lunes, 30 de julio de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXCV




Misión: Imposible - Repercusión (Mission: Imposible - Fallout, EU, 2018), de Christopher McQuarrie. La sexta entrega de la saga es, a fe mía, una de las mejores. Mi crítica in extenso por acá. (***)

El discípulo ((M)uchenik, Rusia, 2016), de Kiril Serebrennikov. Un joven preparatoriano, Venya (Petr Skvortsov), desafía a su trabajadora madre divorciada (Julia Aug), a su profesora de biología Elena (Victoria Isakova) y a todos sus compañeros de escuela a través de una feroz e incansable evangelización cristiana-conservadora. Una de las películas más exasperantes que he visto en mucho tiempo. Y lo escribo como elogio, claro está. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (***)

Secretos ocultos (Marrowbone, España, 2017), de Sergio G. Sánchez. La opera prima del guionista de El orfanato (Bayona, 2007) es una bien producida cinta de fantasmas -o algo por el estilo- ubicada en algún lugar del norte americano.
Al inicio, pareciera que estamos en los años 30 aunque luego nos damos cuenta que en realidad la historia está ubicada a fines de los años 60. Esta es la primera (¿e involuntaria?) trampa contenida en el guion escrito por el propio cineasta debutante. Luego vendrán otras más, algunas bien justificadas, otras no tanto, de tal forma que hacia el desenlace el filme termina desbarracándose en su afán por sorprender al espectador por el solo hecho de sorprenderlo.
Una mujer llega con sus cuatro hijos procedentes de Inglaterra. Vienen huyendo de algo o de alguien y quieren ocultare en una vieja casa familiar abandonada que se encuentra lejos de la ciudad más cercana. Es tanto el afán de iniciar una nueva vida desde cero, que deciden usar el apellido materno -el Marrowbone del título original- y renegar del paterno, Fairbane, por muy buenas razones que luego sabremos. 
El problema es que la madre (Nicola Harrison) muere muy pronto y para evitar que el Estado divida a los cuatro hijos, la agonizante señora y su hijo mayor Jack (George McKay) deciden ocultar la muerte de la madre hasta que el muchacho llegue a los 21 años, cuando legalmente puede hacerse cargo de sus tres hermanos menores. El plan es arriesgado, pues por ahí anda un ambicioso abogadillo (Kyle Soller) que empieza a sospechar que algo raro está sucediendo y el menor de los Marrowbone, Sam (Matthew Stagg), jura que hay una figura amenazante acechando en las paredes y el ático. 
Y a todo esto, ¿por qué Jack cubre todos los espejos de la casa? ¿Y por qué no deja salir a sus hermanos? Tiene lógica ocultar la muerte de su madre por la razón ya descrita pero, ¿por qué no pueden salir a que les dé el aire todos los hermanos? Estas y otras dudas irán resolviéndose en la última parte del filme, que tiene deudas palpables con la mucho mejor cinta de fantasmas Los otros (Amenábar, 2001) y con el clásico de clásicos Psicosis (Hitchcock, 1960).
No puedo negar que Secretos ocultos es bastante entretenida y que el juvenil reparto -en el que, por cierto, también aparece la ya habitual del género Anya Taylor-John- cumple con creces encarnando a sus personajes en el límite, pero como lo anoté arriba, las vueltas de tuerca del guion de Sánchez terminan resultando ridículas o, en el mejor de los casos, arbitrarias. Aguanta, eso sí, el palomazo. Tanto, que ya me extendí en un comentario que pensaba escribir en unas cuantas líneas. (*)

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