lunes, 26 de marzo de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXVII



El proyecto Florida (The Florida Project, EU, 2017), de Sean Baker. El sexto largometraje del consolidado cineasta indie Baker está centrado en una joven madre soltera y su ingobernable hijita de seis años, quienes sobreviven en en un motel de quinta, a tiro de piedra del Reino Mágico disneyano de Florida. Baker sigue a estos personajes a través de una serie de viñetas neo-neorrrealistas tanto en su precariedad más absoluta como en su libertad más contagiosa. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

Doble amante, amante doble (L'amant double, Francia-Bélgica, 2017), de Francois Ozon. El más reciente largometraje del prolífico e inquieto Ozon es un thriller erótico-psicológico que bien podría haber sido una obra mayor en manos de Brian de Palma. De hecho, visualmente hablando, la cinta es un deleite, pues Ozon es incapaz de hacer ineptamente una puesta en imágenes. El problema es la historia, basada "libremente" -así dicen los créditos- en una novela de Joyce Carol Oates.
La joven exmodelo Chloé (Marine Vacth) sufre de continuos dolores en el vientre, pero después de innumerables estudios su ginecóloga llega a la conclusión que su padecimiento es psicosomático y le recomienda ver a otro tipo de especialista. Chloé empieza a tratarse con Paul Meyer (Jérémie Renier), un serio y muy profesional psiquiatra, con el cual empieza a sentir no solo cierto alivio de sus dolores, sino también algo más, hasta llegar a ser su noviecita (no tan) santa...
A partir de este momento, la historia da una serie de vuelcos argumentales que parecerían autoparódicos si no fueran interpretados/visualizados con toda la seriedad del mundo. El cinecritico Michael Koresky ha escrito con razón que la trama es digna de alguna película direct-to-video de los 90 -haga de cuenta de las que pasaban (¿o pasan?) en las Noches de Clímax de la televisión por cable-, lo que asegura que el asunto termine en el más completo de los ridículos pero, también, que sea compulsivamente entretenida. Solo la maestría visual de Ozon y el humor ¿involuntario? de la historia hizo que terminara de verla hasta el final. (-)

Marea humana (Human flow, Alemania-Estados Unidos-China, 2017), de Weiwei Ai. Este documental dirigido por el artista y disidente chino Ai es una ambiciosa cinta realizada en cuatro continentes, 23 países y con 25 equipos de filmación. Se trata de una necesaria y extenuante revisión de la crisis global de los refugiados, unas 65 millones de personas que han huido de sus países debido a las guerras civiles, los extremismos, la violencia, la miseria o hasta el calentamiento global. 
Las cámaras de doce cinefotógrafos -entre ellos, la del gran Christopher Doyle- recorren desiertos, mares, costas, fronteras -entre ellas la nuestra con Estados Unidos-, además de ciudades destruidas, ciudades hechizas (es decir, campos de refugiados) y hasta cielos -pues es recurrente el drone-shot desde el aire- para entregarnos una crónica que se quiere totalizadora sobre la crisis de los refugiados, la respuesta -o la falta de ella- de la comunidad internacional y los múltiples retazos de vida que atestigua Weiwei Ai por aquí y por allá: el llanto de uno al recordar a sus muertos, las sonrisas alegres de unos chamacos, la refrescante trivialidad de unos que intercambian fotos de gatitos en el celular...
Sin voz en off informativa pero con innumerables cabezas parlantes (funcionarios, voluntarios, estudiosos, activistas, los propios refugiados) que contextualizan este drama interminable (¿e irresoluble?), Marea humana es, pues, un honesto y necesario filme testimonial. Ahora que, también para ser francos, los 140 minutos de duración de la cinta son excesivos, pues llega el momento que algunas cosas que vemos resultan repetitivas. Nadie duda de las buenas intenciones de Ai pero, para recordar a nuestra admirada Luz Alba, al artista y cineasta le hicieron falta unas... "¡tijeras, tijeras!". (* 3/4)

martes, 20 de marzo de 2018

Aequitas: Los fiscales (nunca son) de hierro...


Segundo texto rescatado, publicado originalmente en el número 3 (mayo-agosto de 2013) de la revista Aequitas, publicada por el Poder Judicial del Estado de Sinaloa...


No tengo idea de lo que suceda en la vida real, pero en ese espejo deformante e idealizador que es el cine, ser el fiscal en un juicio –es decir, ser el “procurador” de la justicia- no es una tarea agradable. Los héroes, en los thrillers de juzgado, en los melodramas o comedias legales, en las cintas históricas en las que somos testigos de algún juicio, suelen ser los abogados defensores, el propio acusado, los jueces o, incluso, los miembros del jurado.
Los fiscales, incluso en películas en las que sabemos que tienen la razón –digamos, en aquellas en las que es claro desde el inicio que los acusados son culpables-, no son las figuras más simpáticas del condado. No importa que la fiscalía sea una institución de buena fe que, se entiende, busca el bien común a través de la aplicación de la justicia: para el cine, eso de acusar personas nunca será tan bien visto como el hecho de defenderlas. Qué remedio: este es el injusto y trágico destino de los pobres fiscales ninguneados.




Nadie quiere a los fiscales

La Internet Movie Database enlista 515 títulos –entre películas y series televisivas- en las que aparece la figura del fiscal o, para decirlo en la nomenclatura legal estadounidense, el “district attorney”. Sin embargo, si uno revisa los títulos respectivos, se encontrará que en muy contadas ocasiones el fiscal es el protagonista. Incluso en historias en las que “el acusador popular” debería llevar la voz cantante, el interés del filme está en otro sitio.
Por ejemplo, en Los juicios de Nuremberg (Judgment at Nuremberg, EU, 1961), dirigida por Stanley Kramer, la historia está centrada en la búsqueda de la justicia por parte de cierto anciano juez provinciano interpretado magistralmente por Spencer Tracy. Después del juez, aparecen otros personajes que resultan interesantes en el filme: uno de los acusados –un imperturbable exjuez nazi encarnado por Burt Lancaster-, algunos testigos y/o víctimas (Montgomery Clift, Judy Garland) y hasta el propio abogado defensor (Maximilan Schell). En contraste, el fiscal militar, el Coronel Tad Lawson, interpretado por Richard Widmark, nunca aparece como una figura especialmente simpática, por más que sepamos que tiene enfrente a los nazis, los villanos oficiales del siglo XX.
La rigidez de Widmark, su implacable mirada, el tono de inocultable desprecio por los acusados: todo ello revela que el fiscal Lawson busca solamente lograr las condenas más duras contra esos abominables asesinos. En este contexto, Spencer Tracy, como el sencillo y modesto juez Dan Haywood, parece más humano: no dudará un instante al momento de emitir su veredicto condenatorio, pero es claro que trata de entender a los acusados. Hace un intento por aprehender la humanidad oculta en los hechos criminales que está juzgando.



Algo similar sucede en Compulsión (Compulsion, EU, 1959), de Richard Fleisher, que trata sobre el célebre caso de los asesinos del Chicago, Leopold y Loeb, quienes mataron en 1924 a un adolescente solo para probar que podían cometer el crimen perfecto. La historia, por cierto, ha sido llevada al cine en otras dos ocasiones, antes y después de la cinta de Fleisher. La primera vez, en La soga (1948), de Alfred Hitchcock; la tercera versión, en Swoon (1992), de Tom Kalin.
Compulsión  es básicamente un sobrio drama de juzgado en el que la famosísima pareja criminal (Dean Stockwell y Bradford Dillman) es acorralada por el implacable fiscal Harold Horn (E. G. Marshall) y salvada de la horca por el talentoso abogado defensor Jonathan Wilk, interpretado por Orson Welles con toda la contundencia de la que era capaz.
Nuevamente, como en Los juicios de Nuremberg, el fiscal aquí es minimizado por el carisma, la personalidad y humanidad de otro personaje. En este caso no se trata del juez, sino del elocuente abogado defensor Wilk, quien trata de convencer al jurado que la venganza disfrazada de justicia retributiva –es decir, la pena de muerte- no deja nada a la sociedad y que quitarle la vida a los asesinos es renunciar para siempre a pensar que un mundo mejor es posible. El fiscal, para variar, es derrotado: Leopold y Loeb –en la película y en la vida real- fueron condenados a cadena perpetua, no a la horca.
Loeb, por cierto, murió de todas formas en 1936, asesinado en la prisión; Leopold, al contrario, logró su libertad bajo palabra en 1958, se fue a vivir a Puerto Rico, se casó, escribió un libro sobre pájaros y vivió pacíficamente hasta que murió en 1971. Así pues, en la vida real, el abogado defensor Clarence Darrow –el Jonathan Wilk interpretado en Compulsión por Welles- tuvo la razón: Leopold pudo rehabilitarse y reconstruir su vida. Se escapó de la justicia (¿o venganza?) del fiscal.



Incluso en filmes más ligeros, como en La Costilla de Adán (Adam’s Rib, EU, 1949), de George Cukor, el fiscal tampoco gana, por más que en este filme es uno de los dos protagonistas.
Spencer Tracy, como fiscal, se enfrenta a Katherine Hepburn, la abogada defensora, en un juicio sobre intento de homicidio. Un ama de casa no particularmente articulada ni brillante (Judy Hollyday poco antes de Nacida ayer/Cukor/1950) hiere a balazos a su infiel marido (un Tom Ewell perfectamente despreciable), quien estaba en pleno adulterio con la amante de turno (Jean Hagen).
La feroz abogada Amanda Bonner (Hepburn, desatada) decide defender a la mujer con el argumento feminista de que si este mismo caso se tratara de un marido celoso que hubiera baleado a la mujer y al amante, todo mundo lo disculparía porque el tipo estaría defendiendo su hogar y su honor. El fiscal Adam Bonner (Tracy), por supuesto, no acepta este argumento: lo que intentó hacer esa mujer fue matar a alguien y ese intento de homicidio debe castigarse. “La ley es la ley, y hay que cumplirla”, dice apasionado en algún momento. Y si algo está mal en la ley, hay que cambiarla, pero con los instrumentos que la misma ley nos da, no tratando de manipular al jurado o a la opinión pública con esas perniciosas ideas que buscan disculpar un crimen solo por cuestiones de género.
El lector se podrá dar cuenta que fiscal y defensor llevan el mismo apellido: Bonner. Por supuesto, fiscal y defensora están casados, así que en la mañana se dan con todo en la sala de juzgado y las peleas siguen cuando los dos llegan a la casa a cenar.
La costilla de Adán ha envejecido algo en su discurso de la lucha de los sexos, pero no en su elegancia formal. De todas las películas mencionadas aquí hasta el momento, se trata de la más dinámica en su puesta en imágenes. Además, el rapport entre Tracy y Hepburn (pareja en la vida real durante largos años) sigue siendo un milagro cinematográfico: las discusiones entre ellos terminan siendo apasionadas declaraciones de amor. Amor apache, acaso. Pero amor.
Eso sí, como suele suceder con los fiscales de las películas, Adam Bonner pierde ante su extrovertida e indomable esposa, aunque en una escena clave, ya que el juicio ha terminado, nos queda claro que el sufrido marido y fiscal, después de todo, tenía razón. Nadie tiene derecho a quitarle la vida a otra persona, alegando la defensa de su matrimonio, su honor, su hogar o su buen nombre. Bonner, el marido, ha ganado moralmente la batalla, sin duda; pero Bonner, la esposa, ha triunfado en la guerra porque logró convencer al jurado.  Tan simple como eso.



El fiscal heroico

Pero, ¿no hay algún fiscal que gane sus juicios? Hay una reciente excepción que confirma la regla: el ambicioso Williy Beachum interpretado por Ryan Gosling en Crimen perfecto (Fracture, EU, 2007), dirigida por el especialista en la fórmula Gregory Hoblit.
La primera vez que el meticuloso ingeniero aeronáutico Ted Crawford (Anthony Hopkins) ve a su rival, el susodicho joven fiscal Willy Beachum, el primero le indica amablemente, con un gesto, que se acomode su elegante corbata de moño. Cuando Willy, de manera mecánica lo hace, Ted le lanza un guiño cómplice y sonríe, ante el desconcierto del abogado. ¿De qué se ríe este tipo, acusado de haberle metido un balazo en la cabeza a su esposa infiel?
La historia no deja de tener cierto interés, por más que su resolución sea tan previsible: un hombre maduro, de inteligencia excepcional, deja en coma a su pécora mujer mancornadora e intenta salir libre manipulando el laberíntico sistema judicial estadounidense. Sin embargo,  Crawford no contaba que frente a él estuviera ese prometedor fiscal  que, hacia el desenlace, tendrá que elegir entre hacerse obscenamente rico, renunciando a su puesto y trabajando para una poderosa firma corporativa, o seguir laborando, malpagado, para que el Estado cumpla con su deber de capturar a todos los malosos que andan sueltos por ahí.
A eso se dedica, precisamente, acaso el más heroico de los fiscales que usted podrá encontrar en la pantalla grande. Se trata del Fiscal de Nueva Orleans Jim Garrison (Kevin Costner) quien trató, infructuosamente, no solo de resolver un indescifrable “acertijo envuelto en el misterio de un enigma”  -es decir, el asesinado del Presidente John F. Kennedy, perpetrado a las 12:30 horas del 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas-, sino de juzgar y condenar a uno de los supuestos implicados en la conspiración, cierto poderoso empresario llamado Clay Shaw aka Clay Bernard, interpretado en JFK (Ídem, EU, 1991) por Tommy Lee Jones.
En la realidad, Garrison –quien aparece en un curioso cameo en JFK en el papel del Juez Warren, quien presidió la comisión que llevó su nombre y que estipuló que Kennedy fue ultimado por un asesino solitario- investigó durante un par de años el asesinato del trigésimo-sexto presidente de Estados Unidos y llevó a juicio a Shaw, a quien un jurado absolvió de todos los cargos en 1969. De cualquier manera, la semilla de la duda quedó arraigada para siempre en la mente de la mayoría del pueblo norteamericano que, hasta la fecha, cree que el Presidente Kennedy fue asesinado por un complot en el que estuvieron involucrados la mafia, agencias de propio gobierno, corporaciones armamentistas, más lo que se acumulen en la semana. Como diría un clásico mexicano reciente: a Kennedy lo mató “la mafia del poder”.
Esta fue la tesis de Jim Garrison, la misma que aparece en JFK, acaso al lado de Nixon (1995) la mejor película de Oliver Stone. De hecho, la tesis es articulada en la película por un misterioso personaje sin nombre, “X”, interpretado magistralmente por Donald Sutherland. El exmilitar a cargo de operaciones encubiertas que encarna Sutherland hace las preguntas claves en el filme: “¿Por qué mataron a Kennedy?, ¿quién se benefició de su muerte?, ¿quién tiene el poder de encubrir todo?”.
“X” le deja las preguntas a Garrison, le da unas pistas e inocula de dudas, miedo e indignación al Garrison cinematográfico que, con la voz y la apostura de Kevin Costner, aparece como un cruzado de la verdad (“Que se haga justicia o que se abra la tierra”) que está completa y fanáticamente seguro de estar en lo correcto (“No he pensado ni por un momento que estoy equivocado”, le dice a su exigente esposa, interpretada por Sissy Spacek) y que conoce bien a sus clásicos, pues no solo cita en más de una ocasión al Julio César shakespeariano sino que, incluso, en el emocionado/emocionante discurso final, le dice al jurado que el pueblo estadounidense es como “un Hamlet, hijo de un padre asesinado cuyos asesinos siguen en el trono”.
Con la voz quebrada y los ojos llorosos, tan elocuente como populista, el fiscal Garrison de Kevin Costner y Oliver Stone sabe que, aunque está condenado a perder el juicio –como sucedió en la vida real-, está destinado, también, a ganar la guerra final en la percepción popular. Puede ser que la ley haya dicho que Kennedy fue asesinado por el solitario Lee Harvey Oswald, pero ahora eso no lo cree (casi) nadie. He aquí un fiscal derrotado que, al final de cuentas, convirtió su derrota en victoria.

lunes, 19 de marzo de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXV y CCLXXVI



Dos fin de semanas de cartelera comercial/cultural en uno, ya que la semana pasada estuve ocupado en Guadalajara 2018...

El otro lado de la esperanza (Toivon tuolla puolen, Finlandia-Alemania, 2017), de Aki Kaurismäki.El décimo séptimo -y supuestamente último- largometraje de Kaurismäki es la perfecta pieza de acompañamiento de su anterior filme, Le Havre: el Puerto de la Esperanza (2011), que también estaba centrado en un inmigrante llegando a Europa. Una obra menor pero entrañable del maestro Kaurismäki. Mi crítica en la sección Primera Fila del 9 de marzo de Reforma. (** 1/2)

La libertad del diablo (México, 2017), de Everardo González. Con un año de retraso después de su presentación en Guadalajara 2017 llega a las pantallas nacionales esta obra mayor de González, la mejor cinta mexicana que vi en el 2017. Mi crítica in extenso, acá. (***)

Lady Macbeth (Ídem, GB, 2017), de William Oldroyd. Basada en el cuento Lady Macbeth de Mtsensk (1865), de Nikolai Leskov, la opera prima del director teatral y operístico Oldroyd es un extraordinario drama femenino/feminista tan desafiante en el fondo como perfectamente realizado en la forma. Mi crítica en la sección Primera Fila del viernes pasado de Reforma. (***)

Nocturno (2016),  de Luis Ayhllón. Oliverio (Juan Carlos Colombo) un hombre muy enfermo, agonizante, es dejado por su mujer en manos de Ana (Irela de Villers), una correosa enfermera profesional. Muy pronto queda claro que Ana está ahí, en realidad, por otras razones. No voy a revelar la vuelta de tuerca -demasiado arbitraria para mi gusto-, pero baste decir que los pocos aciertos del filme -por ejemplo, algunos diálogos bastante agudos, cierta escena en la que uno de los hijos (Ari Brickman) visita a Oliverio- terminan ahogados en una segunda parte de pura sordidez pseudo-ripsteniana en el que aparecen -mediante animación del también cinefotógrafo Alex Argüelles- una violación infantil, un asesinato, un incesto y otras linduras de este tipo. (+)


Basada en hechos reales (D'après une histoire vraie, Francia-Polonia-Bélgica, 2017), de Roman Polanski. Una famosa escritora (Emanuelle Seigner) acepta la amistad de una joven y misteriosa mujer (Eva Green), que se convierte en su amiga, confidente, secretaria y, finalmente, en el tema de su próxima novela. El más reciente largometraje del octogenario cineasta franco-polaco Polanski es un thriller creativo/psicológico muy en deuda con lo mejor de su obra anterior, especialmente con Repulsión (1965) y El inquilino (1976). El guion, escrito por el propio Polanski en colaboración con, nada menos, Olivier Assayas, está basado en la novela homónima de Délphine de Vigan que, sospecho, le debe dos o tres cosas a cierta famosa novela de Stephen King. (**)

sábado, 17 de marzo de 2018

Guadalajara 2018... en un vistazo



Ayer terminó el Festival Internacional de Cine en Guadalajara y  acá está la lista de todo lo que vi, en orden de preferencia. ¿Qué significan las estrellitas? Aquí, al lado derecho.

Tiempo compartido (México-Holanda, 2018), de Sebastián Hoffman. Largometraje iberoamericano de ficción y Premio Mezcal-Ficción: ***

Un filósofo en la arena (México-España, 2017), de Aarón Fernández y Jesús Muñoz. Largometraje iberoamericano documental y Premio Mezcal-Documental: ** 1/2

Vivir y otras ficciones (España, 2017), de Jo Sol. Largometraje iberoamericano de ficción: ** 1/2

Verano 1993 (Estiu 1993, España, 2017), de Carla Simón. Cataluña, invitada de honor: ** 1/2

Restos de viento (México, 2017), de Jimena Montemayor Loyo. Premio Mezcal-Ficción: ** 1/2

Ok, está bien (México, 2018), de Gabriela Ivette Sandoval Torres. Guadalajara Construye: **1/2

Alanís (Argentina, 2017), de Anahí Berneri. Largometraje iberoamericano de ficción: **

La defensa del dragón (Colombia, 2017), de Natalia Santa. Largometraje iberoamericano de ficción. **

Potentiae (México, 2016), de Javier Toscano. Industria. Cine Incluyente: **


Lejos del sentido (México, 2018), de Olivia Luengas Magaña. Largometraje iberoamericano documental y Premio Mezcal-Documental: **

La negrada (México, 2017), Jorge Pérez Solano. Largometraje iberoamericano de ficción y Premio Mezcal-Ficción: * 3/4

Rita, el documental (México, 2018), de Arturo Díaz Santana. Premio Mezcal-Documental: * 3/4

Handia (España, 2017), de Jon Garaño y Aitor Arregi. Largometraje iberoamericano de ficción: * 1/2

Violeta al fin (Costa Rica-México, 2017), de Hilda Hidalgo. Largometraje iberoamericano de ficción: *1/2

Ayotzinapa, el paso de la tortuga (México, 2018), de Enrique García Meza. Premio Mezcal-Documental: * 1/2

Cría puercos (México, 2018), de Ehécatl García. Premio Mezcal-Ficción: * 1/2

Júlia Ist (España, 2017), de Elena Martín. Cataluña, invitada de honor: * 1/2

Los gigantes no existen (Guatemala-España, 2017), de Chema Rodríguez. Largometraje iberoamericano de ficción: *

Nadie sabrá nunca (México, 2018), de Jesús Torres Torres. Largometraje iberoamericano de ficción y Premio Mezcal-Ficción: *

¿Dónde estás? (México-Costa Rica, 2018), de Maricarmen Merino Mora. Premio Mezcal-Documental: *

La mort de Louis XIV (España-Francia-Portugal, 2016), de Albert Serra. Cataluña, invitada de honor: -

Traición (México, 2018), de Ignacio Ortiz Cruz. Largometraje iberoamericano de ficción y Premio Mezcal-Ficción: -

Ocho de cada diez (México, 2018), de Sergio Umansky Brener. Premio Mezcal-Ficción: -

The Best Thing You Can Do with Your Life (México-Alemania, 2018), de Zita Erffa. Largometraje iberoamericano documental y Premio Mezcal-Documental: -

Hermanos (México-Reino Unido, 2017), de Laura Plancarte. Premio Mezcal-Ficción: -

Juan y Vanesa (México, 2017), de Ianis Alexis Guerrero. Premio Mezcal-Ficción: +

Cuernavaca (México, 2017), de Alejandro Andrade Pease. Premio Mezcal-Ficción: +

Mente revólver (México, 2017), de Alejandro Ramírez Corona. Premio Mezcal-Ficción: +

Mi hermano (México-España, 2018), de Alana Simoes. Premio Mezcal-Documental: +

Donde se quedan las cosas (México-República Dominicana, 2018), de Daniela Silva Solórzano. Premio Mezcal-Documental: +

La incertidumbre (México, 2017), de Haroldo Fajardo: ++

viernes, 16 de marzo de 2018

Guadalajara 2018: Ganadores/VII y última





Guadalajara 2018 ha finalizado. Al parecer, las cifras de asistencia subieron con respecto al año pasado -en gran medida, supongo, por la multitudinaria presencia a las tres conferencias de Guillermo del Toro. 
En cuanto a la nueve sede, el Conjunto de Artes Escénicas, el sitio es enorme y lucidor pero está lejos de las otras sedes y de los propios hoteles, lo que sí causó contratiempos y molestias por el transporte, que no siempre pudo cumplir con la atención debida a invitados, jurados, críticos y periodistas. Veremos si el año próximo mejora la logística.
La selección fue contrastante: mientras que la sección de largometraje iberoamericano fue bastante competitiva, escuché quejas constantes sobre la baja calidad del documental iberoamericano. En cuanto al cine mexicano, la selección fue de cima a sima: un puñado de cintas valiosas frente a una gran mayoría de películas fallidas o, incluso, uno que otra impresentable. Se antoja que debería haber una fuerte reconsideración en cuanto a los números de filmes mexicanos en competencia. ¿Realmente eran necesarios veinte?
En cuanto al palmarés, solo puedo opinar sobre el cine que vi. Aunque no pude ver Matar a Jesús ni Wiñaypacha, todos con quienes hablé coincidieron que fueron de lo mejor de la competencia, en especial la segunda, una cinta peruana. 
El premio del público fue el lógico: un meritorio documental sobre Ayotzinapa en tiempos políticos y electorales como los que vivimos era un ganador casi seguro.
La sorpresa -grata, por cierto- fue el premio Mezcal, que otorga un grupo de estudiantes universitarios. La ganadora fue Restos de viento, la misma película que dio como ganadora el jurado FIPRESCI del que formé parte.
¿El único prietito en el arroz? Que Tiempo compartido -acaso la mejor película en competencia- no ganara más que el premio -y ex aequo- a Mejor Actor. ¿De verdad, muchachos del Premio Mezcal, Hoffman no merecía aunque sea una mención? Oh, bueno, están chavos, chavos.
Todas las ganadoras, aquí abajo:



PREMIO MAGUEY

Mención Honorífica
Película: “Miss Rosewood”
Director: Helle Jensen
País: Dinamarca, Estados Unidos

Premio Maguey Mejor Actuación
Actriz: Ellen Page
Película: “My Days of Mercy” (Dir. Tali Shalom-Ezer)
País: Reino Unido, Estados Unidos

Premio del Público
Película: “Miss Rosewood”
Director: Helle Jensen
País: Dinamarca, Estados Unidos

Premio Maguey
Película: “Tinta Bruta”
Director: Filipe Matzembacher y Marco Reolon
País: Brasil



CORTOMETRAJE IBEROAMERICANO

Menciones:

Película: “Anderson”
Director: Rodrigo Meireles
País: Brasil

Película: “A Foreman”
Director: Daniel Drummond
País: Brasil, Estados

Película: “Les Bones Nenes”
Director: Clara Roquet
País: España

Película: “Flores”
Director: Jorge Jácome               
País: Portugal 

Mejor corto iberoamericano:

 Película: “El escarabajo al final de la calle”
Monto: $75 mil pesos   
Director: Joan Vives
País: España


PREMIO RIGO MORA
Película: “32-Rbit”
Monto: 100 mil pesos
Director: Víctor Orozco Ramírez
País: México-Alemania

 
DOCUMENTAL IBEROAMERICANO 

Premio especial del Jurado
Película: “El Espanto”
Monto: 100 mil pesos
Director: Pablo Aparo y Martín Benchimol
País: Argentina

Mejor Documental Iberoamericano
Película: “Alberto García-Alix: La Línea de la Sombra”
Monto: 150 mil pesos
Director: Nicolás Combarro García
País: España


LARGOMETRAJE IBEROAMERICANO DE FICCIÓN

Mayahuel por Mejor Actriz: Sofia Gala Castiglione
Por: "Alanis" (Dir. Anahí Berneri)
País: Argentina

Mayahuel por Mejor Actor (ex aequo): Luis Gerardo Méndez
Por: “Tiempo Compartido” (Dir. Sebastián Hofmann)
País: México, Holanda

Mayahuel por Mejor Actor (ex aequo): Giovanni Rodríguez
Por: “Matar a Jesus” (Dir. Laura Mora Ortega)  
País: Colombia, Argentina

Mayahuel por Mejor Fotografía: Óscar Catacora
Por: “Wiñaypacha” (Dir. Óscar Catacora)
País: Perú

Mayahuel por Mejor Guión: Martín Boulocq
Por: “Eugenia” (Dir. Martín Boulocq)
País: Bolivia, Brasil


Premio Especial del Jurado: “Vivir y Otras Ficciones”
Monto: 125 Mil pesos
Director: Jo Sol
País: España

Mejor Director: Anahí Berneri     
Monto: 150 Mil pesos
Por: “Alanis”     
País: Argentina

Mejor Ópera Prima: “Wiñaypacha”
Monto: 125 Mil pesos
Director: Óscar Catacora
País: Perú

Mejor Película: “Matar a Jesús”
Monto: 250 mil pesos
  Director: Laura Mora Ortega. 
País: Colombia, Argentina



PREMIO DEL PÚBLICO
Película: “Ayotzinapa, el paso de la tortuga”
Director: Enrique García Meza
País: México



PREMIO MEZCAL

Mención a por Dirección: Zita Erffa
País: Alemania, México  
Por: “The best thing you can do with your life”

Mención a Mejor Actriz: Concepción Márquez  
País: México
Por: “Cría Puercos” (Dir. Ehécatl García)
                              
Premio Mezcal Mejor Cinefotógrafo: César Gutiérrez Miranda
País: México
Por: “La Negrada” (Dir. Jorge Pérez Solano)

Premio Mezcal Mejor Actor: Noé Hernández           
País: México
Por: “8 de cada 10” (Dir. Sergio Umansky Brener)

Premio Mezcal Mejor Actriz: Daniela Schmidt             
Por: “8 de cada 10” (Dir. Sergio Umansky Brener)
País: México

Premio Mezcal Mejor Director: Jimena Montemayor Loyo 
Por: “Restos de Viento”
País: México

Mejor Película Mexicana (y Premio FIPRESCI): 
“Restos de viento”
Monto: 500 mil pesos
País: México
Director: Jimena Montemayor Loyo