Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXIV



El irlandés (The Irishman, EU, 2019), de Martin Scorsese. Presentada en Los Cabos 2019 y estrenada en salas independientes de todo el país, he aquí lo que puede ser la despedida de Scorsese del cine de gangsters. Mi crítica, acá.

Contra lo imposible (Ford v. Ferrari, EU-Francia, 2019), de James Mangold. La más reciente película del buen artesano Mangold es una película de carritos de la cual escribí la crítica por acá.

Los muertos no mueren (Dead Don't Die, EU-Suecia, 2019), de James Jarmusch. Mi crítica de la más reciente película de Jim Jarmusch, por aquí.

Tiempo sin pulso (México, 2016), de Barbara Ochoa Castañeda. La opera prima de la egresada del CCC Ochoa Castañeda, un discreto melodrama de crecimiento juvenil, se presentó en Morelia 2016 y, finalmente, llega a la cartelera aunque con más de tres de años de retraso.
Bruno (Andrés Lupone) es un adolescente triste que se la lleva tristeando. Está a punto de cumplir 19 años y no sabe qué hacer con su vida: se da de baja en la universidad, su vida en familia es tirante pues su mamá (Carmen Beato) vive en perpetua depresión desde la muerte del hijo mayor, es hora que no pierde la virginidad y, peor tantito, su antigua novia ha regresado a México y él no se anima a pasar de la primera base.  El asunto es que Bruno tiene un complejo de culpa que viene arrastrando desde hace dos años, cuando murió su hermano Esteban, y es hora que no puede solucionarlo.
La película está impecablemente realizada -hay que hacer notar la fotografía de Sebastián Hiriart- pero la historia escrita por la propia cineasta es, en el mejor de los casos, estéril. Al final de cuentas, resulta que lo que necesitaba Bruno para que se le quitara lo triste es coger. Una buena y muy práctica lección de vida, sin duda alguna.

El guardián de la memoria (México, 2019), de Marcela Arteaga. El tardío segundo largometraje de Marcela Arteaga (meritoria opera prima Recuerdos/2003), ganador del premio a Mejor Documental en Morelia 2019, está centrado en las consecuencias que ha tenido la fallida guerra contra el narco iniciada por Calderón en el Valle de Juárez en Chihuahua, que ha visto cómo sus pobladores han abandonado casas, hogares, tierras, recuerdos, para cruzar hacia el otro lado, con el fin de salvar sus vidas.
El personaje central del filme -impecablemente montado por Javier Campos, con sugerente fotografía poética de Axel Pedraza claramente influida por la obra de Tatiana Huezo- es el abogado de migración Carlos Spector, quien no solo lucha para que los mexicanos que cruzan la frontera huyendo de la violencia sean tratados como refugiados sino que explica, lúcidamente, un concepto que desnuda el gran problema del narcotráfico en nuestro país, más allá de siglas, filias y fobias políticas. El crimen en México no es tanto organizado, sino autorizado. Es decir, no podría existir sin la complicidad con el gobierno y la connivencia con la iniciativa privada. De ese tamaño es el reto de la sociedad y el Estado mexicanos y no queda claro, para ser francos, que ni siquiera estemos discutiendo esto de manera pertinente. Uno de los documentales nacionales del año.



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