lunes, 13 de noviembre de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLVIII



Somos lengua (México, 2016), de Kyzza Terrazas. Presentada en competencia en Morelia 2016 y luego nominada al Ariel 2017 en la categoría de Mejor Largometraje Documental, Somos lengua (México, 2016), segundo largometraje –primero documental- del productor y ocasional cineasta Kyzza Terrazas (meritoria opera prima El lenguaje de los machetes/2011), se ha estrenado, insólita pero justicieramente, en buena parte del país.
Estamos ante un vigoroso acercamiento al hip-hop mexicano a través de algunos de sus intérpretes en varias ciudades del centro, norte y occidente del país, desde la Ciudad de México hasta Monterrey y Guadalajara, pasando por Ecatepec, Aguascalientes, Torreón o Gómez Palacios. El montaje final, el del rapeo colectivo, fue una de las secuencias mejor montadas que vi el año pasado. De lo más logrado del cine nacional producido en el 2016, por lo menos desde esta trinchera. (** 1/2)

Los pasos de papá (Brad's Status, EU, 2017), de Mike White. El segundo largometraje del guionista y ocasional cineasta White es una sátira diríase chejoviana sobre un tipo de mediana edad (Ben Stiller) que acompaña a su hijo de 17 años a un tour universitario en Boston. El tipo en cuestión se ve a sí mismo como un auténtico fracaso, aunque no hay nada que señale que realmente lo es. Stiller nació para interpretar este tipo de papeles. Mi crítica en la sección Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (***)

Oso polar (México, 2017), de Marcelo Tobar. El tercer largometraje de Tobar ganó hace un par de semanas y con toda justicia el premio principal en Morelia 2017 y ya tiene su modesto pero merecido estreno comercial. ¿Se tratará de un récord en la historia del cine mexicano? ¿Del festival a la pantalla en unos días? Escribí de ella cuando se presentó en Morelia por acá. (* 3/4)

Manifesto (Ídem, Alemania, 2015), de Julian Rosefeldt. Esta curiosidad, dirigida por el artista plástico alemán Rosefeldt, inició como una instalación multi-pantalla que se presentó primero en el Centro Australiano de la Imagen en Movimiento para después ser exhibido en Nueva York. Hasta donde he leído, la citada instalación multi-pantalla consistía en la presencia de Cate Blanchett declamando -mejor dicho, interpretando y encarnando distintos personajes- una serie de manifiestos artísticos, todos ellos claves en la historia moderna, desde el Manifiesto del Partido Comunista hasta el famoso voto de castidad del grupo danés Dogma, liderado por Lars von Trier, pasando por el dadaísmo, el futurismo, el surrealismo o el arte conceptual.
Manifesto es, hasta donde entiendo, la edición de esa instalación artística. La película funciona intermitentemente gracias a la camaleónica presencia de Cate Blanchett, quien aparece dando variaciones de su rostro, su cuerpo y su voz  a 13 personajes (o 14, si contamos a una muñeca idéntica a ella) que interpretan medio centenar de manifiestos artísticos. Otra razón son los valores de producción: el diseño de producción de Erwin Prib en la creación de cada uno de los sets, la elegante cámara de Christoph Krauss, además del equipo encargado del maquillaje, el peinado y el vestuario de Blanchett, que ayuda a que la actriz australiana pueda transformarse en un ama de casa conservadora, en una coreógrafa rusa, en un rabioso homeless, en una profesora de kínder o en una conductora de noticiero -y su corresponsal.
Debo confesar que en varios de los 18 segmentos en los que está dividido el filme, dejé de poner atención a lo que decía Blanchett para concentrarme en su rostro, en su cuerpo, en su acento, en su manera de hablar. Es decir, los manifiestos en sí dejaron de importar ante la fuerza de Blanchett; los mejores episodios son aquellos en los que los manifiestos interpretados chocan con el personaje que los dice: la elegante viuda leyendo en el funeral los preceptos dadaístas o la maestra de kínder que muy amablemente les recita a un atento y bien portado grupo de infantes el voto de castidad del grupo Dogma.
En momentos como este, Manifesto trasciende su origen de instalación museográfica -o de examen rápido de clase de Arte, Cultura y Sociedad, módulo de manifiestos vanguardistas- gracias a la conjunción de discurso, escenario y actriz. Especialmente de actriz. (* 3/4)

Era el Hotel Cambridge (Era o Hotel Cambridge, Brasil-Francia-España, 2016), de Eliane Caffé. Un dinámico docudrama (los personajes se interpretan a sí mismo, lo que vemos sí sucedió, pero todo está reconstruido cinematográfico y dramáticamente) ubicado en el Hotel Cambridge del título, un ruinoso edificio público ubicado en el centro de Sao Paulo que ha sido invadido por inmigrantes provenientes de distintos sitios (del Congo, de Siria, de Palestina) y por gente sin hogar.
Doña Carmen, la lideresa del Frente de Lucha por la Vivienda, trata de organizar la vida en este edificio, mientras lucha porque las fuerzas del orden no los desalojen. En el interior, somos testigos de la vida de los refugiados y los sin hogar, sus sueños, sus deseos, sus fracasos y sus problemas de toda índole, incluyendo los amorosos (hay una relación casi fassbinderiana entre una madura excirquera y uno de los refugiados).
Estamos ante el producto de una docuficción que no solo le presta la voz a quienes menos la tienen sino que se atreve a cuestionarse a sí mismo, porque se supone que lo que estamos viendo es, en parte, producto de los propios habitantes del Hotel Cambridge y de los activistas que los apoyan, por más que a veces se antoje (a nosotros, a ellos mismos) que no hay mucho qué hacer, a no ser este documental militante ("Esta es una masturbación social. Estoy harto. ¿Dónde está el foco narrativo?", se queja alguien en algún momento). La película arrasó en Río 2016 (premio FIPRESCI a la Mejor Película Brasileña, Premio del Público y Mejor Edición). (**)

martes, 7 de noviembre de 2017

Thor: Ragnarok


-"Ya grita 'corte', Taika, que me está ganando la risa..."



Hacia la mitad de Thor: Ragnarok (Ídem, EU, 2017), el más reciente largometraje de la interminable saga del Universo Cinematográfico de la Marvel, la muchacha que se encontraba sentada a mi lado en el cine le comentó a su novio, en tono dubitativo: “¿Está muy cómica, no?”. No escuché qué le contestó el novio pero la apreciación de la joven era la correcta: la tercera aventura fílmica del dios nórdico del trueno es, en efecto, muy cómica. Yo agregaría, además, que lograda y afortunadamente cómica.
            Es cierto que desde sus inicios, con las películas de Iron Man, todas las aventuras de la Casa Marvel poseen, en mayor o en menor medida, ciertos rasgos de comedia, pero también es cierto que en ninguna cinta anterior había fluido el humor de manera tan natural como en este filme dirigido por el ascendente cineasta neozelandés Taika Waititi (hilarante Entrevista con unos vampiros/2014).
            Waititi y sus guionistas Eric Pearson, Craig Kyle y Christopher Yost no rehúyen sus obligaciones dentro del Universo Marvel. De hecho, la premisa de Thor: Ragnarok no podía ser más convencionalmente marveliana: el mundo de Thor (o sea, Asgard) es amenazado, primero por cierto enorme dios del fuego y, después, por la ronroneante dominatrix Hela (Cate Blanchett ganándose la papa dignamente), la hermana mayor de Thor y, por añadidura, diosa de la muerte.
            Sin embargo, lo que les interesa a Waititi y a sus tres guionistas no es la inminente destrucción del hogar de Thor y de su reaparecido hermano adoptivo Loki (Tom Hiddleston), sino lo que sucede en los intersticios de la historia, repleta de innumerables digresiones cómicas bien interpretadas por un grupo de inspirados actores echando relajo.
            Así, el forzudo Chris Hemsworth sigue con su concienzudo esfuerzo de burlarse de sí mismo y de su propio atractivo viril (la escena con el Dr. Strange/Benedict Cumberbatch en la que parece el torpe Inspector Clouseau de Peter Sellers, el encuentro con la Valkiria Tessa Thompson en el que se comporta como un adolescente inseguro), Cate Blanchett suelta varias líneas en tono montypythonesco (“Los ejecutores no solo ejecutan gente, también ejecutan ideas… Bueno, en realidad, la mayoría de las veces nomás matan gente”), Jeff Goldblum se roba cada escena en la que aparece en su papel de villano decadente como de cinta sicodélica de los 60/70 y el propio director Waititi interpreta –captura de movimiento de por medio- a un pobre monstruo hecho de piedra que dirigió una rebelión fallida (“No imprimí los suficientes panfletos”).
            De hecho, la estructura narrativa de la película es la de una comedia, en concreto, la de un buddy-movie clásica en la que, por intervalos, acompañan a Thor en sus aventuras su hermano oveja-negra Loki, el “compa del trabajo” Hulk y su alter ego (¿o es al revés?), el Dr. Bruce Banner (Mark Ruffalo, ligerito).
El resultado es no solo la mejor comedia que ha hecho la casa Marvel hasta el momento sino, por supuesto, la película que mejor funciona como tal –como película en sí, no como mero episodio de lo que vendrá después- y, además, la cinta visualmente más atractiva de todas las que se han realizado, gracias a la colorida fotografía de Javier Aguirresarobe y al imaginativo diseño de producción de Dan Hennnah y Ra Vincent.
No diré que deseo que la Casa Marvel vuelva a contratar a Waititi para la siguiente entrega de Thor; más bien deseo que este inobjetable triunfo del cineasta neozelandés le sirva para levantar más fácilmente sus siguientes proyectos personales. Una película de hombres-lobos, por ejemplo.

lunes, 6 de noviembre de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLVII




Thor: Ragnarok (Íden, EU, 2017), de Taika Waititi. La más reciente cinta de la interminable saga del Marvel Cinematic Universe funciona muy bien como película en sí misma, independientemente del lugar qué ocupará en las siguientes entregas de los Avengers. Se trata de una muy lograda comedia en sus distintas fórmulas (slapstick, buddy-movie, montypythonesca), bien interpretada por un buen grupo de actores echando relajo. La vis cómica de Chris Hemsworth, para variar, impecable. Pero esto no es novedad. Mi crítica in extenso mañana aquí en el blog. (** 1/2)

Un amor inseparable (The Big Sick, EU, 2017), de Michael Showalter. Un aprendiz de comediante judío que vive en Nueva York se enamora perdidamente de una WASP que proviene de una cultura muy distinta a la de él. Cámbiele lo de judío por musulmán y Nueva York por Chicago y Un amor inseparable parece, a bote pronto, una suerte de re-elaboración con final feliz de Dos extraños amantes (Allen, 1977). En efecto, la influencia alleniana está omnipresente en esta comedia romántica, por más que esté basada en la verdadera historia de amor del protagonista Kumail Nanjiani y su coguionista y esposa Emily V. Gordon. Holly Hunter se roba la película en cuanto aparece. Mi crítica en la sección Primera Fila del diario Reforma del viernes pasado. (***)

Amantes (The Lovers, EU, 2017), de Azazel Jacobs. Michael y Mary (Tracy Letts y Debra Winger) son un matrimonio maduro que, en el mejor de los días, comparten una vida en común que se parece mucho a la de unos compañeros de cuarto. Tienen un hijo universitario (Tyler Ross) que vendrá a visitarlos en unos días con su guapa novia (Jessica Sula), pero lo que los tiene realmente ocupados son sus respectivos amantes: Michael tiene un affaire con una histérica maestra de ballet (Melora Walters) mientras que Mary tiene como amante a un egocéntrico escritor (Aidan Gillen). Los dos, Michael y Mary están esperando la visita del hijo para anunciarle que, por fin, después de una larga vida de insatisfacciones, infidelidades y pleitos, están listos para separarse de una vez por todas.
El cineasta/guionista independiente Jacobs ha creado una muy interesante comedia romántica que parte de una premisa clásica si las hay -las re-marriage comedies de los años 30/40-, protagonizada por una brillante pareja de intérpretes (una reaparecida Debra Winger, el dramaturgo vuelto actor Tracy Letts) y acompañada por la desatada partitura romántica de Many Hoffman que sigue los ires y venires amorosos/infieles de Michael y Mary como si se tratara de los protagonistas de la nueva adaptación de Cumbres borrascosas. El resultado es un filme divertido que satiriza las tonterías de sus personajes pero que nos las condena, porque se trata de tonterías, ay, tan humanas.  (**)

Alba (Ecuador-México-Grecia, 2016), de Ana Cristina Barragán. El cine ecuatoriano es prácticamente desconocido fuera de las fronteras de su país, pero el "exotismo" de su origen no es razón para ver esta opera prima de la cineasta Ana Cristina Barragán.
Estamos ante una meritoria película de crecimiento infantil centrada en la Alba del título (Macarena Arias), un niña de 11 once años de edad que vive con su madre enferma y tirada en cama (Amaia Merino). Cuando la mamá tenga que ser trasladada a un hospital, Alba se irá a vivir con su papá Igor (Pablo Aguirre Andrade), a quien nunca ha tratado de cerca.
El guion escrito por la propia cineasta Barragán sigue una estructura previsible -la adaptación de Alba a su nuevo hogar, la dolorosa entrada a la adolescencia, sus problemas de pertenencia con sus compañeritos de la escuela- pero la sensibilidad de la directora es notable, la niñita Arias está sensacional y la propia historia rehuye con inteligencia todo momentos sentimentaloide. Un promisorio inicio en el largometraje para la ecuatoriana Barragán. (*)

lunes, 30 de octubre de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLV y CCLVI



Dos por uno porque la semana pasada estuve algo entretenido en Morelia 2017. Así, pues, he aquí los estrenos revisados de los últimos dos fines de semana:

Pacífico (México, 2016), de Fernanda Romandía. La opera prima como cineasta de la productora Fernanda Romandía fue presentada sin pena ni gloria en Morelia 2016. La cinta fue realizada en las costas de Oaxaca sobre la marcha, sin un guion escrito de antemano y eso se nota. La cámara, manejada por la propia cineasta en colaboración con Pedro González-Rubio y Joaquín del Paso, capta en tomas fijas a Oriente, un albañil y poeta que repite cual mantra "De altos espíritus es apreciar las cosas altas"; a Diego, otro albañil que trabaja en la misma construcción que Oriente; y a Coral, una niña, ahijada de Diego, que deambula por los escenarios y frente a una cámara exasperantemente estática. Un ejercicio de slow-movie no exento de interés -gracias a los actores no profesionales que encarnan versiones de sí mismos-, pero anegado de deficiencias conceptuales. (-)

La habitación (México, 2016), de Natalia Beristáin, Carlos Bolado, Carlos Carrera, Ernesto Contreras, Daniel Giménez Cacho, Alfonso Pineda Ulloa, Alejandro Valle e Iván Ávila Dueñas. Un omnibus-film ubicado en un departamento chilango a lo largo de un siglo. Como suele suceder con este tipo de ejercicios, el resultado es muy disparejo. Los mejores episodios, los dirigidos por Carlos Carrera y Ernesto Contreras que, de hecho, son lo que están más íntimamente conectados. Mi crítica en la sección Primera Fila de Reforma del viernes 20 de octubre. (*)

Una paloma reflexiona sobre la existencia desde la rama de un árbol (En duva satt pa en gren och funderade pa tillvaron, Suecia-Alemania-Noruega-Dinamarca-Francia, 2014), de Roy Andersson. La ganadora del León de Oro en Venecia 2014 llega finalmente a las salas de los circuitos culturales después de su paso por la Muestra Internacional de Cine del 2015. Se trata de la última parte de una trilogía realizada por Andersson sobre "lo que significa ser un ser humano", después de Canciones del segundo piso (2000) y Tú que estás vivo (2009). 
El asunto es que si no se han visto las dos primeras cintas, Una paloma... puede resultar una auténtica novedad: una cinta construida con una serie de impávidos sketches con una puesta en imágenes digna de Jacques Tati y un humor absurdo que se mueve entre el surrealismo. el dadaísmo y el simple slapstick. El problema es que un servidor ya ha visto las dos cintas anteriores y esta tercera permutación resulta francamente redundante. Igual, el jurado de Venecia 2014 pensó diferente. Yo qué sé. (* 3/4)

Muchachas (México, 2015), de Juliana Fanjul. Un notable documental centrado en la vida de tres criadas, Remedios Gálvez Gálvez "mi Reme", Guadalupe Liras Robles "Lupita" y Dolores Pérez Díaz "Señora Dolores", quienes han pasado buena parte de su vida sirviendo en las casas de sus patrones que puede que sean "como hermanos" pero que, eso sí, nunca se sentaron a comer juntos. Es obvio que el tema es muy personal para la cineasta, "Juli", quien en algún momento confiesa que en su infancia pasó más tiempo con su nana que con su verdadera madre. A través de la observación respetuosa y de la confesión abierta de estas tres mujeres, se entrega un retrato tan complejo como justo de las divisiones de clases y hasta de castas en nuestro país. Una opera prima documental más que meritoria. (**)

Coco (Íde, EU, 2017), de Lee Unkrich y Adrian Molina. La película inaugural del pasado festival de Morelia está lejos de encajar en la lista de lo mejor de Pixar, pero con todo y que se ha aventurado en terrenos bien conocidos, al estudio de la lamparita le alcanza para entregarnos un espectáculo visual apabullante y un desenlace genuinamente conmovedor. Puntos extras por burlarse de cierto icono de la cultura nacional de exportación. Mi crítica en la sección Primera Fila de Reforma del viernes pasado. (***)

domingo, 29 de octubre de 2017

Morelia 2017... en un vistazo



Hoy finalizó Morelia 2017 y acá abajo está la lista de todo lo que vi programado en el festival, en orden de preferencia y, para ayudar al lector, en dos categorías, largo y cortometraje. ¿Significado de estrellitas, crucecitas y demás simbolitos? A la derecha, si es usted tan amable. 

LARGOMETRAJES

Nelyubov (Rusia-Francia, 2017), de Andrey Zvyagintsev. Estrenos internacionales. (*** 1/2)

Visages Villages (Francia, 2017), de Agnès Varda y JR. Estrenos internacionales. (*** 1/4)

Wonder Wheel (EU, 2017), de Woody Allen. Estrenos internacionales. (***)

La libertad del diablo (México, 2017), de Everardo González. Funciones especiales. Mi crítica in extenso por acá. (***)

Good Time: Viviendo al límite (Good Time, EU, 2017), de Benny y Josh Safdie. Estrenos internacionales. (***)

Un beau soleil interieur (Francia, 2017), de Claire Denis. Estrenos internacionales. (***)

Coco (Ídem, EU, 2017), de Lee Unkrich y Adrian Molina. Película inaugural. Mi crítica en Reforma. (***)

Loving Vincent (GB-Polonia, 2017), de Dorota Kobiela y Hugh Welchman. Estrenos internacionales. (** 1/2)

Toivon tuolla puolen (Finlandia-Alemania, 2016), de Aki Kaurismäki. Estrenos internacionales. (** 1/2)

Verano 1993 (Estiu 1993, España, 2017), de Carla Simón. Estrenos internacionales. (** 1/2)

Los perros (Chile-Francia, 2017), de Marcela Said. Semana de la crítica. (** 1/2)

Chavela (Ídem, EU, 2017), de Catherine Gund y Daresha Kyi. Estrenos internacionales. (** 1/2)

The Killing of a Sacred Deer (GB-Irlanda, 2017), de Yorgos Lanthimos. Estrenos internacionales. (**)

Happy End (Francia-Austria-Alemania, 2017), de Michael Haneke. Estrenos internacionales. (**)

La familia (Venezuela-Chile-Noruega, 2017), de Gustavo Rondón Córdova. Semana de la crítica. (**)

El vendedor de orquídeas (México-Venezuela, 2016), de Lorenzo Vigas. Documental mexicano. (**)

Oso polar (México, 2017), de Marcelo Tobar. Largometraje mexicano. (* 3/4)

Sinvivir (México, 2017), de Anaïs Pareto Onghena. Largometraje mexicano. (* 3/4).

Guerrero (México, 2017), de Ludovic Bonleux. Documental mexicano. (* 3/4)

Siempre andamos caminando (México, 2017), de Dinazar Urbina Mata. Documental mexicano. (* 3/4)

Sueño en otro idioma (México, 2017), de Ernesto Contreras. Presentación especial Sundance. (* 1/2)

Rush Hour (México, 2017), de Luciana Kaplan. Documental mexicano. (* 1/2)

Takeda (México, 2017), de Yaasib Vázquez. Documental mexicano. (* 1/2)

Los ojos del mar (México-Alemania, 2016), de José Álvarez. Documental mexicano. (*)

Witkin y Witkin (México, 2017), de Trisha Ziff. Documental mexicano. (*)

Bosque de niebla (México, 2017), de Mónica Álvarez Franco. Documental mexicano. (*)

En la penumbra (Aus dem Nichts, Alemania-Francia, 2017), de Fatih Akin. Estrenos internacionales. (*)

Cuadros en la oscuridad (México-Argentina-Alemania, 2017), de Paula Markovitch. Largometraje mexicano. (-)

Casa Caracol (México, 2017), de Jean-Marc Rousseau Ruiz. Largometraje mexicano. (-)

Omar y Gloria (México, 2017), de Jimmy Cohen. Documental mexicano. (+)




CORTOMETRAJES

Amor, nuestra prisión (México, 2016; 6 minutos), de Carolina Corral. Cortometraje mexicano de animación. (** 1/2)

Mamartuile (México, 2017; 13 minutos), de Alejandro Saevich. Cortometraje mexicano de ficción. (** 1/2)

Otras personas (México, 2017; 40 minutos), de Raúl Sebastián Quintanilla. Cortometraje mexicano de ficción. (** 1/2)

Cerulia (México, 2017; 13 minutos), de Sofia Carrillo. Cortometraje mexicano de animación. (**)

Última estación (México, 2017; 6 minutos), de Héctor Dávila Cabrera. Cortometraje mexicano de animación. (**)

Horas roca (México, 2017; 22 minutos), de Sandra Reynoso. Cortometraje mexicano de ficción. (**)

La sombra de un dios (México, 2017; 21 minutos), de Bernhard Hetzenauer. Cortometraje mexicano documental. (**)

Oasis (México, 2017; 16 minutos), de Alejandro Zuno. Cortometraje mexicano de ficción. (**)

Los ausentes (México, 2017; 17 minutos), de José Lomas. Cortometraje mexicano de ficción. (**)

Ensueño en la pradera (México, 2017; 16 minutos), de Esteban Arrangoiz. Cortometraje mexicano documental. (**)

Memorias del table dance (México, 2016; 11 minutos), de Silvana Lázaro. Cortometraje mexicano documental. (**)

Bzzz (México, 2017; 4 minutos), de Anna Cetti y Güicho Núñez. Cortometraje mexicano de animación. (**)

Après les cendres (México, 2016; 28 minutos), de Eduardo Sosa. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

La casa de Beatriz (México, 2017; 16 minutos), de Suzanne Andrews Correa. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

Lo dulce de la vida (México, 2017; 11 minutos), de Horacio Romo. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

Encarnación (México, 2017; 14 minutos), de Ricardo Castro. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

Evaporado (México, 2017; 15 minutos), de Jimena Muhlia. Cortometraje mexicano de ficción (* 1/2)

Cielo (México, 2017; 12 minutos), de Miguel Anaya. Cortometraje mexicano de animación. (* 1/2)

Lo que no se dice bajo el sol (México, 2017; 15 minutos), de Eduardo Esquivel. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

Sinfonía de un mar triste (México, 2017; 12 minutos), de Carlos Morales. Cortometraje mexicano documental. (* 1/2)

Collage (México, 2016; 4 minutos), de Eduardo Altamirano. Cortometraje mexicano de animación. (* 1/2)

Aguas tranquilas, aguas profundas (México, 2017; 19 minutos), de Miguel Labastida. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

No pases por San Bernandino (México, 2017; 20 minutos), de Hugo Magaña. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

Escuchando el silencio (México, 2017; 12 minutos), de Roberto Vignau. Cortometraje mexicano de ficción. (* 1/2)

Rino (México, 2016; 8 minutos), de Ricardo Herrera. Cortometraje mexicano de animación. (*)

Tecuani, hombre jaguar (México, 2017; 9 minutos), de Isis Ahumada y Nelson Aldape. Cortometraje mexicano documental. (*)

Relato familiar (México, 2017; 20 minutos), de Sumié García. Cortometraje mexicano documental. (*)

Nkwí Nayá Tonko: Compromiso de palabra (México, 2016), de Ismael Vázquez. Cortometraje mexicano documental. (*)

La proporción aura (México, 2017; 13 minutos), de Mariano Murgía. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

Los desterrados hijos de Eva (México, 2017; 17 minutos), de Omar Robles. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

Montañistas (México, 2016; 22 minutos), de Romy Tatiana Graullera Espinoza. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

My soul is old (México, 2017; 19 minutos), de Claudia González-Rubio. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

El abismo (México, 2017; 27 minutos), de Miguel Ángel Sánchez. Cortometraje mexicano de ficción (*)

Merma (México, 2017; 18 minutos), de Enrique Aguilar Jansonius. Cortometraje mexicano de ficción (*)

Loving South (México, 2016), de Oliver Rendón. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

Sarro (México, 2017; 11 minutos), de Paul Coronel. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

El presente (México, 2017; 8 minutos), de Carlos Hagerman. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

Quedan los días (México, 2017; 25 minutos), de Ilana Coleman. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

Vuelve a mí (México, 2017; 20 minutos), de Daniel Nájera. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

Exequia (México, 2017; 15 minutos), de Emilia Michel. Cortometraje mexicano de ficción. (*)

Algo extraño sucedió camino a la morgue (México, 2017; 19 minutos), de Ricardo Silva. Cortometraje mexicano documental. (*)

Nos faltan (México, 2016; 4 minutos), de Lucía Gajá y Emilio Ramos. Cortometraje mexicano de animación. (*)

Tierra de brujas, mar de sirenas (México, 2016; 10 minutos), de Delia Luna Couturier. Cortometraje mexicano documental. (*)

Intermitencias del sueño (México, 2017; 17 minutos), de Sofía Landgrave. Cortometraje mexicano documental. (*)

Modelado (México, 2017; 13 minutos), de Christian Hernández. Cortometraje mexicano de ficción. (-)

V El artificio (México, 2017; 3 minutos), de Andrea Robles Jiménez. Cortometraje mexicano de animación. (-)

Fou! (México, 2017; 4 minutos), de Nuria Menchaca. Cortometraje mexicano de animación. (-)

Albina (México, 2016; 6 minutos), de Pablo Ortiz. Cortometraje mexicano de ficción. (-)

'Los (México, 2017; 8 minutos), de Alfonso Herrera. Cortometraje mexicano de ficción. (-)

Jager (México, 2017; 6 minutos), de Manuel Ortiz Hunger. Cortometraje mexicano de animación. (-)

Poliangular (México, 2017; 8 minutos), de Alexandra Castellanos. Cortometraje mexicano de animación. (-)

Peñas (México, 2017; 25 minutos), de Sheila Altamirano. Cortometraje mexicano de ficción (-)

Hermano (México, 2017; 19 minutos), de David Zonana. Cortometraje mexicano de ficción (-)

Cangrejo ermitaño (México, 2017; 12  minutos), de Alejandro Ramírez Collado. Cortometraje mexicano de ficción. (+)

El problema de las estrellas binarias (México, 2016; 13 minutos), de Juan Villar. Cortometraje mexicano de ficción. (+)

Playa (México, 2017; 13 minutos), de Francisco Borrajo. Cortometraje mexicano de animación: (+)

Todo sigue tranquilo (México, 2017; 16 minutos), de Gastón Andrade. Cortometraje mexicano documental. (+)

Nuestros mejores días (México, 2017; 19 minutos), de Nicolás Torres. Cortometraje mexicano de ficción. (+)

Resplandece (México, 2017; 26 minutos), de Clemente Castor. Cortometraje mexicano de ficción. (+)

sábado, 28 de octubre de 2017

Morelia 2017: Ganadores/VII y última



Hoy por la noche se dieron a conocer los ganadores de Morelia 2017 en las distintas categorías. Los triunfadores son: 


LARGOMETRAJE MEXICANO
  • Largometraje Mexicano: Oso polar, de Marcelo Tobar
  • Primer o Segundo Largometraje Mexicano: Ayer maravilla fui, de Gabriel Mariño
  • Premio del Público a Largometraje Mexicano: Los adioses, de Natalia Beristain
  • Guerrero de la Prensa Largometraje Mexicano: The drawer boy, de Arturo Pérez
  • Mejor Actriz Largometraje Mexicano: Sonia Franco por Ayer maravilla fui
  • Mejor Actor Largometraje Mexicano: Pedro Hernández por Sinvivir

DOCUMENTAL MEXICANO
  • Largometraje Documental Mexicano: Rush hour, de Luciana Kaplan
  • Guerrero de la Prensa Largometraje Documental Mexicano, Premio Especial AMBULANTE:Potentiae, de Javier Toscano
  • Mejor Documental Realizado por una Mujer: No sucumbió la eternidad, de Daniela Rea
  • Premio del Público Largometraje Documental Mexicano: Regreso al origen, de María José Glender

CORTOMETRAJE MEXICANO
  • Cortometraje de Ficción: Vuelve a mí, de Daniel Nájera
  • Cortometraje de Animación: Cerulia, de Sofía Carrillo
  • Cortometraje Documental: Relato familiar, de Sumie García
  • Premio del Público Programa de Diversidad Sexual: Dos ballenas, de Diego Cruz
  • Cortometraje en Línea: La proporción Aura, de Mariano Murguía
  • Premio Especial Renta Imagen: Los ausentes, de José Lomas

SECCIÓN MICHOACANA
  • Mejor Trabajo: La palabra de la cueva, de María Sosa, Jorge Scobell y Noé Martínez

Algunas líneas a bote pronto: como lo anoté antes, no pude ver la competencia de largometraje completa (ni la de ficción ni la documental), pero el consenso crítico el miércoles -día en el que salí de Morelia- era que se trataba de la competencia más floja en años. De hecho, varios de mis colegas que habían visto ya toda la competencia de ficción me comentaron que yéndome el miércoles no me perdía de nada: la cinta más interesante de la competencia oficial era Oso polar, que ya había visto y que, al final de cuentas, fue la que ganó.
En cuanto a documental no hubo tal consenso -o, por lo menos, yo no me enteré- pero la cinta ganadora, Rush Hour, me parece una obra menor comparada con películas documentales del año pasado como Tempestad o Bellas de noche, ya ni se diga con la obra maestra de Everardo González La libertad del diablo, presentada en Guadalajara 2017.
En todo caso, más allá de la poco satisfactoria competencia oficial, el quinceañero festival de Morelia demostró su fuerza como el festival de festivales de México a través de una riquísima programación que nos obligaba a tomar decisiones difíciles: ver esta cinta europea ganadora en Venecia o ver esta otra película latinoamericana exhibida en Cannes o ver aquel filme nacional que nunca se ha revisado en pantalla grande o, a veces, quedarse en algún café a platicar con los colegas y amigos que hacen más llevaderos aún los días en Morelia. ¡Larga vida al festival!

viernes, 27 de octubre de 2017

Morelia 2017: cortometrajes/VI



Aunque no pude ver toda la competencia oficial de largometraje de ficción (vi cuatro de siete cintas programadas) ni de largometraje documental (vi nueve de las quince elegidas), la realidad es que el consenso crítico coincide con mi incompleta percepción anotada aquí hace unos días: el quinceañero festival de Morelia tuvo una de sus competencias más flojas de los últimos años.
Todo lo contrario a lo que sucedió en el terreno del cortometraje en el que, ahí sí, pude ver todos y cada uno de los filmes: los 12 animados, los 12 documentales y los 36 de ficción. O sea, 60 películas cuyas duraciones fluctuaron entre los 4 y los 40 minutos y con muy disparejos resultados, pues abundaron los correctos ejercicios narrativos escolares, no faltaron algunas exploraciones (dizque) poéticas y varios experimentos bastante fallidos. 
Sin embargo, también hubo tres cortos (uno animados, dos de ficción) que son de lo mejor del cine nacional que he visto en el año y otros nueve cortometrajes (tres animados, tres documentales y tres de ficción) bastante sólidos, y como sigue:
El trío de ases del cortometraje en competencia está formado por Amor, nuestra prisión (México, 2017; 6 minutos), de Carolina Corral; Mamartuile (México, 2017; 13 minutos), de Alejandro Saevich; y Otras personas (México, 2017; 40 minutos), de Raúl Sebastián Quintanilla. 
En el primer caso, se trata de una inventiva cinta animada-documental que recoge los testimonios de cinco presas usando distintas técnicas de animación para proponer la más libertaria y humana de las ideas: el amor como la más absoluta forma de libertad. Genuinamente conmovedor.
En el segundo, estamos ante una excéntrica sátira política realizada con una seguridad pasmosa: cuando faltan seis meses para entregar el poder, el Presidente de la República (el músico Jacobo Lieberman, perfecto) recibe una mala noticia de parte de su secretario particular (José María Yazpik) provocada por cierta decisión de algún lejano país recién formado (el Mamartuile del título) que puede llevar a México a un conflicto internacional. No diré de qué se trata el asunto -la premisa y cómo se ejecuta es parte del placer que ofrece el filme- pero sí puedo afirmar que Saevich tiene un ojo privilegiado para la comedia del absurdo -ah, y que Lieberman, además de actuar, baila bien. O, bueno, digamos que por lo menos baila.
En cuanto a Otras personas, se trata de un mediometraje que nos remite tanto al cine de Woody Allen como al espíritu romántico de la obra maestra de Wong. Fernando (Fernando Álvarez Rebeil) acaba de cortar una problemática relación con Sandra (Sofía Espinosa, en cameo) pero, nomás para dizque provocarle celos, empieza a salir con su amiga de la prepa Ana (encantadora Ximena Romo), fingiendo los dos que están mutuamente enamorados. El asunto es que, ya lo sabemos desde Deseando amar (Wong, 2000), este tipo de jueguitos suelen ser peligrosos. El egresado del CCC Quintanilla demuestra ser un magnífico director de actores y la cámara en blanco y negro de Odei Zavaleta es ejemplar por su elegancia y funcionalidad.
Apunté que hubo otros nueve cortometrajes notables, tres de ellos animados: Cerulia (México, 2017; 13 minutos), de la especialista en stop-motion Sofía Carrillo, sobre una mujer que visita la casa de su niñez; Última estación (México, 2017; 6 minutos), un corto fantástico de Héctor Dávila Cabrera que coquetea con la inquietante premisa de la novela Bajo la piel, de Michael Farber; y Bzzz (México, 2017; 4 minutos), de Guicho Núñez y Anna Cetti, sobre una niña que sabe de la importancia de las abejas. 
Tres documentales: La sombra de un dios (México, 2017; 21 minutos), de Bernard Hetzenauer, que inicia en el terreno de la exploración étnica-cultural para terminar en el universo de la nota roja; Ensueño en la pradera (México, 2017; 16 minutos), de Esteban Arrangoiz, sobre la violencia que acecha en la más aparentemente idílica comunidad rural de nuestro país; y Memorias del table dance (México, 2016; 11 minutos), construido con una serie de testimonios de trabajadoras del conocido baile sicalíptico. 
Y, finalmente, otros tres cortos de ficción dignos de mencionarse (y verse, claro): Horas roca (México, 2017; 22 minutos), de Sandra Reyes, centrado en la relación de un padre (¡otra vez Jacobo Lieberman y en otro registro, revelación actoral de Morelia 2017!) y una hija adolescente a la que hace tiempo que no ve; Oasis (México, 2017; 16 minutos), de Alejandro Zuno, sobre una mujer (Norma Pablo) que va a buscar a su marido gay enclosetado a la cantina gay del título y termina haciendo migas con una prostituta transgénero (la carismática y siempre bienvenida Morganna Love); y Los ausentes (México, 2017; 17 minutos), de José Lomas, realizado en blanco y negro, encantador corto sobre un trío de niños cantantes que son contratados para ir a amenizar un velorio, pero solo tienen tres canciones en su haber.
En suma, doce cintas mexicanas que merecen atención. Esperemos que pronto estén disponibles en la red.