martes, 26 de septiembre de 2017

Me gusta pero me asusta



En la premisa de Me gusta, pero me asusta (México, 2017), séptimo largometraje del culichi "autoexiliado" de la Perla del Humaya Beto Gómez (única y ya lejana obra mayor insuperada Puños rosas/2004), descansa una idea interesante y hasta provocadora: realizar una screwball comedy clásica pero a la mexicana, protagonizada por una inútil “niña bien” que vive en la Condesa y un ingenuote joven sinaloense, sombrerudo y que habla a gritos y que, por supuesto, por ser sinaloense y porque así le conviene a la comedia, es el hijo menor de una poderosa familia de narcos.
La antiquísima fórmula boy-meets-girl, que en el contexto del cine hollywoodense clásico es una propuesta progresista, audaz y hasta proto-feminista (véase si no Sucedió una noche/Capra/1934, Terrible verdad/McCarey/1937 o Ayuno de amor/Hawks/1940), en las muy mexicanas manos de Beto Gómez y sus coguionistas Aurora Jáuregui y Alfonso Suárez, se convierte en otra cosa muy distinta: en el triste pretexto para una paupérrima comedia, convencional a rabiar y temerosa de la propia audacia de su premisa.
Me explico y, para hacerlo, tendré que revelar la sorpresiva, didáctica y aleccionadora vuelta de tuerca del final, así que de una vez aviso que no acepto reclamos de ninguna especie: sobre aviso, no hay engaño. Si no quiere enterarse del final de esta película, no siga leyendo. O siga haciéndolo, si es tan machit@.
La premisa a la que me refiero es la que se vislumbra en el simpático tráiler del filme –de lejos, mucho mejor que la película. El joven sinaloense Brayan Rodríguez (el culichi Alejandro Speitzer) es enviado por su padre, el severo patriarca Don Gumaro (Joaquín Cossío en eterno papel de Cochiloco), a la Ciudad de México, con el fin de extender los productivos negocios familiares que, se entiende, están basados en el narcotráfico.
Acompañado por su padrino, el muy bragado y sinaloense Norris Zazueta (Héctor Kotsifakis, ejemplar), Brayan llega a la ciudad, se topa con la novísima agente inmobiliaria Claudia Aguilar (Minnie West) y, antes de que usted pueda deletrear “flechazo”, se enamora de ella. Por supuesto, como Brayan es de seguro un narco –de hecho, trae chica pistolota que se le cae a la primera provocación-, a la chica “babas” le da miedo darle el sí. El muchachito se ve decente y nosotros sabemos que no se quiere dedicar al negocio de la familia –no quiere ser narco, sino chef-, pero lo cierto es que el tal Brayan proviene de una familia en la que los negocios se arreglan a balazos. O sea, a Claudia, Brayan le gusta, pero le asusta.
Pero he aquí que todo ha sido una confusión, pues tanto Claudia como el público mismo ha sido presa de los peores prejuicios habidos y por haber: la familia de Brayan no es de narcos… ¡sino de ganaderos! Es decir, a pesar de que Brayan, su tío-nino Norris y sus achichincles pagan todo en efectivo, manejan un camionetón placoso y andan armados, no son ningunos malandrines sino meros sinaloenses ricachones, broncos pero honrados (aunque, por la forma de comportarse, también unos buchones-wannabes).
Es decir, la única idea de toda la película que valía la pena explorar/explotar –el choque del mundo “nice” y chilango de la niña consentida Claudia vs. el hipotético mundo violento de la familia de narcos sinaloenses de Brayan- es echada a la basura por una vuelta de tuerca tan didáctica como pacata. Si a esto le agregamos que Beto Gómez parece haber involucionado en un cineasta con cada vez menos recursos –su extraordinaria Puños rosas parece haber sido realizada por otra persona- y que sus actores protagónicos no son graciosos ni carismáticos, el asunto termina en el terreno de la pena ajena.
Hacia el desenlace, vemos la obligada persecución de Claudia (en taxi) por Brayan (a caballo), con todo y beso, reconciliación y final feliz. El siempre bienvenido Silverio Palacios, testigo del final, dice a voz en cuello, para que todos lo oigamos: “¡Caray, hasta parece película de Pedro Infante!”. Sí, como no: brincos dieran.

4 comentarios:

Joel Meza dijo...

Ese bato, Héctor Kotsifakis, muy bueno, lo recuerdo en Guten Tag, Ramón. Muy simpático y creíble como duranguense. Lo he visto en algunas otras, siempre en papeles pequeños. A ver cuándo lo vemos de protagonista.

Ernesto Diezmartínez dijo...

Joel: De hecho, ya hizo dos como protagonista: Luna de miel (una de horror gore bastante salvaje) e Histeria (un thriller urbano bastante decente). En las dos, para variar, está muy bien.

Christian dijo...

“Brincos dieran” jajaja

Travsam dijo...

Si, yo hasta me senti defraudado cuando vi a los actores participando en la videoreseña de los criticos de El Norte y notar las caras de los dos criticos como diciendo "mi chamba esta de por medio si digo la neta....", con las caras de los criticos tuve para notar el mensaje entre lineas y evitar la pelicula.