lunes, 26 de febrero de 2018

Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXIII




La isla mínima (España, 2014), de Alberto Rodríguez. Este espléndido policial español se exhibió en México hace tres años, en Guadalajara 2015, donde la vi y escribí de ella por acá. La cinta se ha estrenado en la Cineteca, aunque tengo entendido que ya se ha exhibido en televisión. (***)

El hilo fantasma (Phantom Thread, EU-GB, 2017), de Paul Thomas Anderson. No sé si sea la mejor película que ha dirigido Anderson pero creo que sí tiene el mejor final de toda su filmografía. Además, si es cierto que Daniel Day Lewis se retira de la actuación después de este filme, se trata de una despedida extraordinaria. Mi crítica en la sección Primera Fila del Reforma del viernes pasado. (*** 1/2)

Yo, Tonya (I, Tonya, EU, 2017), de Craig Gillespie. El sexto largometraje del australiano hoollywoodizado Craig Gillespie (Noche de miedo/2011, Un golpe de talento/2014) es un ejercicio de estilo scorsesiano que tiene como protagonista y narradora a la Tonya Harding del título (Margot Robbie), la rubia y white-trash patinadora gringa que se vio envuelta en un escándalo más ridículo que otra cosa, cuando su exmarido (Sebastian Stan) y el estúpido amigo de este (Paul Walter Hauser) ejecutaron un atentado en contra de Nancy Kerrigan (Caitlin Carver), otra patinadora que era compañera/amiga/rival de Tonya.
La estructura narrativa del guion de Steven Rogers nos plantea una historia repleta de tonterías y contradicciones, con una narradora en off nada confiable -la propia Harding- y una serie de cabezas parlantes cínicas y desvergonzadas -y, por lo visto en los créditos finales, poco de estas declaraciones es ficticio. El guion de Rogers y la propia interpretación de Robbie nos permite entender a Tonya como una víctima del entorno socioeconómico en el que nació, de los prejuicios que combatió pero que no pudo vencer y, sobre todo, de sus infernales relaciones personales, primero con su madre (formidable Allison Janney, con el Oscar 2018 en la mano) y su inútil marido bueno-para-nada (a no ser para abusar de ella).
Sin embargo, desde el inicio, cuando la vemos concursar en las pistas de patinaje, hasta el epílogo, cuando la vemos convertida en boxeadora, es claro que Tonya no se ve a sí misma como víctima de nada. ¿Cinismo?: por supuesto, hay algo de ello, pero también hay mucho de desafío personal. La primera patinadora gringa que ejecutó la complicadísima Triple Axel en una pista de hielo no se ve nunca como una fracasada... aunque es evidente que lo es. 
En esto última radica el problema del filme y la posición de Gillespie y Rogers ante su personaje central, a quien muestran con cierta condescendencia clasista. Y nosotros, como espectadores, somos testigos de este freak-show de una lamentable pero talentosa redneck que tenía todo para ganar pero que, en realidad, había nacido para perder. (* 1/2)

Mudbound: el color de la guerra (Mudbound, EU, 2017), de Dee Rees. "Novelístico", es el adjetivo con el que se ha descrito el segundo largometraje de la ascendente cineasta afroamericana "indie" Dee Rees (notable opera prima Paria/2011). Inevitable la etiqueta, no solo porque el guion de Virgil Williams y la propia Rees está basada en la novela del mismo nombre escrita por Hillary Jordan y publicada en 2008, sino porque la estructura narrativa echa manera de recursos claramente literarios.
Ubicada en el delta del Mississippi durante la década de los 40, Mudbound está centrada en dos familias, una blanca, otra negra, que comparten más o menos los mismos problemas, los mismos desafíos y hasta una pobreza bastante similar. El asunto es que una familia pobre pero blanca es, en el sur gringo de esa época (¿y de esta también?), mucho más rica que una familia pobre negra.
Henry McAllan y su esposa Laura (Jason Clarke y Carey Mulligan) son dos optimistas citadinos que llegan a la delta del Mississippi a iniciar una vida como granjeros. En la tierra que acaban de comprar viven los Jackson, Hap y Florence (Rob Morgan y la nominada al Oscar 2018 Mary J. Blige), quienes rentan el lodoso terreno del título para sembrar algodón. Las dos familias viven en armonía -una armonía debida, sobre todo, a que los Jackson saben sus límites sociales y hasta existenciales- hasta que la Segunda Guerra Mundial termina y el hermano menor de Henry y el hijo mayor de los Jackson regresan al terruño enlodado. Así pues, Jamie McAllan (Garrett Hedlund) y Ronsel Jackson (Jason Mitchell) pudieron haber sido todo lo héroes que ustedes quieran, uno como aviador y otro como sargento peleando para Patton en el frente alemán, pero en Mississippi no son más que un borracho que no sirve para nada (Jamie) y un negro más Ronsel) al que hay que recordarle cuál es su lugar.
El guion de Williams y Rees no privilegia a ninguno de los personajes: aunque es cierto que, hacia el final, la amistad interracial entre los dos veteranos de guerra es la que ocupa el centro dramático del filme, lo cierto es que los otros miembros de las respectivas familias no solo tienen su propia voz sino que, de hecho, se apoderan de la historia, contándola -voz en off de por medio- desde su propia perspectiva. Así, las voces de Laura y Henry, Hap y Florence, Jamie y Ronsel, se alternan y complementan, para entregarnos una crónica genuinamente novelística sobre las brechas raciales, sociales y de género en los Estados Unidos recién triunfantes de la guerra.
La puesta en imágenes de Rees, bien apoyada por la lírica fotografía de Rachel Morrison -nominada al Oscar por este trabajo, precisamente-, está centrada más en la historia, en su media docena de personajes y en cómo los interpretan sus actores. Un cine clasicista en el mejor sentido del término. (** 1/2)

5 comentarios:

Christian dijo...


Qué buena frase esa de “tenia todo para ganar pero había nacido para perder”

Si algún día la tomo prestada para una película prometo darte crédito Ernesto jeje :P

Christian dijo...

Esa de Mudbound es como Las Uvas de la Ira?

Christian dijo...

Oigan y se me olvidó comentar, Phantom Thread es una maravilla. La he visto tres veces ya :)

Fran dijo...

Buenas!
Acabo de leer su reseña sobre La isla minima y comparto por completo lo expuesto. Cuando en su momento la vi sali muy satisfecho de la sala.
Saludos!

Ernesto Diezmartínez dijo...

Christian: Tiene algo de Las uvas de la ira, pero más relacionado con cuestiones de raza que con la misera (que también es tema).