Guadalajara 2018: Ok, está bien/IV



Una de las secciones más importantes en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara pero que, por definición, pocos tienen acceso a ella es la de Guadalajara Construye, que consiste en una selección de cintas iberoamericanas de ficción que necesitan apoyos económicos en postproducción, así que "especialistas de la industria" -así dice el catálogo- ven estos filmes en "proyecciones cerradas" y un jurado, después de ver la selección, decide cuáles películas son merecedores de esos apoyos.
Honestamente, nunca veo una película de esta sección -ni de secciones similares en otros festivales- porque creo que la chamba de un crítico de cine es ver algo que ya está terminado. Sin embargo, esta vez hice la excepción por la recomendación de Fernanda Solórzano -de cuyo criterio confío ampliamente- quien hace unos días en tuiter escribió algunas elogiosas líneas de Ok, está bien (México, 2018), opera prima de la egresada del CUEC Gabriela Ivette Sandoval Torres.
He aquí al gordo huevonazo de Mariano (el guionista y productor ejecutivo Roberto Andrade Cerón), egresado -¿del CCC, del CUEC?- en guionismo y que seis años después de graduarse sigue plantado frente al televisor de su departamento en Tlatelolco, viendo tres películas diarias, siendo mantenido por su santa y sufridora madre (Gabriela de Corzo) y negándose a escribir un guion porque él "no se vende" y no quiere escribir el remake 1399 de Los olvidados (Buñuel, 1950) ni, mucho menos, hacer el guion de alguna cinta ubicada en Chiapas o en la sierra Tarahumara. O sea, Mariano es un patético nini de 29 años de edad que no tiene oficio ni beneficio.
En la primera escena de la cinta vemos a este huevonazo en primer plano despotricar sobre la falta de buenos guiones en el cine contemporáneo, alabar a Paul Thomas Anderson y a los hermanos Coen y, ya con la viada, hacer a un lado el cine que no tiene una historia clara ("¡Tarkovsky mis huevos!"). Luego, se sigue de largo y habla pestes del buen manejo de "la técnica" cinematográfica que, después de todo, "es lo único que enseñan en las escuelas". No arruinaré el primer gran gag de la cinta, cuando descubrimos quién es el público cautivo de las jeremiadas de Mariano, pero confesaré que en ese momento -y estoy hablando del primer minuto del filme- me di cuenta que, usando las palabras de Fernanda Solórzano, estaba frente al trabajo de una "directora cinéfila que usa el lenguaje de cine de forma fluida". 
Y agregaré algo más: no solo Sandoval maneja el lenguaje fílmico de forma fluida sino que lo hace de una manera totalmente consciente, pues después de que Mariano reniega de la buen técnica cinematográfica, lo que sigue es una toma en la que lo vemos llegar al edificio en el que vive en Tlatelolco mientras la elegante cámara en blanco y negro de Carlos Arriaga lo sigue desde el exterior, primero a través de un travelling hacia la izquierda del encuadre y luego en un movimiento de grúa vertical, hasta que el tipo sale del elevador, pisos arriba, y se dirige hacia su departamento, todo ello mientras en la banda sonora escuchamos "Rhapsody in Blue" de Gershwin. Dicho de otra manera, en esta primera secuencia Sandoval demuestra que, en efecto, tiene "un chingo de técnica".
Tal vez ya lo haya intuido: un tipo dando un monólogo frente a la cámara, blanco y negro, la pieza emblemática ya mencionada de Gershwin y paneos todoabarcadores y tomas aéreas del Manhattan (1979) particular de Mariano: la influencia de Woody Allen está presente desde el primer minuto del filme hasta el desenlace, 90 minutos después. Lo notable de la opera prima de Sandoval es que la joven cineasta trasciende con mucho el mero pastiche: aunque las referencias allenianas abundan (además de Manhattan y Dos extraños amantes/1977, hay un par de escenas calcadas de Hannah y sus hermanas/1986, por ejemplo), el guion de Andrade y la ejecución de la directora no homenajean beatamente el universo del (ahora) maldito cineasta judío-neoyorkino, sino que se apropian de él para entregar una visión nada condescendiente.
Así pues, Mariano es una versión mucho más patética del típico protagonista alleniano -neurótico, narcisista e inseguro- que es incapaz de ver más allá de sus narices. Así que cuando pasemos al núcleo de la historia -un triángulo amoroso con una encantadora jovencita (Isabella Argudín) en uno de los vértices- no nos extrañará su comportamiento ridículo e irracional. "El corazón quiere lo quiere", ha dicho Allen el cineasta, dentro y fuera del cine, y Sandoval y Andrade muestran que, más que una explicación o una disculpa, la frase puede leerse también como una condena libre de toda moralina. Acaso, más como una suerte de lúcido auto-reconocimiento. Podemos tomar malas decisiones a los 29 años o a los "casi quince" y seguir adelante. O no: en una de esas, nos quedamos estancados para siempre.
Ok, está bien ganó tres premios en Guadalajara Construye: apoyo para realizar el trailer, participación en el Marché du Film en Cannes 2018 y 120 horas de edición de sonido. La cinta no está terminada, como anoté antes, pero incluso así, con parte de la postproducción pendiente, la opera prima de Sandoval es más interesante y lograda que mucho de lo que he visto de cine nacional en lo que va del año. Habemus cineasta. 

Comentarios

Christian dijo…
Se oye muy bien. Lo que me desconcierta es que si con películas terminadas y premiadas luego se tardan dos o tres años en estrenarlas, esta seguro van para cinco

Que caray...
Travsam dijo…
"En la primera escena de la cinta vemos a este huevonazo en primer plano despotricar sobre la falta de buenos guiones en el cine contemporáneo, alabar a Paul Thomas Anderson y a los hermanos Coen"... de pronto parece que describiste al amargado colega del blog de Cinescopia XD
Jaime Garcia Estrada dijo…
No me sorprende... conociendo su trayectoria escolar, la cineasta tiene todo para convertirse en una cinesta con mucho que aportar. Y con su fotografo, gran manuerna.

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