Terminator: la Salvación
No puedo decir que me sentí defraudado al ver Terminator: la Salvación (Terminator Salvation, EU-Alemania-Italia-GB, 2009), tercera secuela de la modesta B-movie convertida en cult-movie Terminator (Cameron, 1984). Y es que no puede sentirse desilusionado quien, en primer lugar, no se ilusiona.
El problema de la más reciente entrega de la saga de Terminator tiene que ver, creo yo, con dos decisiones claves. En primer lugar, el guión de John D. Brancato y Michael Ferris se toma demasiado en serio a sí mismo y, por lo mismo, el sentido del humor –algo que siempre ha estado presente en todos los Terminator- brilla por su ausencia. Y en segundo lugar, el desafortunado casting: a la cinta le duele bastante que no esté presente el icónico Gobernator –hay un cameo digital de él, pero nada más-, pero le duele más que el futuro líder la resistencia humana contra los robots, el legendario John Connor, sea interpretado por Christian Bale.
No me malinterprete: Bale es un actor serio y dedicado. Y cuando se le asigna el personaje correcto –su traumatizado Bruce Wayne sin máscara de Batman, su enteco granjero estoico Dan Evans, su rígido G-Man Melvin Purvis- puede atraer toda la atención que merece. Pero, por lo menos esa es mi percepción, Mr. Bale es más un actor que una estrella: le falta ese carisma necesario para interpretar a un héroe de acción. Bale no es, pues, Steve McQueen. Vaya: ni siquiera es Bruce Willis.
Y acaso esto no fuera realmente un problema si frente a Bale tuviéramos a un rival con la suficiente fuerza como para balancear nuestro aburrimiento. Pero no: Sam Worthington, el actor australiano que interpreta a Marcus Wright, el mitad-hombre-mitad-máquina que la megacomputadora Skynet ha preparado para eliminar a Bale y a su futuro papá Kyle Reese (Anton Yelchin), llama todavía menos la atención.
Para todos los nostálgicos que recordamos las anteriores tres Terminator –o para quienes las acabamos de ver otra vez, como un servidor, que se las chutó hace unos días, como dejé evidencia aquí-, hay varios guiños en la repetición de algunos diálogos y one-liners. Así, la orden “Ven conmigo si quieres vivir”, que el Kyle Reese (Michael Biehn) del primer Terminator le decía a Linda Hamilton, y que luego el T-800 (Schwarzenneger) le repitió a un John Connor adolescente (Edward Furlong) en Terminator 2 (Cameron, 1991), aquí lo dice el adolescente Kyle Reese del 2018 cuando se dirige al confundido Marcus Wright, que no sabe todavía que está haciendo en el futuro, pues se supone que él murió 15 años atrás. Y, por supuesto, no puede faltar el celebérrimo “I’ll be back” de Arnold, que aquí es pronunciado por un John Connor con cara de estreñido antes de ir a rescatar a su futuro papá, que ha sido hecho prisionero por la malévola Skynet.
La trama, a estas alturas, no sólo es lo de menos sino que dejó de tener sentido. Puede ser que Skynet sea todo lo megacomputadora que usted quiera, pero tiene tan limitada capacidad para tomar decisiones lógicas que hasta parece político mexicano. Por ejemplo: cuando tiene a Kyle Reese en sus cibernéticas manos, ¿por qué no lo mata y ya? John Connor no puede saber si su futuro padre ha sido asesinado o no, así que de todas maneras irá a meterse en la boca del lobo. Y otra cosa: ¿en qué cabeza cabe que Skynet envíe a un casi humano a hacer el trabajo de una máquina sin entrañas? Vaya, no es ninguna sorpresa el bando que toma Marcus Wright en esta guerra.
Estas inconsistencias argumentales dejarían de llamar la atención si la película fuera entretenida. Pero no: estamos ante una cinta bélica oscura y solemne que difícilmente nos deja esbozar una sonrisa. Pero eso sí: ya está programa otra secuela más, para el 2011. Como quien dice, “they will be back”.
El problema de la más reciente entrega de la saga de Terminator tiene que ver, creo yo, con dos decisiones claves. En primer lugar, el guión de John D. Brancato y Michael Ferris se toma demasiado en serio a sí mismo y, por lo mismo, el sentido del humor –algo que siempre ha estado presente en todos los Terminator- brilla por su ausencia. Y en segundo lugar, el desafortunado casting: a la cinta le duele bastante que no esté presente el icónico Gobernator –hay un cameo digital de él, pero nada más-, pero le duele más que el futuro líder la resistencia humana contra los robots, el legendario John Connor, sea interpretado por Christian Bale.
No me malinterprete: Bale es un actor serio y dedicado. Y cuando se le asigna el personaje correcto –su traumatizado Bruce Wayne sin máscara de Batman, su enteco granjero estoico Dan Evans, su rígido G-Man Melvin Purvis- puede atraer toda la atención que merece. Pero, por lo menos esa es mi percepción, Mr. Bale es más un actor que una estrella: le falta ese carisma necesario para interpretar a un héroe de acción. Bale no es, pues, Steve McQueen. Vaya: ni siquiera es Bruce Willis.
Y acaso esto no fuera realmente un problema si frente a Bale tuviéramos a un rival con la suficiente fuerza como para balancear nuestro aburrimiento. Pero no: Sam Worthington, el actor australiano que interpreta a Marcus Wright, el mitad-hombre-mitad-máquina que la megacomputadora Skynet ha preparado para eliminar a Bale y a su futuro papá Kyle Reese (Anton Yelchin), llama todavía menos la atención.
Para todos los nostálgicos que recordamos las anteriores tres Terminator –o para quienes las acabamos de ver otra vez, como un servidor, que se las chutó hace unos días, como dejé evidencia aquí-, hay varios guiños en la repetición de algunos diálogos y one-liners. Así, la orden “Ven conmigo si quieres vivir”, que el Kyle Reese (Michael Biehn) del primer Terminator le decía a Linda Hamilton, y que luego el T-800 (Schwarzenneger) le repitió a un John Connor adolescente (Edward Furlong) en Terminator 2 (Cameron, 1991), aquí lo dice el adolescente Kyle Reese del 2018 cuando se dirige al confundido Marcus Wright, que no sabe todavía que está haciendo en el futuro, pues se supone que él murió 15 años atrás. Y, por supuesto, no puede faltar el celebérrimo “I’ll be back” de Arnold, que aquí es pronunciado por un John Connor con cara de estreñido antes de ir a rescatar a su futuro papá, que ha sido hecho prisionero por la malévola Skynet.
La trama, a estas alturas, no sólo es lo de menos sino que dejó de tener sentido. Puede ser que Skynet sea todo lo megacomputadora que usted quiera, pero tiene tan limitada capacidad para tomar decisiones lógicas que hasta parece político mexicano. Por ejemplo: cuando tiene a Kyle Reese en sus cibernéticas manos, ¿por qué no lo mata y ya? John Connor no puede saber si su futuro padre ha sido asesinado o no, así que de todas maneras irá a meterse en la boca del lobo. Y otra cosa: ¿en qué cabeza cabe que Skynet envíe a un casi humano a hacer el trabajo de una máquina sin entrañas? Vaya, no es ninguna sorpresa el bando que toma Marcus Wright en esta guerra.
Estas inconsistencias argumentales dejarían de llamar la atención si la película fuera entretenida. Pero no: estamos ante una cinta bélica oscura y solemne que difícilmente nos deja esbozar una sonrisa. Pero eso sí: ya está programa otra secuela más, para el 2011. Como quien dice, “they will be back”.
Comentarios
Lo más extraño (para mí por lo menos) es que a la salida de la función escuché a varias personas decir que la película había estado genial, y que era un gran homenaje a las primeras dos de la serie. Cuando me giré para ver a las personas que decían tal blasfemia y vi que eran chavales de 15 años, no supe si reir o preocuparme por el futuro de la humanidad.
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Fíjate que a mí me pasó algo parecido a cuando ví Quantum of Solace, respecto al humor que "debería" tener (OK, el humor que esperamos/le exigimos a series como el 007 o, en este caso, al Terminator). La primera vez que ví Quantum me molestó la solemnidad de todo el asunto, pero la segunda vez que la ví, me dí cuenta que el humor tradicional (o al menos el humor que se manejó en Casino Royale) sí está escrito en casi todas las escenas (lo cual tiene sentido, estando Purvis y Wade, junto con Haggis, como en Casino Royale, por cierto), pero la diferencia estuvo en la entrega. Ahí es donde creo que Forster fue el causante de esa diferencia, imprimiéndole solemnidad innecesaria o al menos excesiva.
En T4, hubo varios momentos que a mí me hicieron reír pero en general al resto de la sala casi no. Me puse a pensar un poco sobre ello y creo que una de las razones es la probable edad del público con que la ví: adolescentes en su mayoría, que tal vez no tienen fresca o de plano no conocen las películas anteriores para divertirse con esos guiños que apuntas. A mí me hicieron reir todos (por cierto, Ebert comenta algo parecido: la muy probable/obvia intención de McG y compañía para lograrlas posibles risas del público con esos momentos de la película... pero que no se dieron en la función a la que fue él) pero, incluso la gritona esposa "del primo de un amigo" tuvo que recibir una breve explicación de las referencias por las que me reí (digo, por las que se rio el primo de mi amigo...).
Y definitivamente la otra razón, concuerdo, es Christian Bale como John Connor. Lo malo es que desde la 3 John Connor no cae bien (ahí era un chillón de primera), a diferencia de T2, donde todos aplaudimos y nos reímos con ese John Connor adolescente. Para el caso, sentí más simpatía por el T800 Marcus.
Ah, y yo sí me emocioné al ver al T800 original, justo como debe ser: Arnold chamaco. Digo, se emocionó el primo de un amigo.
Por ejemplo, ¿por qué carajos Skynet no manda a un robot a matar a, no sé, el abuelo o tatarabuelo de John Connor en lugar de intentar matar a Sarah y después a John mismo? ¿Y por qué la resistencia SIEMPRE sabe a que época exacta del tiempo envían uno de estos cacharros y ellos ya tienen un Arnold listo?
Y el personaje de Marcus Wright me parece completamente estúpido, una tontería sacada de la manga y sin ningún sentido.
No podria haberlo dicho mejor. Unos personajes por los cuales no pude (lo intenté, créanme)interesarme. Como John Connor, que a pesar de ser el "humano" no muere tras ser empalado vivo.
Por cierto: Rotten Tomatoes dista de ser un vehiculo de crítica exquisita, pero es normal que cintas malas (Como J.I. Joe) tengan buenos porcentajes si solo las han visto 3 criticos. Chequen en una semana y deberia de estar minimo 30 puntos abajo.
Sin embargo en T4 ese chinche primer T800 Arnold falla no una, sino DOS veces seguidas. Primero, no le atina al corazón humano de Marcus, a pesar de haber detectado que ahí está la vulnerabilidad y meter su manota de fierro en el pecho. Yo hubiera pensado que con ese madrazo directo del T800, el corazón de Marcus se habría hecho pedazos... pero parece que únicamente se paró, del susto, yo creo, porque hasta sirve para transplantárselo a Connor (qué suerte que eran del mismo tipo de sangre, ¿no?) que, como dice V., no muere tras ser atravesado en el pecho por chico fierrote, convirtiéndose en la segunda falla del T800 en su primera media hora de operación. Evidentemente Skynet trabajó en más versiones de ese T800 antes de mandar al que se (suponía) iba a tronar a Sarita Connor.
Ahora, como ya apuntaron arriba, lo más fácil y lógico para Skynet hubiera sido, al identificar a Kyle Reese, tronárselo inmediatamente, digamos, la primera vez que lo encuentran en Los Angeles. ¿Pa' qué lo quieren llevar a San Francisco? ¿Como carnada de John Connor? ¿Pos quién es el programador de Skynet? ¿Medina Mora o García Luna, que se les van todos los peces gordos?
Otra cosa: también apuntaban que Marcus fue enviado por Skynet para matar a John Connor. Ahjijuela, ahí sí me perdí. Nunca ví nada que indicara eso en la película. Más bien, según entendí, Marcus despierta y se escapa de Skynet después del primer bombazo de la película, pero por accidente, sin ninguna misión en particular. No recuerdo que haya nunca en pantalla ni dicho por nadie, un indicio de que Marcus tiene alguna encomienda. Simplemente es el prototipo del cyborg. Hagan de cuenta la Enciclomedia de hace algunos años, que no hizo mucho daño pero tampoco sirvió para nada pero ah, cómo consumió presupuesto.
Supongo que vendrá de extra en el DVD. Jo...
1. The Hangover, ese cameo de Myke Tyson no tiene progenitora jajaja
2. District 9, wow!
3. Drag Me To Hell, sustos sustos yeah!!
(iba a poner woohoo pero creo que el Duende tiene algo contra mis woohoo jeje)
creo
Bien podrías cambiarla por Drag Me To Bed...
Siendo chamaco, me rechazaron en Banoro, cuando fui a pedir el que hubiera sido mi primer trabajo. ¡WOOOHOOO!
el otro día leí una nota en el Reforma que decía que los productores no habían querido mostrar la cinta a los críticos antes del estreno
según ellos para que el público decidiera por sí mismo o algo así
se me hace que ya sabían que estaba bastante mala y no se quisieron arriegar a las malas reseñas y comentarios...