viernes, 18 de agosto de 2017

El baúl: Dawn of the Dead



Ante la exhibición de Dawn of the Dead hoy en la Cineteca Nacional, me di a la tarea de rescatar del baúl de mis archivos este viejo texto publicado hace... ufff... no sé. Hace mucho tiempo. 


Diez años después de su histórica opera prima La noche de los muertos vivientes (1968), George A. Romero volvió al tema de los zombies con la secuela Dawn of the Dead (EU-Italia, 1978) que, inexplicablemente, nunca encontró distribución comercial en nuestro país. La historia, escrita por el propio Romero, es básicamente la misma (un pequeño grupo de seres humanos se protegen del ataque de una multitud de muertos vivientes que quieren comérselos), pero esta vez el tono ha dejado de ser dramático para inclinarse más hacia la sátira.
Si el primer filme exigía una lectura alegórica que nos mostraba a un microcosmos estadounidense dividido y enfrentado entre sí, cual réplica de los problemas sociales que vivió la Unión Americana durante los años sesenta, en la secuela vemos a un centenar de zombies deambular por un emblemático mall típicamente gringo pues, como dice uno de los seres humanos sobrevivientes “eso es lo que acostumbraban hacer cuando estaban vivos”. 
Así, la tardía continuación se instala rápidamente en los terrenos de la sátira social, con decenas de muertos vivientes caminando por los pasillos del centro comercial, con cuatro humanos encerrados en una enorme tienda y consumiendo todo lo que quieren (caviar, embutidos, licores, armas) sin que nadie se los impida y, finalmente, con una banda de motociclistas que entran a la fuerza al mall, provocando una orgía de sangre, balazos y canibalismo.
La película, filmada a colores –a diferencia de La noche..., que fue realizada en blanco y negro-, tiene el mismo aire semidocumental de la primera, con la cámara siempre en mano, con movimientos bruscos y poco elegantes, con los encuadres desordenados de un reportaje in situ, no de una película de ficción. En el terreno de los efectos especiales y el maquillaje, el maestro Tom Savini se hizo cargo de ese departamento, así que no faltan mutilaciones varias y momentos de gore desbocados (para la trivia, Savini participó en el filme como uno de los brutales motociclistas que toman por asalto el centro comercial).
Como de costumbre en el cine de Romero, en este, su sexto largometraje, no hay un solo actor reconocible entre los cuatro humanos y las decenas de zombies caníbales pues lo que le importa a Romero es contar su historia sin que nos estorbe la presencia de alguna estrella –por supuesto, otro motivo por el cual (casi) nunca aparece nadie importante en las cintas de este director es que Romero siempre ha trabajado con presupuestos relativamente modestos.
¿Dawn of the Dead es mejor que La noche de los muertos vivientes? Probablemente sí. Por supuesto, el impacto del primer filme es irrepetible, pero Dawn... muestra un cineasta más seguro, tanto en lo que quiere decir como en de qué manera decirlo. Acaso no solo sea la mejor película de la saga zombiesca de Romero sino es, seguramente, uno de sus filmes más logrados. 

2 comentarios:

opp dijo...

Aparte cuando los zombies comen cristianos, no es que se alimenten, sino que tambien reproducen el acto de comer como cuando estaban vivos, pues son muertos vivientes ya no les sirve la comida.

Ernesto Diezmartínez dijo...

Opp: Por supuesto. Aunque, bueno, en la cinta de O'Bannon, en el Regreso de los Muertos Vivientes, uno de los zombies -que allá hablan- dice que comen sesos porque les calma el dolor de estar muertos. Que es casi poético.