Donde se quedan las cosas de Daniela Silva Solórzano.
  • Hermanos de Laura Plancarte.
  • Lejos del sentido de Olivia Luengas.
  • Mi hermano de Alana Simões.
  • Rita, el documental de Arturo Díaz Santana.
  • The Best Thing You Can Do with your life de Zita Erffa (Alemania, México).

Largometraje Iberoamericano de Ficción
  • Alanis de Anahí Berneri (Argentina).
  • Eugenia de Martín Boulocq (Bolivia).
  • Handia de Aitor Arregi y Jon Garaño (España).
  • Invisible de Pablo Giorgelli (Argentina).
  • La librería de Isabel Coixet (España – Cataluña, Reino Unido, Alemania).
  • Los gigantes no existen de Chema Rodríguez (Guatemala).
  • Matar a Jesús de Laura Mora Ortega (Colombia).
  • Nadie sabrá nunca de Jesús Torres Torres (México)
  • O filme da minha vida de Selton Mello (Brasil).
  • Tiempo compartido de Sebastián Hofmann (México)
  • Traición de Ignacio Ortiz (México)
  • Un traductor de Rodrigo Barriuso (Cuba, Canadá).
  • Violeta al fin de Hilda Hidalgo (Costa Rica, México).
  • Vivir y otras ficciones de Jo Sol (España - Cataluña).
  • Wiñaypacha de Oscar Catacora (Perú).
  • …Y de pronto el amanecer de Silvio Caiozzi (Chile).
  
Largometraje Documental Iberoamericano
  • Alberto García-Alix. La línea de sombra de Nicolás Combarro (España).
  • Aqualoucos de Victor Ribeiro (Brasil).
  • Casa de nadie de Ingrid Guardiola (España - Cataluña).
  • Cidades Fantasmas de Tyrell Spencer (Brasil).
  • Desde que bailas de Beatriz Osorno y Álvaro Torrelli (España - Cataluña).
  • Estado de Exceção de Jason O’Hara (Brasil).
  • Heredera del viento de Gloria Carrión Fonseca (Nicaragua, México).
  • La tía rica de Germán Ramírez (Colombia).
  • No viajaré escondida de Pablo Hernan Zubizarreta (Argentina).
  • Último año de Viviana Corvalán y Francisco Espinoza (Chile).
  • Yo no me llamo Rubén Blades de Abner Benaim (Argentina, Panamá).
  • The Best Thing You Can Do with your life de Zita Erffa (Alemania, México).
  • Lejos del sentido de Olivia Luengas.

Cortometraje Iberoamericano
  • 32-Rbit de Víctor Orozco Ramírez (México, Alemania). *Compite además por el Premio Rigo Mora
  • A Foreman de Daniel Drummond (Estados Unidos, Brasil).
  • A History of Sheep de Ezequiel Vega (Argentina).
  • Água Mole de Laura Gonçalves, Alexandra (Xá) Ramírez (Portugal).
  • Anderson de Rodrigo Meireles (Brasil).
  • The Back of My Mind de Luciano Podcaminsky (Argentina).
  • Boca de fogo de Luciano Pérez Fernández (Brasil).
  • Les bones nenes de Clara Roquet (España - Cataluña).
  • Cacharro de Anselmo Portillo (Venezuela).
  • El camino de los perros de Sebastián Cuevas (Chile).
  • Caronte de Luis Tinoco Pineda (España - Cataluña).
  • Censurado de Pedro Buson (Brasil).
  • Coffee Break de María Cristina Pérez González, Mauricio Cuervo Rincón (Colombia).
  • Desecho de Julio Ramos (Estados Unidos).
  • Diez minutos antes de Juan Carlos Vásquez (Colombia).
  • En la piel de Lucía de Mayra Hermosillo, Ángel de Guillermo (México).
  • El escarabajo al final de la calle de Joan Vives (España).
  • El futuro de Ernesto Martínez Bucio (México).
  • El hilo de Pietro Bulgarelli, Pablo Polanco (Chile, Costa Rica).
  • Gina de David “Diómedes” Heras (México).
  • Goyito campeón de Daniel Malvido y Diego Casillas (México).
  • Irma de Alejo Schettini, Germán Tejeira (Uruguay).
  • Madremonte de Jorge Navas (Colombia).
  • O espírito do bosque (El espíritu del bosque) de Carla Saavedra Brychcy (Brasil).
  • Primavera de Rafael Ruiz Espejo (México).
  • TAME de David Petch (México, Inglaterra).
  • Ulises de Jorge Malpica (México).
  • El último romántico de Natalia García Agraz (México).
  • Velvet de Paula Hopf (México).
  • Viva el rey de Luis Téllez (México).

lunes, 15 de enero de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../CCLXXVII



En la penumbra (Aus dem Nichts, Alemania-Francia, 2017), de Fatih Akin. La actriz alemana internacionalizada Diane Kruger -ganadora del premio a Mejor Actriz en Cannes 2017- interpreta a una mujer cuyo marido, de origen turco, y su hijito de seis años, mueren en un atentado terrorista ejecutado por una joven pareja matrimonial neonazi.
Los criminales son detenidos y durante la extensa segunda parte del filme -casi una hora- vemos el juicio de los supremacistas en un estilo visual cercano a cualquier telefilme gringo de juzgado. En la última parte, la más interesante, Kruger se transforma de mujer doliente a mujer de acción. 
Esto salva, hasta cierto punto, a la película de la ignominia total, pero debo decir que En la penumbra me gustó mucho cuando se llamó El vengador anónimo (Winner, 1974). Es cierto que Kruger está más guapa que Charles Bronson, lo acepto, pero a Bronson le creo más este tipo de papeles. (*)

La rueda de la maravilla (Wonder Wheel, EU, 2017), de Woody Allen. La cinta anual alleniana es una luminosa puesta en imágenes de una oscurísima historia en donde hay un triángulo amoroso tóxico en el centro argumental (galán intelectual, histérica mujer madura e hijastra joven e ingenua, ¿les recuerda algo?) mientras que, en la periferia, hay una fascinante subtrama sobre un compulsivo chamaco piromaniaco. La película debería haber sido nominada a varios premios, pero en este clima de linchamiento en contra de él, imposible. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

La forma del agua (The Shape of Water, EU-Canadá, 2017), de Guillermo del Toro. ¿La mejor película de Guillermo del Toro? No lo creo, pero sí es probable que sea la que le haga ganar el Oscar 2018 al tapatio. Mi crítica, in extenso, por acá. (***)

Abril y el mundo extraordinario (Avril et le monde truqué, Francia-Bélgica-Canadám, 2015), de Christian Desmares y Frank Ekinci. Sobre una novela gráfica del prestigiado autor francés Jacques Tardi, he aquí una entretenida y atractiva cinta animada de ciencia ficción especulativa -para ser específicos, del subgénero "steampunk"- en el que el mundo en el que vivimos nunca se desarrolló, pues un día antes de la guerra franco-prusiana de 1870, Napoleón III y su general Bazaine murieron en una explosión, por lo que esa guerra nunca inició. 
Sin embargo, a partir de ese momento, todos los científicos que cambiarían la faz de la tierra (Edison, Fermi, Einstein y demás) empezarían a desaparecer misteriosamente. La Abril del título, una audaz jovencita científica, su enamorado ladronzuelo Julius y un labioso gato parlanchín llamado Darwin se encargarán de resolver el misterio y, de pasada, de regresar al mundo a su vía correcta, pues en este pasado alternativo de los años 40 del siglo pasado no hay aviones ni electricidad y se ha adelantado la destrucción masiva de los bosques.
Los debutantes Desmares y Ekinci -el primero fue coordinador de animados en la superior Persépolis (Paronnaud y Satrapi, 2007) logran varias secuencias de acción de clara influencia spielbergiana -de hecho, a veces me parecía estar viendo algún tipo de homenaje a las aventuras de Indiana Jones- y el reparto vocal original (Marion Cotillard, Jean Rochefort, Olivier Gourmet) es de primer nivel.  (**)


Beach Rats: Ratas de playa (Beach Rats, EU, 2017), de Eliza Hittman. El segundo largometraje de la cineasta indie gringa Hittman (opera prima It Felt Like Love/2013, no vista por mí), ganadora a la Mejor Dirección en Sundance 2017, es un sólido melodrama de crecimiento y maduración juvenil beneficiado por una táctil y lírica fotografia en 16 mm. de Hélène Louvart y el impresionante debut en la pantalla grande del joven actor londinense Harris Dickinson.
Frankie (Dickinson) es un muchacho neoyorkino viviendo en Brooklyn con su madre (Kate Hodge), su hermanita menor y su padre agonizante de cáncer. Mientras espera lo que tiene que pasar -la muerte de su papá-, Frankie mata el tiempo pasando el rato en Coney Island con sus amigos sin oficio ni beneficio, noviando torpemente con la guapa jovencita Simone (Madeline Weinstein) y ligando homosexuales en algún sitio web, con quienes pasa alguna noche (en la playa, en un motel) y comparte alcohol y drogas.
Frankie no sabe lo que quiere o, acaso, sabe perfectamente lo que quiere pero no termina por aceptarlo. Pasa las noches con gays de mayor edad -en gran medida para no toparse con alguien que conozca a sus amigos- pero no desea renunciar a sus camaradas; no parece molestarle la compañía de Simone, pero es obvio que no disfruta el sexo con ella; no se ve a sí mismo como gay pero como uno de los tipos le recuerda, no tiene problema en tener encuentros sexuales con hombres. 
Este cúmulo de contradicciones es perfectamente encarnado por Dickinson, quien es capaz de interpretar lo mismo el deseo que el dolor, lo mismo la capacidad de seducción que la vergüenza, lo mismo la más conmovedora fragilidad que la confusión. Una pena que el trabajo de este jovencito haya pasado desapercibido en esta temporada de premios.  (**)

Una mujer sin filtro (México, 2017), de Luis Eduardo Reyes. El primero -espero que de muchos- de los taquillazos nacionales del 2018 es una comedia femenina en la que una amable mujer treintona a la que todo mundo trae como loro a toallazos decide soltar de su ronco pecho todo lo que trae reprimido, causando caos a su alrededor. La premisa es interesante y Fernanda Castillo es muy convincente, sobre todo en la segunda parte de la cinta, pero la ejecución de la comedia por parte del director Luis Eduardo Reyes es muy torpe. (-)

domingo, 14 de enero de 2018

En línea: Nocturama



Nunca exhibida comercialmente en México, pero disponible en Netflix desde fines del año pasado, Nocturama (Ídem, Francia-Alemania-Bélgica, 2016), octavo largometraje del prácticamente desconocido en México Bertrand Bonello (L’Apollonide/2011, Saint Laurent/2014), se estrenó en París en julio de 2016, unos meses después de los atentados terroristas de noviembre de 2015 ocurridos en la propia Ciudad Luz.
El dato es pertinente porque, aunque la película había sido terminada cuando sucedieron los atentados, lo cierto es que, por la forma y el fondo del filme, Nocturama terminó siendo mucho más provocadora de lo que, probablemente, habría pretendido Bonello.
La cinta está claramente dividida en dos partes. Inicia a las 14:07 de cierto día con el seguimiento de una decena de jóvenes –el más chico tendrá 15 años, el más viejo no más de 30- que preparan lo que en su momento veremos como varios atentados terroristas simultáneos: una bomba estalla en una torre comercial, otra en un edificio de gobierno, un banquero es asesinado en su propia casa, una estatua de Juana de Arco es incendiada...
En esta primera parte, la cámara de Léo Hinstin sigue con frialdad procedimental cada paso que dan estos muchachos mientras que la precisa edición sin crédito –supongo que del propio cineasta- juega con los tiempos y las acciones, de tal forma que la narración avanza, retrocede, se mueve de forma paralela mostrando desde distintas perspectivas los atentados o aparecen flashbacks claves sobre cómo se conocieron y cómo empezaron a planear sus actos criminales.
Cuando termina esta primera sección, que funciona como un espléndido thriller, vemos a los terroristas llegar a un enorme centro comercial en donde se refugiarán durante la noche, mientras ven por televisores las consecuencias de sus crímenes, se prueban ropa de las mejores marcas, comen y beben lo que desean, escuchan la música de su preferencia y hasta uno de ellos interpreta vía fonomímica, maquillado y bajando soberanamente por las escaleras, “My Way”, en la versión de Shirley Bassey.
Por supuesto, esta segunda parte es la que causa mayor escozor, pero por lo mismo, resulta ser la más fascinante de la cinta. Provocadoramente (¿e irresponsablemente?), Bonello despoja de toda ideología clara a los terroristas. Es obvio que los muchachos no forman parte de una organización islámica y, por lo demás, el grupo es lo más diverso posible: hombre y mujeres, magrebíes y blancos, alguno de clase alta, otro de estrato más popular, un par de hermanos, una pareja de novios…
La misma policía los identifica rápidamente como “enemigos del Estado”, no terroristas, lo que hace aún más confusa la posición: ¿por qué hicieron lo que hicieron?, ¿qué buscan obtener?, ¿la destrucción por la destrucción misma?, ¿son anarquistas hípsters-chic de última generación? El nihilismo que mueve a estos muchachos los convierte no en los revolucionarios que acaso quieren ser (pero, otra vez, ¿eso quieren ser?), sino en lamentables zombis que, como en el irrebatible clásico Dawn of the Dead (Romero, 1978), ante la destrucción del mundo en el que habitan/vegetan, no tienen otro universo existencial más que meterse a un mall.
La cinta termina como inicia, con otro despliegue procedimental que no describiré aquí, pero que, como toda la película, resulta ser fascinante y repelente a la vez. La forma y el fondo de Nocturama no se funden, sino chocan una con otro en un desenlace que nos niega toda tranquilidad posible.

sábado, 13 de enero de 2018

La forma del agua



Al inicio de La forma del agua (The Shape of Water, EU-Canadá, 2017), décimo largometraje del tapatío internacionalizado Guillermo del Toro, la voz en off narrativa nos menciona que la historia que a continuación veremos tiene como personaje central a una "princesa sin voz", mientras la elegante cámara de Dan Laustsen navega -nada, más bien- por los pasillos y las habitaciones de un departamento inundado.
Por el tono con el que narrador inicia la historia, por la alusión a la tal "princesa sin voz" y porque se trata de una película no solo dirigida sino escrita por Guillermo del Toro, es obvio que estamos ante un cuento de hadas en el que hay, en efecto, una princesa, una historia de amor, un monstruo y hasta un secuestro, aunque todo esto no sucede ni está ordenado de una forma muy tradicional que digamos.
Baltimore, inicios de los años 60. Eliza (Sally Hawkins), una mujer solitaria, huérfana y muda que vive en un pequeño departamento arriba de un viejo cine sin clientes, se despierta todas las mañanas para bañarse, masturbarse y prepararse un huevo cocido que se comerá más tarde en la hora del almuerzo. Eliza trabaja limpiando los pisos, las paredes y los baños de un misterioso centro de investigación militar, en donde cierto día llega un "producto" harto valioso capturado en algún lugar del Amazonas: se trata, nada menos, de El monstruo de la Laguna Negra (Arnold, 1954) o, en todo caso, de un pariente muy cercano, pues la criatura no solo es idéntica a la del clásico fantástico y de horror sino que, incluso, hay algún diálogo en esta cinta que nos remite claramente al filme de los años 50.
Sin embargo, tratándose de Guillermo del Toro y de sus simpatías por los monstruos, ya sabemos que la criatura anfibia sin nombre (Doug Jones, ¿quién más?) no es ninguna amenaza, sino que el auténtico peligro es el agente de seguridad Strickland (Michael Shannon) que tortura por puro placer a ese ser "considerado un Dios". Eliza, quien limpia el lugar donde guardan a la criatura, empieza a convivir con ella, le comparte sus huevos cocidos, baila mientras trapea el piso y hasta pone musiquita para levantar el ánimo. La bella y la bestia, dirá usted, aunque a decir verdad en esta historia de amor no hay bestia alguna, a no ser Strickland.
La forma del agua es la película más abiertamente romántica de Guillermo del Toro. Como nos advertía la voz en off narrativa inicial -del vecino gay de Eliza, el viejo dibujante desplazado Giles (Richard Jenkins)- el planteamiento es el de un elemental cuento de hadas. Sin embargo, del Toro y su actriz evitan toda cursilería disneyana: la "princesa sin voz" no es precisamente recatada -ya vimos lo que hace mientras está en la tina-, tampoco es modosita -se enfrenta desafiante a Strickland a través del lenguaje de señas- y su relación con la criatura no es de manita sudada sino completamente carnal -o acuática, pues.
Para ser francos, prefiero la oscuridad de las obras maestras El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del Fauno (2006) y es cierto que hay algunos momentos de La forma del agua que parecen provenir del mero capricho del cineasta -esa imagen de la criatura escapándose al cine para ver alguna película bíblica- y que hay otras escenas demasiado obvias dramáticamente hablando, como cuando Giles cambia de parecer sobre ayudar o no a Eliza cuando su joven objeto del deseo no solamente lo rechaza, sino que muestra ser un tipo desagradable y racista.
Sin embargo, estas y otras objeciones terminaron diluyéndose no solo ante el poder de la imaginación visual del cineasta -apoyado por un impecable diseño de producción de Paul D. Austerberry en el cual domina el color verde del líquido en el que vive la criatura- sino, sobre todo, por los irresistibles arrebatos romántico-musicales que se permite del Toro por vez primera.
En especial, hay un momento en el que la película derrumbó todas mis defensas: cuando Eliza se imagina a sí misma y a su acuático enamorado en un escenario de algún clásico de Ginger y Fred (en concreto, Siga a la flota/Sandrich/1936),  radiantes, perfectos y sofisticados. Si no todos podemos ser Ginger ni Fred, todos merecemos soñarlo. Entiendo perfectamente a del Toro.  

viernes, 12 de enero de 2018

Y la mejor película del 2017 fue...



Finalmente ya tenemos las doce cintas más votadas del año pasado, mes por mes, en el blog. En orden de aparición: Luz de luna, La la land: una historia de amor, Aquarius, No soy tu negro, La vida de Calabacín, La tortuga roja, Dunkerque, Your Name, La región salvaje, Coco, Cartas de van Gogh e Historias de fantasmas.
A fe mía, dirían los clásicos, que se trata de una lista balanceada: la película que ganó el Oscar 2017, la que realmente debió haber ganado, una cinta brasileña, un brillante documental militante, cinco cintas animadas -solo una de ellas gringa-, un gran filme bélico a la antigüita, un estreno mexicano oculto y una cinta indie gringa.
Aunque, maldita sea, no hay directora entre las doce votadas. Quién me manda tener puros lectores misóginos. En fin: ya pueden votar aquí mismo, abajito, a la derecha.