lunes, 16 de julio de 2018

El cliché que yo ya vi/CLIV



Joel Meza propone:

Los Godínez nunca serán estrellas de cine. En las películas, cuando un hombre es el protagonista o tiene un papel importante y tiene que ponerse una corbata, siempre necesitará que alguien más (una mujer, generalmente) le arregle el nudo. Pero es raro ver esa escena con un oficinista común, que a diario tiene que usar el inútil trapo amarrado al cuello.

A veces el cliché sirve de pretexto para una escena poderosa, como lo demuestran Max Von Sydow y Kathryn Morris en Sentencia Previa, pero la verdad es que casi nunca lleva a nada, como se ve esta semana con La Roca y Neve Campbell en Rascacielos.

domingo, 15 de julio de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXCIII



¿La semana más floja en estrenos cinematográficos en lo que va del año? Probablemente. Lo único que vi fue Una familia peculiar (Cigarettes et chocolat chaud, Francia, 2016), opera prima de Sophie Reine. Se trata de un previsible pero agradable melodrama familiar sobre un padre viudo -exactivista, rebelde y militante de izquierdas- que cría a sus dos hijitas como puede, bajo la vigilancia del Estado francés, que le manda una trabajadora social para supervisarlo. Peores cosas se pueden ver este fin de semana, sospecho. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

lunes, 9 de julio de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXCII




Un final feliz (Happy End, Francia-Austria-Alemania, 2017), de Michael Haneke. El décimo-segundo largometraje de Haneke es una menor cinta-summa de temas, obsesiones y personajes del cineasta austriaco. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (**)

La maldición del diablo (Still/Born, Canadá, 2017), de Brandon Christensen. Después de perder a uno de sus gemelos en el parto, la joven pareja formada por Mary (Christie Burke) y Jack (Jesse Moss) empieza a vivir en una enorme caserón de algún adinerado suburbio en una anónima ciudad norteamericana. Sin embargo, desde los primeros días al llegar a su nuevo hogar, a la comprensible depresión post-parto (y al dolor por la muerte al nacer de uno de los dos bebés), Mary le agrega alucinaciones visuales y auditivas que le hacen creer y luego asegurar que alguien quiere llevarse a su hijo recién nacido. Por supuesto, como se trata de una joven mamá inexperta, depresiva e histérica, nadie le cree nada.
La opera prima de Christensen es una entretenida pieza de género que, más allá de las referencias visuales, temáticas y argumentales dejadas caer por aquí y por allá -desde La profecía (Donner, 1976) hasta la saga de Actividad paranormal, pasando por El resplandor (Kubrick, 1980) o la saga nipona Ju-on-, se logra sostener por una sólida ejecución y una convincente interpretación de parte de Miss Burke, que demuestra poseer un amplio rango como actriz. Perfecto como palomazo de fin de semana para los amantes del horror. (*1/2)

Ant-Man and the Wasp (Ídem, EU, 2018), de Peyton Reed. Lo escribí hace tres años por acá cuando se estrenó la presentación de este poco conocido personaje de la Marvel y, ni modo, tuve la razón: echaron a perder todo. Mi crítica in extenso, por acá. (-)

A la deriva (Tjuvheder, Suecia, 2015), de Peter Grönlund. La opera prima de Grönlund -ganadora de una mención especial en la sección de Nuevos Directores en San Sebastián 2015- es un sólido drama femenino centrado en Minna (espléndida Malin Levanon, ganadora del premio de la academia sueca de cine en 2016 por esta actuación), una mujer que, como el titulo en español lo indica, sobrevive como puede y a la deriva -aunque con un gato en ristre- entre nubes de alcohol, dosis de droga, deudas de juego y broncas diversas que la mantienen con un pie de volver a la cárcel.
En una de sus -literalmente- correrías, Minna traba amistad con Katja (Lo Kauppi), una alcohólica que ha perdido el derecho de vivir con su hijo debido a su adicción. Las dos mujeres empiezan a vivir en una suerte de colonia marginal de trailers-park regenteada por el generoso pero enérgico Boris (Tomasz Neuman) hasta que el pasado -y las coincidencias del guion escrito por el propio cineasta debutante- las alcanza.
A la deriva cumple con creces con dos de los elementos básicos de cualquier woman's film que se respete: sus protagonistas sufren -la madre alcohólica Katja lucha por su rehabilitación- y/o se sacrifican -la  decisión que toma al final Minna a favor de Katja, que nos remite a otro melodrama femenino más o menos reciente, Río helado (Hunt, 2008). 
Formalmente hablando, la nerviosa cámara de Staffan Övgard funciona a la perfección para transmitir el precario estado emocional/existencial/socioeconómico de Minna, además de mostrar el rostro (casi) desconocido de la pobreza en Suecia -que, por lo menos visto desde acá, no se compara con la miseria de nuestros países. (**)

domingo, 8 de julio de 2018

Ant-Man and the Wasp




Cuando se estrenó, hace tres años, Ant Man: el Hombre-Hormiga (Reed, 2015), escribí en mi blog lo siguiente: “Como suele suceder con las entregas iniciales de la Marvel… esta primera entrega de El Hombre Hormiga logra presentarnos al nuevo personaje de forma ligera y divertida. Seguramente en las secuelas, Marvel echará a perder todo”.
            No me gusta decir “se los dije” –es un decir: claro que me gusta-, pero se los dije: en la inevitable continuación, Ant-Man and the Wasp (Ídem, EU, 2018), todo lo que había salido bien en el primer filme vuelve a aparecer, aunque en cantidades menores, y todo lo que había salido mal aparece también, pero en proporciones mayores. ¿El resultado?: una cinta bostezante que se salva a ratos por la simpatía de su estrella protagónica Paul Rudd, por la vis cómica de un desatado Michael Peña y por alguna entretenida persecución por las calles de San Francisco, con personajes y automóviles que, como el chorrito, se hacen grandotes, se hacen chiquitos.
            El ladrón Scott Lang aka Ant-Man (Rudd) ha sido condenado a dos años de prisión domiciliaria después de haber violado la ley al lado de Steven Rogers en Capitán América: Civil War (Hermanos Russo, 2016). Sin embargo, a tres días de recuperar su libertad –condicional, pero libertad al fin-, Lang vuelve a hacer equipo con el genio proscrito Hank Pym (Michael Douglas) y su guapa hija, Hope Van Dyne aka La Avispa (Evangeline Lilly), quienes lo necesitan para encontrar, en el mundo subatómico, a Janet (Michelle Pfeiffer, en cameo extendido), esposa de Hank y madre de Hope, quien ha permanecido perdida en el universo cuántico desde hace treinta años, días más, días menos.
La explicación a todo esto no tiene demasiado sentido y los cinco guionistas acreditados de la película –uno de ellos, el propio Paul Rudd- supongo que lo saben, pues en por lo menos dos ocasiones, interrumpen los pseudo-científicos choros mareadores de los personajes con alguna inocente pregunta (-“¿Siempre tienen que usar la palabra cuántico para todo?”) o, de plano, con una llamada telefónica de la niña de Lang, quien tiene una emergencia: no encuentra sus zapatos.
Como se podrá dar cuenta, en esta nueva entrega del Marvel Cinematic Universe no está en juego el destino del planeta entero sino la unión familiar por partida doble: la de Hank y Hope con Janet, y la del propio Lang con su hijita Cassie (Abby Ryder Forston), pues al salir de su casa y volver a las andadas como Ant-Man, nuestro agradable protagonista se arriesga a ser condenado a 20 años de prisión.
Además de los ya mencionados choros mareadores científicos-dramáticos-expositivos que lastran la cinta de principio a fin –yo conté media docena de ellos-, Ant-Man and the Wasp tiene otro problema: la inexistencia de un personaje antagónico carismático. De hecho, la cinta tiene dos, pero ninguno de ellos funciona: la primera, es Ava aka Fantasma (Hanna John-Kamen), una resentida jovencita que atraviesa todo tipo de materiales pues se integra/desintegra casi sin control, y un mafioso de pacotilla (Walton Goggins) que solo sirve para hacer funcionar –vía Michael Peña- un divertido running-gag sobre el uso de cierto “suero de la verdad”.
Eso sí, como es obligación que suceda, esta nueva entrega de la Casa Marvel tiene que encajar con la interminable saga en desarrollo, así que la inevitable escena post-créditos se conecta directamente con el final de Avengers: Infinity War (Russo, 2018) y su pathos de pacotilla. El mensaje que aparece hacia el final del filme se pregunta, con signo de interrogación incluido, si el Hombre Hormiga y la Avispa volverán. Déjeme decirle que estoy en posibilidad de quitarle esa duda: claro que volverán. Y todos los Avengers también, incluidos los eliminados por Thanos. O, mejor dicho: especialmente los eliminados por Thanos. Qué remedio.

sábado, 7 de julio de 2018

En línea: Thoroughbreads




El título original en inglés de la opera prima del joven dramaturgo convertido en cineasta Cory Finley, Thoroughbreads (EU, 2017), se refiere, en primera instancia, a cierto caballo purasangre sacrificado por una de las protagonistas y, en un sentido apenas metafórico, a dos jóvenes purasangres de Connecticut, un par de adolescente ricachonas que están en el centro de este inquietante thriller satírico-alegórico.
Amanda (Olivia Cooke, antes de coprotagonizar Ready Player One: Comienza el juego/Spielberg/2018) llega a la casa de su antigua amiga de la infancia Lily (Anya Taylor-Joy, inolvidable en La bruja/Eggers/2015) para que ella le ayude a prepararse para su próximo examen de ingreso a la universidad. Desde el inicio, queda claro que Amanda no tiene problemas académicos sino de otro tipo: ha sido diagnosticada como “antisocial” y “esquizoide” y ella misma acepta que no tiene sentimiento alguno. Puede imitar emociones y sabe cómo llorar cada vez que quiere, pero no siente nada por nadie. Empezando por ella misma.
Al principio, la Amanda de Miss Cooke parece una versión juvenil y femenina del Bruno Antony (Robert Walker) de Pacto siniestro (Hitchcock, 1951): una muchachita brillante, desvergonzada, de mente ágil y que no expresa la menor pena de nada ni de nadie. Sin embargo, en la medida que avanza la historia, nos damos cuenta que este juicio no es del todo justo. Puede que ella sí sea una psicópata, es cierto, pero eso no la hace una peor persona que su amiga Lily que, por lo menos al inicio, aparece como la normal, la amable, la bien portada.
Aunque el guion del debutante Finley está basado en una obra teatral escrita por él mismo, la fluida y elegante cámara de Lyle Vincent, la música percutida y atonal de Erik Friedlander y la propia dirección de actores del joven cineasta nos ubican en espacios audiovisuales y dramáticos estrictamente cinematográficos. Thorouhbreads está, pues, muy lejos de ser una mera obra teatral filmada por más que, en efecto, sea una historia centrada en la interacción de dos personajes que inician como antagónicos para terminar siendo torcidamente complementarios: las dos caras de una misma inquietante y enfermiza moneda.
*****
Thoroughbreads se presentó en Sundance 2017, se estrenó comercialmente en marzo de este año en Estados Unidos y ya está disponible para ser revisada tanto en el Amazon Prime gringo como en DVD y BR de importación.

martes, 3 de julio de 2018

En línea: Ciertas mujeres




A inicios del año, cuando se dieron a conocer las cinco nominaciones al Oscar de Lady Bird (2017), incluyendo la de Mejor Directora a la actriz convertida en cineasta Greta Gerwig, expresé mi desencanto por tantas y tan poco merecidas nominaciones, tomando en cuenta que si la academia de cine gringa quería expresar una clara acción afirmativa a favor de las cineastas mujeres  –en el año de la caída de Harvey Weinstein, por supuesto-, podían haber elegido a directoras de auténtico talento y con mucho mejores películas, como la Kathryn Bigelow de Detroit (2017), la Elizabeth Hittman de  Beach Rats: Ratas de playa (2017) o, claro está, la legendaria Agnès Varda y su Rostros y lugares (2017), su más reciente cinta que, aunque sí fue nominada, fue derrotada en la categoría de Mejor Largometraje Documental en la entrega del Oscar 2018.
En fin, quejarse de quién merece o no una nominación al Oscar es ociosidad pura, pero para eso sirven las redes sociales –y para intercambiar vídeos de perritos y gatitos, claro está. Pero, bueno, todo esto viene a cuento porque en la lista de grandes directoras contemporáneas que merecen más nominaciones y premios de Academia gringa habría que agregar a Kelly Reichardt, cuya más reciente película, Ciertas mujeres (Certain Women, EU, 2016), nunca se estrenó comercialmente en México, aunque está disponible desde hace meses en el sitio web de Cinepolis Klic (www.cinepolisklic.com).
Sobre tres relatos de la escritora americana Maile Meloy adaptados por la propia cineasta, he aquí tres vidas femeninas apenas entrecruzadas en algún pueblito rabón de Montana. La abogada Laura (Laura Dern), que tiene como amante a un hombre casado (James Le Gros), lucha para hacerle entender a uno de sus clientes (Jared Harris) que está imposibilitado para demandar a sus antiguos patrones por haber firmado una injusta indemnización. Gina (la habitual actriz de Reichardt, Michelle Williams), esposa del tipo con el que se acuesta Laura, arrastra a su inútil marido para tratar de convencer a  un solitario anciano (el veterano reaparecido Rene Auberjonois) que le venda unas piedras areniscas para con ellas construir una añorada casa de verano. Y en el tercer –y mejor- relato, una joven indígena ranchera (Lily Gladstone, el descubrimiento del filme) toma por azar una clase nocturna con Elizabeth (Kristen Stewart), una abogada recién graduada que, luego descubriremos, trabaja en el mismo bufete de Laura. Entre las dos muchachas, Elizabeth y la tímida ranchera sin nombre, irán apareciendo curiosos rasgos de afinidad, por más que las dos sean, aparentemente, tan distintas.
Como en su notable obra anterior casi desconocida en México  (Old Joy/2006, Wendy y Lucy/2008, Meek’s Cutoff/2010, Radicales/2013), Reichardt desafía los límites del género –en este caso, el women’s film- para entregarnos un sereno melodrama sobre tres mujeres que viven en el límite de sus posibilidades existenciales, económicas y sociales. La abogada que no es tomada en serio por ser mujer, la esposa que no tiene otro afán que conseguir unas rocas para hacer chica casota campirana o la marginal y marginada ranchera indígena que entrevé otra forma de vida nunca antes imaginada, son personajes muy similares a los anteriores protagonistas de Reichardt: criaturas dramáticas que sobreviven en los márgenes, que han perdido sus sueños o, incluso, su capacidad de soñar pero que, aun así, insisten en echar para adelante.
El cine de Reichardt no es dado a las grandes escenas climáticas: sus personajes toman decisiones de vida mientras hablan quietamente por teléfono, discuten sobre cómo levantar una casa, comen una hamburguesa en algún cafetín nocturno. Pero, acaso por eso mismo, resultan personajes más cercanos, más entrañables. Pero también, acaso por eso mismo, su cine no es tan galardonado: la sutileza no cae bien en el mainstream. Pues peor para el mainstream.

lunes, 2 de julio de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXCI



Mimic: Voces del más allá (Jang-san-beom, Corea del Sur, 2017), de Jung Hu. Una dispareja pero meritoria cinta de género que parte de una premisa clásica: la familia como origen y/o víctima del horror. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

Guerrero (México, 2017), de Ludovic Bonleux. El tercer largometraje del especialista Bonleux es un meritorio documental centrado en tres activistas que, cada quien a su manera, lidian con la violencia, la impunidad y el abuso en uno de los estados más peligrosos de nuestro país: Mario, quien busca a su hermano desaparecido; Coni, un policía comunitario; y Juan, un profesor normalista en lucha y resistencia. La valía del filme radica en la crónica no solo en la crónica de vida de estos tres individuos, sino en la descripción del estado de cosas en Guerrero que, en realidad, es un reflejo de todo este país convulsionado en el que vivimos. La cinta se está exhibiendo en la Ciudad de México y ya está disponible en Filmin Latino. (* 3/4)