domingo, 3 de septiembre de 2017

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXLVIII




Viaje por la paz (The Journey, GB, 2016), de Nick Hamm. En el 2006, durante las pláticas de la paz de Irlanda del Norte, el radical unionista británico Ian Paisley (Timothy Spall) y el exterrorista ahora representante del Sinn Fein Martin McGuinness (Colm Meaney) se ven obligados a compartir un auto durante un trayecto por los caminos de Escocia. Básicamente un duelo actoral de primer nivel que vehicula un didáctico discurso político no exento de interés. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (* 1/2)

Juego del terror (Scare Campaign, Australia, 2016), de Cameron Cairnes y Colin Cairnes. El segundo largometraje de los hermanos Cairnes (opera prima 100 Bloody Acres/2012, no vista por mí) es un ingeniosa cinta de horror que, después de una vuelta de tuerca bastante previsible, se transforma en una efectiva slasher movie con asesino -o más bien, asesinos- sueltos.
El "Scare Campaign" del título original es un programa de televisión "de sustos" que va por su quinta temporada. Básicamente consiste en montar un escenario ad-hoc con multitud de cámaras escondidas para asustar al incauto elegido en cada programa. Haga usted de cuenta La risa en vacaciones pero de terror.
Sin embargo, la productora del programa, Vicki (Sigrid Thornton), está harta de "Scare Campaign": después de cinco temporadas la fórmula está agotada y más aún cuando un desconocido grupo de enmascarados están subiendo vídeos a la red en donde, aparentemente, están asesinando de verdad a sus víctimas. O sea, nada de sustos baratos: los "Masked Freaks" están matando cristianos -o eso parece. Por supuesto, Vicky no le puede pedir a su equipo que haga lo mismo, pero sí les exige que vayan "a otro nivel" -what-ever-that-means- en el último episodio de la quinta temporada como condición de aprobar la realización de una sexta.
Así pues, el entusiasta director Marcus (Ian Meadows) y su actriz protagónica Emm (Meegan Warner) pasan a montar el siguiente episodio, ubicado en un hospital psiquiátrico abandonado. Ahí llegará a trabajar como jardinero un tal Rohan (Josh Quong Tart) que, a las primeras de cambio, revelará que conoce bien el lugar porque trabajó ahí... ¿o será que ahí estuvo internado? Por supuesto, todas las cámaras, todos los actores, todo el equipo técnico está listo para darle el susto de su vida al tal Rohan aunque, en este caso, ¿quién será el que asusta a quién?
La vuelta de tuerca es previsible, pero he aquí que el guion escrito por los dos hermanos Cairnes logran darle otra vuelta más a la historia, convirtiendo esta sátira de los productos del horror y de su público (o sea, nosotros) en una muy efectiva slasher movie con una escena de horror gore -ya la verá usted- particularmente bien ejecutada.
El único problema es que esta película solo se exhibe en Cinemex y, por lo menos de acuerdo con la cartelera, todas las copias menos una están dobladas al español. Por lo tanto, a menos que usted tenga relativamente cerca el único cine en el que se exhibe la copia original en inglés, yo le recomendaría que se espere a verla en streaming. La única manera de combatir el doblaje es no consumiéndolo. (** 1/2)

La lección (Urok, Bulgaria-Grecia, 2014), de Kristina Grozeva y Peter Valchanov. Nade (Margita Gosheva) trabaja como profesora de inglés en alguna secundaria de un pequeño pueblo búlgaro y completa su escaso "chivo" trabajando como traductora para una compañía cuyo jefe siempre le promete que le pagará todo lo que le debe el martes -aunque nunca queda claro cuál martes será, específicamente.
 Cierto día, una de sus alumnas se queja que alguien le ha robado dinero de su mochila. Indignada,  Nade -que parece que es muy profesional, aunque poco simpática- le suelta un choro ético a todos sus alumnos, hace una revisión de cada una de las mochilas, vuelve a soltarles otro discurso y hasta le ofrece la oportunidad al ladrón de regresar el dinero anónimamente -lo cual, de forma previsible, no sucede.
En todo caso, Nade tiene otros problemas muchos más graves: su marido alcohólico y cero-a-la-izquierda Mladen (Ivan Barnev) no ha depositado las mensualidades de la hipoteca de la casa en el banco, así que su hogar puede ser subastado en los próximos tres días si no consigue el suficiente dinero para pagar todo lo que debe, más los infaltables intereses, por supuesto.
El guion, escrito por los propios cineastas debutantes en ficción Grozeva y Valchanov -porque juntos ya han dirigido un documental-, sigue los denodados esfuerzos de Nade por salvar su casa -que es el espacio en el que quiere ver crecer a su hijita- sin perder la dignidad frente a su padre -que le pide algo razonable (que ella no cumplirá) como única condición para prestarle el dinero- o frente a un siniestro prestamista (sensacional Stefan Denolyubov) que, llegado el momento, le solicitará una felación como primer abono.
La realización de la pareja Grozeva-Valchanov es impecable: la cinta avanza de forma trepidante mientras en el espectador va creciendo la sensación de impotencia o franco desespero. Inteligentemente, el guion nos presenta a una protagonista honesta pero con la que es difícil empatizar. Es claro que la situación en la que se encuentra ella nace, de hecho, de las propias decisiones que ha tomado. 
Por lo mismo, el desenlace resulta decepcionante: no solo por la forma en la que decide obtener el dinero que le falta -que pertenece más a una vuelta de tuerca cinematográfica que a la lógica del personaje- sino por el muy previsible epílogo. Y es que en este tipo de cine pareciera que no solo hay que castigar al honesto sino que hay que convertir en cómplice al espectador. 
Es una pena que el final no funcione tan bien como debería , pero se trata, de todas formas, de un notable debut en el cine de ficción de la pareja Grozeva-Valchanov. (** 1/2)

Atómica (Atomic Blonde, EU-Alemania-Suecia, 2017), de David Leitch. La opera prima del coordinador de dobles Leitch -y codirector sin crédito de algunas escenas de John Wick: Otro día para matar (Stahelski, 2014)- esta repleta de guiños y citas del mejor cine de espionaje posible -el basado en las novelas de Le Carré, además de El tercer hombre (Reed, 1949)- pero en realidad, si la película aguanta el palomazo, se debe a la convincente y soberana presencia de Charlize Theron y a varias escenas de golpes, patines y trompadas que ya quisieran Jason Bourne o el mismísimo Charles Bronson. Mi crítica, en esta semana en el blog. (**)

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