lunes, 23 de abril de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXXI








Sueño en otro idioma (México-Holanda, 2017), de Ernesto Contreras. El cuarto largometraje de Contreras inicia cuando el joven lingüista Martín (Fernando Álvarez Rebeil) llega al pueblito veracruzano de San Isidro para tratar de rescatar el zikril, un lenguaje a punto de extinguirse. 
En el pueblo quedan solo tres personas que hablan esta (ficticia) lengua: una anciana que muere al día siguiente que Martín llega y dos viejos, Isauro y Evaristo (José Manuel Poncelis y Eligio Meléndez, muy bien los dos), que tienen medio siglo que no se hablan entre ellos. La razón, explica la nieta de Evaristo, Lluvia (guapísima Fátima Molina), es que los dos ancianos se enamoraron de la misma mujer, María (Nicolasa Ortiz Monasterio) y pelearon casi a muerte por ella cuando eran jóvenes. María se casó con Evaristo y desde entonces Isauro, que nunca aprendió a hablar español, vive solitario en su cabaña.
Al inicio, la mirada amable de Ernesto Contreras -que, como de costumbre, filma un guion de su hermano Carlos-, nos guía hacia una suerte de entretenida comedia rural de encuentros y desencuentros geriátricos, una especie de Dos viejos gruñones (Petrie, 1993) con todo y versiones indígenas de Jack Lemmon y Walter Matthau. 
Hasta ahí la película funciona bien: el problema, sin embargo, aparece en la segunda parte, cuando sabemos la auténtica razón de la enemistad entre Isauro y Evaristo. Más allá de que la causa tiene algo de originalidad en el contexto cultural del filme, lo cierto es que los hermanos Contreras terminan engolosinándose demasiado con el tema y la película se vuelve repetitiva. Más aún: al estancamiento dramático habría que agregar el exceso de una cursi resolución realista-magicosa. Pero qué sé yo: a los espectadores de Sundance 2017 les encantó esta cinta, a tal grado que gano el premio del público y en Guadalajara 2017 obtuvo el Guerrero de la Prensa. O sea, es muy probable que el del problema soy yo. De cualquier forma, se trata de una película que vale la pena revisar; es hora que Contreras no realiza un filme completamente fallido. (* 1/2)

Rostros y lugares (Visages Villages, Francia, 2017), de Agnès Varda y J.R. La cinta más alegre y vital del año pasado -y de muchos años- la realizó una santa señora con casi 90 primaveras encima y un impertinente fotógrafo escondido tras unos sangronazos lentes negros. Una deliciosa road-movie con la más simpática pareja/dispareja desde... ¿desde cuándo? De lo mejor que vi el año pasado. (*** 1/2)

Verano 1993 (Estiu 1993, España, 2017), de Carla Simón. La multipremiada opera prima de Simón (mejor opera prima en Berlín 2017, mejor directora en el BAFICI 2017, mejor guion en los Fénix 2017 y mejor directora novel en los Goya 2018, entre más de una veintena de galardones más), está ubicada en el verano del año del título y su protagonista es una niña de seis años de edad, que ha llegado a vivir con sus tíos debido a la muerte de su madre. La cinta no tiene mucho de original pero sí de sensibilidad: la debutante Simon se acerca a la historia de esa niña con una mirada exenta de sentimentalismo. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (** 1/2)

Tramposos con suerte (México, 2017), de Joel Núñez. El cuarto largometraje de Núñez es una comedia de enredos centrada en dos actores fracasados (Guillermo Iván y Osvaldo de León) que, al haber tocado fondo porque nadie los contrata, deciden ofrecer sus servicios dramáticos para montar jugosas transas, con el valioso apoyo de una antigua compañera de escuela (Ana Layevska).
La premisa no es mala y con un reparto más carismático -la única creíble del trío es Layevska- la cinta podría haber resultado una modesta versión nacional de La gran estafa (Soderbergh, 2001), pero Núñez está años luz de la pericia formal que es necesaria para manejar como se debe esa fórmula. (-)

Humboldt en México: La mirada del explorador (México, 2017), de Ana Cruz. El más reciente largometraje documental de la especialista Ana Cruz es un entretenido, didáctico e informativo documental biográfico sobre Alexander von Humboldt (1769-1859), el gran explorador, científico, botánico, geólogo, geógrafo y escritor alemán que visitó México a inicios del siglo XIX.
El filme es todo lo convencional que usted quiera, pero nunca deja de ser interesante. Así, vemos escenas dramatizadas de Humboldt (Alexander Holtmann) viajando a América, visitando nuestro país y recordando en Europa sus aventuras americanas, al mismo tiempo que disfrutamos de un interminable desfiles de cabezas parlantes formados por científicos, historiadores, museógrafos e intelectuales nacionales y extranjeros (Jaime Labastida, José Sarukhán, Otmar Ette, Thomas Janota, José N. Iturriaga y muchos más) que nos informan de la vida y la obra del precursor (¿o creador?) de algunas especialidades científicas, como la llamada "geografía de las plantas".
El recuento de los aportes a la ciencia de parte de Humboldt se equilibra con un muy interesante retrato de su personalidad, su carácter, su ingenio, su ética de trabajo y hasta su vida privada, pues se deja entrever, como no queriendo la cosa, que el explorador alemán no era muy convencional que digamos ni siquiera en este último aspecto. Espero que muy pronto esté disponible en streaming, para que pueda ser apreciado y disfrutado por una mayor cantidad de público. (**)

Reencuentro (Last Flag Flying, EU, 2017), de Richard Linklater. Estamos en diciembre de 2003, en Virginia y en la televisión se está transmitiendo la caída de Sadam Hussein. Cierta noche un tranquilo tipo de bigote y lentes llega a un bar, pide una cerveza y le pregunta al dueño del changarro si no se acuerda de él. Sucede que el del bigote se llama Larry "Doc" Shepherd (Steve Carell), el cantinero es un tal Sal Nealon (Bryan Cranston) y los dos estuvieron tres décadas antes en Vietnam. Después de una noche de nostalgia y tragos, Doc le pide a Sal que lo lleve a un lugar cercano en donde se encuentran con otro conocido, un encanecido pasto bautista que décadas antes fue un ingobernable soldado, Richard Mueller (Laurence Fishburne), apodado "mauler", es decir, el torturado. El re-encuentro del título en español se debe a que Larry ha buscado a sus dos antiguos compañeros de armas para que le ayuden a pasar el trago más amargo posible: su único hijo ha muerto en combate en Irak y Larry tiene que viajar a Arlington a enterrarlo con todos los honores. Así pues, los tres antiguos camaradas viajan de Virginia a Texas y luego de ahí a New Hampshire, primero en auto, luego en camión, después en tren, acompañando el féretro en donde se encuentra el cadáver de un jovencito de 21 años.
El más reciente largometraje del versátil Richard Linklater es una suerte de secuela tardía e indirecta, pues el guion, escrito por el propio Linklater en colaboración con Darryl Ponicsan, está basado en una novela de este último que, a su vez, es una continuación del clásico setentero El último deber (Ashby, 1973), basado en otra novela del propio Ponicsan, que plateaba una premisa idéntica: el viaje de tres jóvenes soldados, desde Virginia hasta Maine, para cumplir con otra misión muy diferente a la del filme de 2017. Incluso, los tres personajes del filme de Linklater son una especie de variación de los de la película de 1973.
Estamos, pues, ante una road-movie centrada en las encontradas personalidades de los tres protagonistas, bien interpretados por tres actores en pleno dominio de todos sus recursos. Cranston sorprende por su lograda vis cómica, Fishburne parece que está a punto de explotar en más de una ocasión y Carell vuelve a demostrar que, más allá de sus dotes para la comedia, es capaz de construir un personaje a través de pequeños detalles, como el tono de la voz o la tranquilidad que transmite su mirada.
El discurso argumental es bastante obvio -los tres veteranos de Vietnam saben que fueron enganchados y engañados para ir a pelear a un sitio en donde no tenían por qué haber ido, al igual que sucedió con el hijo de Larry, muerto en Irak-, pero Linkalter es un gran director de actores y, más aún, un gran director de actores hablando y discutiendo, así que la película, con todo y sus minutos de más y sus inútiles digresiones, termina resultando más interesante de lo que podría parecer en un inicio.  (**)


4 comentarios:

Christian dijo...

¿qué opinas de Godard en Faces Places Ernesto?

Christian dijo...

Ya vi Sueño en Otro Idioma y WOW!

Soy de los de Sundance, me gustó mucho.

“Déjala, no la vas a necesitar” jajajaja

McCloudKen dijo...

Lastima que la mayoría de estas no esta disponible en mi ciudad, y si hay, son muy pocos los horarios. Varias de las que has recomendado las he tenido que ver en el festival de Torrento.

Ernesto Diezmartínez dijo...

Christian: Que es una rata.