domingo, 27 de agosto de 2017

En el nombre de mi hija



Exhibida el año pasado en el 20º. Tour de Cine Francés, ha vuelto a la cartelera comercial En el nombre de mi hija (Au nom de ma fille, Francia-Alemania, 2016), cuarto largometraje de Vincent Garenq, un cineasta especializado en teleseries y filmes realizados para la televisión francesa.
En la pantalla grande, Garenq tiene otra especialidad: tres de sus cuatro largometrajes están basados en célebres casos reales. Así pues, Présumé coupable (2011) estaba centrado en el infierno legal que vivió un matrimonio cuando fue acusado, injustamente, de abuso sexual infantil; L’Enquête (2014) sigue los esfuerzos de un periodista por dar a conocer los tejes y manejes de una compañía financiera y los de un juez anticorrupción para que los culpables responsables paguen sus culpas; y, ahora, En el nombre de mi hija, la historia –escrita por el propio cineasta en colaboración con Julien Rappeneau- está basada en un caso criminal que se extendió durante casi treinta años y que involucró a los sistemas policiales y judiciales de Alemania, Francia y Austria.
El filme inicia en Mulhouse, Francia, en 2009. La policía entra al sitio en donde se encuentra un tal André Bamberski (Daniel Auteuil, impecable), quien es detenido, acusado de secuestro. El tipo, de edad avanzada, no parece sorprendido: no opone resistencia, no pierde la compostura, no levanta la voz. Parece como si estuviera satisfecho. Acaso, hasta orgulloso.
En corte directo y con un letrero explicativo de por medio, la edición de Valérie Deseine nos ubica ahora casi 30 años antes, en 1974, en Maruecos. Bamberski es un alto ejecutivo de una compañía francesa, está casado con la guapa Dany (Marie-Josée Croze) y tiene dos hijos pequeños: Kalinka y Pierre. Los Bamberski conocen al Dr. Dieter Krombach (Sebastian Koch) entre la comunidad francesa en Marruecos, quien tiene una hija que se convierte en la mejor amiga de Kalinka. Con la convivencia cotidiana, Krombach y Dany se vuelven algo más que amigos y, con el paso del tiempo, cuando Bamberski lo descubre, le pide el divorcio a su mujer.
Los años pasan y todo parece haberse estabilizado: Bamberski vive en Francia con sus hijos, mientras que Dany se ha casado con Krombach y vive en Alemania. En el verano de 1982, Kalinka y Pierre visitan a su madre y a su padrastro, y en esa visita una horrenda tragedia sucede. No quiero anotar aquí lo que pasa, por más que el propio título del filme lo indique: baste adelantar que después de ese acontecimiento, Garenq nos entrega una exasperante crónica procedimental de cómo pueden (dis)funcionar los sistemas judiciales europeos que, acaso de manera inevitable, están repletos de obstáculos burocráticos.
Lo que llama la atención de En el nombre de mi hija es que Garenq y su editora Deseine logran contar esta laberíntica historia en menos de 90 minutos, por lo que, sin espacios para digresión alguna y con un ritmo siempre cortante, mantienen al espectador en el borde de su asiento, atento a las vueltas de la fortuna que sufre Bamberski en busca de justicia.
Es cierto que la brevedad del filme evita profundizar en algunos de los personajes –especialmente en el antagonista, Krombach- pero, por otro lado, Garenq lo compensa al contar con Daniel Auteuil, quien dota a su personaje de una complejidad y una dignidad irrefutables.
                                                                         

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