miércoles, 25 de octubre de 2017

Morelia 2017: autores/V



Morelia es el típico festival de festivales. Es decir, muchas de las cintas que se han exhibido en los más importantes festivales del mundo se programan en Morelia en la sección de "estrenos internacionales". A vuela pluma, la revisión de algunos de estos filmes dirigidos por algunos de los más reverenciados autores cinematográficos de nuestros tiempos.
Happy End (Francia-Alemania-Austria, 2017), el más reciente largometraje de Michael Haneke, se presentó sin pena ni gloria en Cannes 2017. Estamos ante un muestrario de temas, personajes y hasta actores hanekianos. Las referencias anteriores a la obra del cineasta austriaco son bastante obvias, especialmente la conexión que se hace con su filme anterior Amour (2012). Como escribió en tuiter hace unos días Alejando Alemán, 'ora resulta que existe un Michael Haneke Cinematic Universe.
La cinta está centrada en una familia burguesa -otra más- que vive en Calais. El anciano patriarca Georges Laurent (Jean-Luis Trintignant) ya no desea vivir más y se entiende, porque sus dos hijos no son de gran ayuda ni apoyo: Anne (Isabelle Huppert) se ha hecho cargo de la empresa constructora familiar que maneja con mano de hierro, mientras Thomas (Mathieu Kassovitz) es un médico que, por lo que se ve, es incapaz de tener un relación amorosa estable. A la familia llega de improviso Eve (Fantine Harduine), la hija adolescente de Thomas de su anterior matrimonio, quien llega a vivir con los Laurent después de la muerte de su madre.
No hay nada nuevo en esta cinta de Haneke que no hayamos visto y mejor en sus anteriores filmes, pero la niña Harduine está formidable, no faltan los momentos de humor cruel a lo largo de la cinta y la secuencia final -en especial la imagen de Trintignant- es antológica. Un Haneke menor siempre será mejor que casi cualquier cosa que esté en cartelera.
Eso mismo se ha dicho desde hace años con el cine de Woody Allen, pero en el caso de su más reciente película, Wonder Wheel (EU, 2017), no aplica: su chorrogésimo largometraje no es una cinta menor.
Presentada fuera de concurso en el New York Film Festival, Wonder Wheel nos presenta ciertos temas recurrentes en la obra de Allen -la irracionalidad de nuestras decisiones, los remordimientos o la ausencia de ellos, el poder (auto)destructivo del amor- con una oscareable fotografía de Vittorio Storario y una aún más oscareable actuación de Kate Winslet en uno de los mejores trabajos de su apreciable carrera,-sino en el mejor de todos.
Estamos en Coney Island, Nuevay York, en 1950 -un poster de Winchester 73 (Mann, 1950) nos lo indica. Mickey (Justin Timberlake), un veterano de guerra, aprendiz de dramaturgo y salvavidas durante los veranos inicia la narración, presentándonos al personaje pivote de la historia: la guapa jovencita Carolina (Juno Temple), que ha llegado al Parque de Diversiones de Coney Island en busca de su padre, Humpty (un irreconocible Jim Belushi), el encargado del carrusel, que ahora está casado en segundas nupcias con Ginny (Winslet), una antigua actriz teatral segundona que ahora sobrevive sirviendo mesas en un restaurante de almejas. Ginny tiene su propio hijo de su primer matrimonio, Richie (Jack Gore, sensacional), un chamaquito que odia la escuela, se la pasa en el cine y, nomás por joder y porque no lo puede evitar, se lleva quemando cosas.
Todos los elementos de una rutinaria cinta alleniana están ahí: el triángulo amoroso Ginny-Mickey-Carolina, las indecisiones amorosas de Mickey, la histeria autodestructiva de la protagonista, la violencia de la mafia flotando sobre los personajes... Lo que no tenemos es rutina: no es rutina la virtuosa cámara luminosa de Storaro, no es rutina la impresionante actuación de Winslet, no es rutina la forma en la que Allen resuelve hacia el final el destino de sus personajes.
Wonder Wheel es una de las películas más oscuras de Allen. Todos los personajes son conscientes de las pésimas decisiones que han tomado en su vida o que tomarán, pero no quieren o no pueden evitarlo. Tampoco están particularmente arrepentidos de lo que han hecho. O si lo están, el remordimiento no les sirve de maldita la cosa.
El absurdo running-gag de Richie, el niño cinéfilo y piromaniaco -¿el alter-ego alleniano del filme?- cobra sentido en la medida que avanza el filme: el chamaco nunca explica por qué enciende fuegos en donde sea (en la playa, en la escuela, en la oficina de la psicóloga que lo atiende) acaso porque ni él mismo entiende por qué lo hace. Y seguramente lo seguirá haciendo, "hasta que le pase algo o mate a alguien". Como todos los demás personajes de esta sólida obra alleniana.
Pero si Haneke y Allen nos han entregado cintas que encajan muy bien en el canon de su filmografía -en el caso del austriaco en un tono menor; en el caso del neoyorkino, en un tono mayor-, Un beau soleil interieur (Francia, 2017), el más reciente largometraje de Claire Denis, es un animal muy diferente. De hecho, si no apareciera el nombre de la cineasta en los créditos, sería imposible imaginar que ella dirige.
Un beau soleil... es una cinta de actriz: Juliette Binoche permanece de principio a fin en el encuadre, tan madura como atractiva, sea enfundada en medias negras y minifalda, sea en la hilarante escena final, en la que -como Winslet en la cinta de Allen- da una cátedra de como dominar el close-up, cambiando de gestos, miradas y entonaciones de voz para señalar el estado mental de su personaje.
La película es una comedia -la primera en la filmografía de la directora- centrada en una artista plástica parisina (Binoche) que parece salir todos los días en busca del amor perfecto. A lo largo del filme la vemos pasar de un banquero a un actor a su exmarido a un galerista a un tipo que la levanta bailando a lo que encuentre en este fin de semana. Binoche encarna a una adolescente cincuentona que, además, está rodeada de otros adolescentes de la misma edad o incluso más viejos. 
Los personajes hablan hablan y vuelven a hablar -esta es una película francesa, no se le olvide- sobre el amor y el sexo, pero no estamos ante una filosófica y articulada cinta de Rohmer sino ante una ¿consciente' parodia de ese tipo de cine y de ese tipo de personajes. La cinta provoca hilaridad e irritación en partes iguales, y con Binoche en la pantalla grande, imposible resistirse.

3 comentarios:

Adayin dijo...

Genial triple reseña!! Me sorprende lo de Denis, me sorprende y me llena de curiosidad... Odio nunca ir a Morelia :(

Anónimo dijo...

De solo leer quiero ver las tres películas!!!

Champy dijo...

De tres monstruos que quien sa cuando lleguen...

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