lunes, 22 de enero de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLVIII



Todo lo demás (México, 2016), de Natalia Almada. El debut en la ficción de la talentosa documentalista Natalia Almada es un ejercicio de estilo y estético notable que, por desgracia, resulta estéril dramáticamente hablando. Mi crítica in extenso por acá. (-)

Wonderstruck: el museo de las maravillas (Wonderstruck, EU, 2017), de Todd Haynes. El más reciente largometraje de Haynes es un disfrutable relato fílmico que avanza asincrónicamente en dos épocas (1927, 1977), con todo y puesta en imágenes ad-hoc. Otra obra mayor de Haynes que no encontró todo el amor que merece... y si lo duda, cheque las nominaciones al Oscar 2018 de mañana: Haynes no aparecerá por ningún lado. (*** 1/4)

Las horas más oscuras (Darkest Hour, EU, 2017), de Joe Wright. Un buen "cine de papá" centrado en los días de mayo de 1940 cuando Churchill se convierte en primer ministro para luego, enfrentando una rebelión dentro de su propio gabinete, terminar desechando toda posibilidad de paz con el gobierno de Hitler. Wright le echa toda la crema estilística que puede a sus muy convencionales y conocidos tacos, pero el platillo fílmico sabe muy bien. Gary Oldman ganará el Oscar 2018 a Mejor Actor. (**)

The Disaster Artist: Obra maestra (The Disaster Artist, EU, 2017), de James Franco. El más reciente largometraje del prolífico e inquieto (y últimamente apestado) James Franco es una suerte de "detrás de las cámaras" extendido de la dizque "peor película de la historia", The Room (2013), dirigida por el ineptísimo y megalomaniaco Tommy Wiseau. Como actor, Franco se apropió eficazmente de los tics del hombre-orquesta Wiseau, pero la comedia termina en el lado de la condescendencia y la pena ajena. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (-)

Amazona (Colombia, 2016), de Clare Weiskopf y Nicolás van Hemelryck. Val Meikle es la amazona del título y vive, además, en el Amazonas colombiano. Muchos años atrás dejó esposo e hijos y se fue a vivir a la selva, libre y sin ataduras. Ahora, su hija embarazada y cineasta Clare y el marido de esta, Nicolás van Hemelryck, van tras ella para... ¿para qué? ¿Para interrogarla? ¿Para condenarla? ¿Para tratar de entenderla? Algo por el estilo.
La hija viaja en el tiempo y, apoyada por imágenes y películas familiares, nos cuenta la historia de su madre, una jovencita aventurera que algún día dejó la Gran Bretaña para vivir en Colombia, se casó, tuvo hijos, se divorció, se casó en segundas nupcias, siempre viviendo como quiso, siempre siéndole fiel a un "instinto de supervivencia" que, acaso, la propia hija/cineasta heredó.
El documental es una interesante -aunque a veces repetitiva- reflexión sobre la maternidad y las obligaciones y demandas que plantea. Cierto momento clave resume el sentido del documental y de las elecciones que ha tomado Val a lo largo de su vida. Me refiero a la secuencia en la que vemos que la correosa anciana tiene a una gata que vive con ella en su casa de la selva. Cuando el felino acaba de parir, Val toma una de sus crías y se la da a una enorme víbora que vive en uno de los árboles cercanos. La imagen de la víbora deglutiendo el gatito es tan terrible como natural: la vida se apaga para unos, sigue para otros y hay que hacer lo que hay que hacer para seguir viviendo. (*)

domingo, 21 de enero de 2018

Todo lo demás



Todo lo demás (México, 2016), cuarto largometraje -primero de ficción- de la cineasta de origen sinaloense Natalia Almada (documentales Al otro lado/2005, El general/2009 y El velador/2011), fue presentada en Morelia 2016 en donde ganó una mención honorífica por su dirección y el premio a la Mejor Actriz, otorgado a Adriana Barraza.
Doña Flor (Adriana Barraza, en efecto, espléndida) es una burócrata que trabaja en el INE (en la película es el IME) tramitando la credencial para votar con fotografía. Seguimos la vida rutinaria de Doña Flor durante varios días, casi de forma inalterable: se levanta, se va al metro a su trabajo, se pinta los labios, se quita el exceso de carmín con un klínex, le hace las mismas preguntas a todos los ciudadanos, rechaza o no los papeles que le llevan, regresa a su casa en metro, le hace cariños a su única compañía -su gato Manuelito-, anota los nombres de las personas que atendió en algún libro por alguna razón desconocida, va a una alberca a ver a la gente nadar -ella, al parecer, le tiene fobia al agua-, cena alguna concha y se duerme... para levantarse al día siguiente y empezar todo de nuevo.
El catálogo del festival afirma que la cinta está inspirada en Hannah Arendt y su idea de que la burocracia es la peor forma de violencia. No dudo de esa inspiración -cada quien se inspira en lo que quiere, la verdad sea dicha-, pero es obvio que estamos ante una especie de versión nacional de la obra maestra de Chantal Akerman Jeanne Dielmann, 23, quai de commerce, 1080 Bruxelles (1975), solo que sin la contundencia de su desenlace. Es evidente que Almada quiere aburrir al respetable -como en su momento lo hizo concientemente Akerman- representando la vida vacía de esa mujer a la que no le pasa nada de nada, a no ser la muerte de su gato.
La fotografía de Lorenzo Hagerman es exquisita, Barraza está extraordinaria en un personaje que le demanda la mayor sutileza posible y el objetivo de Almada se cumple: uno se siente exasperado y aburrido hacia la primera parte del filme. El problema es que la cinta no pasa de ser un ejercicio de estilo que bien podría haber durado tres horas o cuarenta minutos: el loop vacío de la vida de Doña Flor seguramente se prolongará hasta el día que ella se jubile y, luego, muera. Un ejercicio estético notable, sin duda alguna, pero francamente estéril. 
Un último detalle: ¿y esa obsesión con los pies de la señora Barraza?: si no hay una decena de tomas de ellos, no hay ninguna.

viernes, 19 de enero de 2018

El evangelio del 2017... según ustedes/XVII



Contabilizados los 99 votos que se emitieron durante la última semana, las mejores cinco película estrenadas comercialmente en el 2017 en México fueron:


2. Dunkerque: 17 votos

3. Historia de fantasmas: 14 votos

4. La vida de Calabacín: 9 votos

5. Coco: 7 votos

Así es la democracia, gente. 


jueves, 18 de enero de 2018

Una mujer sin filtro



El primer taquillazo nacional del año -670 mil asistentes y 37 millones de pesos en su primer fin de semana- ha resultado ser Una mujer sin filtro (México, 2017), el más reciente largometraje del director televisivo y ocasional cineasta especializado en comedia Luis Eduardo Reyes (Amor letra por letra/2009, Qué pena tu vida/2016).
Estamos ante el remake mexicano de Sin filtro (2016), una exitosa cinta chilena escrita y dirigida por Nicolás López, quien se ha convertido en una figura clave del cine de nuestro país, pues el taquillazo nacional del año pasado, Hazlo como hombre (2017), fue dirigida por él y, de hecho, Qué pena tu vida, la cinta que dirigió Luis Eduardo Reyes hace un par de años, también fue un refrito de otra película chilena de López, llamada de igual forma y realizada en 2010.
Paz (en la película chilena, Pía) es una publicista de 36 años de edad que un malhadado día sufre una serie de pequeñas y grandes humillaciones que la hacen estallar, provocando que suelte de su ronco pecho todo lo que piensa de los que la rodean: su marido pintor abstraccionista y huevón (Alejandro Calva), su jefecito junior bueno-para-nada (Mariano Palacios), su vecino argentino fiestero (Ariel Levy), la babas muchachita millenial que la acaba de suplantar en el trabajo (Pamela Moreno), el viene-viene extorsionador (Daniel Sosa), el técnico del internet con todo y su contrato abusivo (Guillermo Villegas), su amiga que nunca la escucha (Sofía Niño de Rivera), su patética hermana adoradora de los gatos (Mara Escalante) y hasta su exnovio (Flavio Medina) que, aunque está a punto de casarse, todavía la ronda como el amigo buena-onda que la apapacha en toda ocasión.
La premisa es, sin duda, ingeniosa. La comedia parte de la idea de que es gracioso ver a un personaje actuar de una manera completamente distinta a la que está acostumbrado, tal como el abogado transa Jim Carrey no podía evitar decir la verdad en Mentiroso, mentiroso (Shadyacm 1997). Aquí, pues, se supone que resultará chistoso ver a la estoica y apacible Paz convertirse en un auténtico huracán, dispuesta a decirles sus verdades a todos.
El asunto es que, aunque Fernanda Castillo está muy bien como la encabronada Paz, el resto del reparto no está a la misma altura y, peor aún, el director Luis Eduardo Reyes no logra darle el ritmo adecuado a la comedia, un género que pide a gritos precisión corporal de parte de sus actores, un adecuado movimiento dentro del encuadre, un corte preciso para hacer conectar ideas o imágenes disparatadas. Nada hay de ello en la realización de Reyes, desprovista de la suficiente fuerza para que la comedia funcione como debería. Una lástima, porque el personaje y la actriz merecían otra suerte. 

martes, 16 de enero de 2018

Guadalajara 2018: Competencia oficial



El Festival de Guadalajara acaba de liberar la lista de las películas seleccionadas para su emisión número 33. Aclaración: el propio festival advirtió que en las próximas semanas se anunciarán otras cintas que se sumarán a la competencia oficial. 

Premio Mezcal – Mejor Película Mexicana
Ficción:
  • Cría puercos de Ehecatl García.
  • La incertidumbrede Haroldo Fajardo.
  • Juan y Vanesa de Ianis Guerrero.
  • Mente revólver de Alejandro Ramírez Corona.
  • Nadie sabrá nunca de Jesús Torres Torres.
  • Restos de viento de Jimena Fernanda Montemayor Loyo.
  • Tiempo compartido de Sebastián Hofmann.
  • Traición de Ignacio Ortiz.  
Documental:
  • Donde se quedan las cosas de Daniela Silva Solórzano.
  • Hermanos de Laura Plancarte.
  • Lejos del sentido de Olivia Luengas.
  • Mi hermano de Alana Simões.
  • Rita, el documental de Arturo Díaz Santana.
  • The Best Thing You Can Do with your life de Zita Erffa (Alemania, México).

Largometraje Iberoamericano de Ficción
  • Alanis de Anahí Berneri (Argentina).
  • Eugenia de Martín Boulocq (Bolivia).
  • Handia de Aitor Arregi y Jon Garaño (España).
  • Invisible de Pablo Giorgelli (Argentina).
  • La librería de Isabel Coixet (España – Cataluña, Reino Unido, Alemania).
  • Los gigantes no existen de Chema Rodríguez (Guatemala).
  • Matar a Jesús de Laura Mora Ortega (Colombia).
  • Nadie sabrá nunca de Jesús Torres Torres (México)
  • O filme da minha vida de Selton Mello (Brasil).
  • Tiempo compartido de Sebastián Hofmann (México)
  • Traición de Ignacio Ortiz (México)
  • Un traductor de Rodrigo Barriuso (Cuba, Canadá).
  • Violeta al fin de Hilda Hidalgo (Costa Rica, México).
  • Vivir y otras ficciones de Jo Sol (España - Cataluña).
  • Wiñaypacha de Oscar Catacora (Perú).
  • …Y de pronto el amanecer de Silvio Caiozzi (Chile).
  
Largometraje Documental Iberoamericano
  • Alberto García-Alix. La línea de sombra de Nicolás Combarro (España).
  • Aqualoucos de Victor Ribeiro (Brasil).
  • Casa de nadie de Ingrid Guardiola (España - Cataluña).
  • Cidades Fantasmas de Tyrell Spencer (Brasil).
  • Desde que bailas de Beatriz Osorno y Álvaro Torrelli (España - Cataluña).
  • Estado de Exceção de Jason O’Hara (Brasil).
  • Heredera del viento de Gloria Carrión Fonseca (Nicaragua, México).
  • La tía rica de Germán Ramírez (Colombia).
  • No viajaré escondida de Pablo Hernan Zubizarreta (Argentina).
  • Último año de Viviana Corvalán y Francisco Espinoza (Chile).
  • Yo no me llamo Rubén Blades de Abner Benaim (Argentina, Panamá).
  • The Best Thing You Can Do with your life de Zita Erffa (Alemania, México).
  • Lejos del sentido de Olivia Luengas.

Cortometraje Iberoamericano
  • 32-Rbit de Víctor Orozco Ramírez (México, Alemania). *Compite además por el Premio Rigo Mora
  • A Foreman de Daniel Drummond (Estados Unidos, Brasil).
  • A History of Sheep de Ezequiel Vega (Argentina).
  • Água Mole de Laura Gonçalves, Alexandra (Xá) Ramírez (Portugal).
  • Anderson de Rodrigo Meireles (Brasil).
  • The Back of My Mind de Luciano Podcaminsky (Argentina).
  • Boca de fogo de Luciano Pérez Fernández (Brasil).
  • Les bones nenes de Clara Roquet (España - Cataluña).
  • Cacharro de Anselmo Portillo (Venezuela).
  • El camino de los perros de Sebastián Cuevas (Chile).
  • Caronte de Luis Tinoco Pineda (España - Cataluña).
  • Censurado de Pedro Buson (Brasil).
  • Coffee Break de María Cristina Pérez González, Mauricio Cuervo Rincón (Colombia).
  • Desecho de Julio Ramos (Estados Unidos).
  • Diez minutos antes de Juan Carlos Vásquez (Colombia).
  • En la piel de Lucía de Mayra Hermosillo, Ángel de Guillermo (México).
  • El escarabajo al final de la calle de Joan Vives (España).
  • El futuro de Ernesto Martínez Bucio (México).
  • El hilo de Pietro Bulgarelli, Pablo Polanco (Chile, Costa Rica).
  • Gina de David “Diómedes” Heras (México).
  • Goyito campeón de Daniel Malvido y Diego Casillas (México).
  • Irma de Alejo Schettini, Germán Tejeira (Uruguay).
  • Madremonte de Jorge Navas (Colombia).
  • O espírito do bosque (El espíritu del bosque) de Carla Saavedra Brychcy (Brasil).
  • Primavera de Rafael Ruiz Espejo (México).
  • TAME de David Petch (México, Inglaterra).
  • Ulises de Jorge Malpica (México).
  • El último romántico de Natalia García Agraz (México).
  • Velvet de Paula Hopf (México).
  • Viva el rey de Luis Téllez (México).

lunes, 15 de enero de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado.../CCLXXVII



En la penumbra (Aus dem Nichts, Alemania-Francia, 2017), de Fatih Akin. La actriz alemana internacionalizada Diane Kruger -ganadora del premio a Mejor Actriz en Cannes 2017- interpreta a una mujer cuyo marido, de origen turco, y su hijito de seis años, mueren en un atentado terrorista ejecutado por una joven pareja matrimonial neonazi.
Los criminales son detenidos y durante la extensa segunda parte del filme -casi una hora- vemos el juicio de los supremacistas en un estilo visual cercano a cualquier telefilme gringo de juzgado. En la última parte, la más interesante, Kruger se transforma de mujer doliente a mujer de acción. 
Esto salva, hasta cierto punto, a la película de la ignominia total, pero debo decir que En la penumbra me gustó mucho cuando se llamó El vengador anónimo (Winner, 1974). Es cierto que Kruger está más guapa que Charles Bronson, lo acepto, pero a Bronson le creo más este tipo de papeles. (*)

La rueda de la maravilla (Wonder Wheel, EU, 2017), de Woody Allen. La cinta anual alleniana es una luminosa puesta en imágenes de una oscurísima historia en donde hay un triángulo amoroso tóxico en el centro argumental (galán intelectual, histérica mujer madura e hijastra joven e ingenua, ¿les recuerda algo?) mientras que, en la periferia, hay una fascinante subtrama sobre un compulsivo chamaco piromaniaco. La película debería haber sido nominada a varios premios, pero en este clima de linchamiento en contra de él, imposible. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

La forma del agua (The Shape of Water, EU-Canadá, 2017), de Guillermo del Toro. ¿La mejor película de Guillermo del Toro? No lo creo, pero sí es probable que sea la que le haga ganar el Oscar 2018 al tapatio. Mi crítica, in extenso, por acá. (***)

Abril y el mundo extraordinario (Avril et le monde truqué, Francia-Bélgica-Canadám, 2015), de Christian Desmares y Frank Ekinci. Sobre una novela gráfica del prestigiado autor francés Jacques Tardi, he aquí una entretenida y atractiva cinta animada de ciencia ficción especulativa -para ser específicos, del subgénero "steampunk"- en el que el mundo en el que vivimos nunca se desarrolló, pues un día antes de la guerra franco-prusiana de 1870, Napoleón III y su general Bazaine murieron en una explosión, por lo que esa guerra nunca inició. 
Sin embargo, a partir de ese momento, todos los científicos que cambiarían la faz de la tierra (Edison, Fermi, Einstein y demás) empezarían a desaparecer misteriosamente. La Abril del título, una audaz jovencita científica, su enamorado ladronzuelo Julius y un labioso gato parlanchín llamado Darwin se encargarán de resolver el misterio y, de pasada, de regresar al mundo a su vía correcta, pues en este pasado alternativo de los años 40 del siglo pasado no hay aviones ni electricidad y se ha adelantado la destrucción masiva de los bosques.
Los debutantes Desmares y Ekinci -el primero fue coordinador de animados en la superior Persépolis (Paronnaud y Satrapi, 2007) logran varias secuencias de acción de clara influencia spielbergiana -de hecho, a veces me parecía estar viendo algún tipo de homenaje a las aventuras de Indiana Jones- y el reparto vocal original (Marion Cotillard, Jean Rochefort, Olivier Gourmet) es de primer nivel.  (**)


Beach Rats: Ratas de playa (Beach Rats, EU, 2017), de Eliza Hittman. El segundo largometraje de la cineasta indie gringa Hittman (opera prima It Felt Like Love/2013, no vista por mí), ganadora a la Mejor Dirección en Sundance 2017, es un sólido melodrama de crecimiento y maduración juvenil beneficiado por una táctil y lírica fotografia en 16 mm. de Hélène Louvart y el impresionante debut en la pantalla grande del joven actor londinense Harris Dickinson.
Frankie (Dickinson) es un muchacho neoyorkino viviendo en Brooklyn con su madre (Kate Hodge), su hermanita menor y su padre agonizante de cáncer. Mientras espera lo que tiene que pasar -la muerte de su papá-, Frankie mata el tiempo pasando el rato en Coney Island con sus amigos sin oficio ni beneficio, noviando torpemente con la guapa jovencita Simone (Madeline Weinstein) y ligando homosexuales en algún sitio web, con quienes pasa alguna noche (en la playa, en un motel) y comparte alcohol y drogas.
Frankie no sabe lo que quiere o, acaso, sabe perfectamente lo que quiere pero no termina por aceptarlo. Pasa las noches con gays de mayor edad -en gran medida para no toparse con alguien que conozca a sus amigos- pero no desea renunciar a sus camaradas; no parece molestarle la compañía de Simone, pero es obvio que no disfruta el sexo con ella; no se ve a sí mismo como gay pero como uno de los tipos le recuerda, no tiene problema en tener encuentros sexuales con hombres. 
Este cúmulo de contradicciones es perfectamente encarnado por Dickinson, quien es capaz de interpretar lo mismo el deseo que el dolor, lo mismo la capacidad de seducción que la vergüenza, lo mismo la más conmovedora fragilidad que la confusión. Una pena que el trabajo de este jovencito haya pasado desapercibido en esta temporada de premios.  (**)

Una mujer sin filtro (México, 2017), de Luis Eduardo Reyes. El primero -espero que de muchos- de los taquillazos nacionales del 2018 es una comedia femenina en la que una amable mujer treintona a la que todo mundo trae como loro a toallazos decide soltar de su ronco pecho todo lo que trae reprimido, causando caos a su alrededor. La premisa es interesante y Fernanda Castillo es muy convincente, sobre todo en la segunda parte de la cinta, pero la ejecución de la comedia por parte del director Luis Eduardo Reyes es muy torpe. (-)

domingo, 14 de enero de 2018

En línea: Nocturama



Nunca exhibida comercialmente en México, pero disponible en Netflix desde fines del año pasado, Nocturama (Ídem, Francia-Alemania-Bélgica, 2016), octavo largometraje del prácticamente desconocido en México Bertrand Bonello (L’Apollonide/2011, Saint Laurent/2014), se estrenó en París en julio de 2016, unos meses después de los atentados terroristas de noviembre de 2015 ocurridos en la propia Ciudad Luz.
El dato es pertinente porque, aunque la película había sido terminada cuando sucedieron los atentados, lo cierto es que, por la forma y el fondo del filme, Nocturama terminó siendo mucho más provocadora de lo que, probablemente, habría pretendido Bonello.
La cinta está claramente dividida en dos partes. Inicia a las 14:07 de cierto día con el seguimiento de una decena de jóvenes –el más chico tendrá 15 años, el más viejo no más de 30- que preparan lo que en su momento veremos como varios atentados terroristas simultáneos: una bomba estalla en una torre comercial, otra en un edificio de gobierno, un banquero es asesinado en su propia casa, una estatua de Juana de Arco es incendiada...
En esta primera parte, la cámara de Léo Hinstin sigue con frialdad procedimental cada paso que dan estos muchachos mientras que la precisa edición sin crédito –supongo que del propio cineasta- juega con los tiempos y las acciones, de tal forma que la narración avanza, retrocede, se mueve de forma paralela mostrando desde distintas perspectivas los atentados o aparecen flashbacks claves sobre cómo se conocieron y cómo empezaron a planear sus actos criminales.
Cuando termina esta primera sección, que funciona como un espléndido thriller, vemos a los terroristas llegar a un enorme centro comercial en donde se refugiarán durante la noche, mientras ven por televisores las consecuencias de sus crímenes, se prueban ropa de las mejores marcas, comen y beben lo que desean, escuchan la música de su preferencia y hasta uno de ellos interpreta vía fonomímica, maquillado y bajando soberanamente por las escaleras, “My Way”, en la versión de Shirley Bassey.
Por supuesto, esta segunda parte es la que causa mayor escozor, pero por lo mismo, resulta ser la más fascinante de la cinta. Provocadoramente (¿e irresponsablemente?), Bonello despoja de toda ideología clara a los terroristas. Es obvio que los muchachos no forman parte de una organización islámica y, por lo demás, el grupo es lo más diverso posible: hombre y mujeres, magrebíes y blancos, alguno de clase alta, otro de estrato más popular, un par de hermanos, una pareja de novios…
La misma policía los identifica rápidamente como “enemigos del Estado”, no terroristas, lo que hace aún más confusa la posición: ¿por qué hicieron lo que hicieron?, ¿qué buscan obtener?, ¿la destrucción por la destrucción misma?, ¿son anarquistas hípsters-chic de última generación? El nihilismo que mueve a estos muchachos los convierte no en los revolucionarios que acaso quieren ser (pero, otra vez, ¿eso quieren ser?), sino en lamentables zombis que, como en el irrebatible clásico Dawn of the Dead (Romero, 1978), ante la destrucción del mundo en el que habitan/vegetan, no tienen otro universo existencial más que meterse a un mall.
La cinta termina como inicia, con otro despliegue procedimental que no describiré aquí, pero que, como toda la película, resulta ser fascinante y repelente a la vez. La forma y el fondo de Nocturama no se funden, sino chocan una con otro en un desenlace que nos niega toda tranquilidad posible.