jueves, 30 de noviembre de 2017

En línea: Demon



En la creciente oferta cinéfila en línea, destaca por su novedad y por su especialización, el sitio de Purga (purga.tv), que ofrece para el cinéfilo que gusta del cine de horror una serie de películas de muy distintos orígenes: cintas orientales, obras clásicas, cine indie americano, gore-movies con vísceras regadas incluidas y otras linduras genéricas por el estilo.
Explorando Purga.tv me encontré con una auténtica curiosidad, de la cual había leído algún texto muy elogioso, escrito por el colega español José Luis Losa. Me refiero a Demon (Ídem, Polonia-Israel, 2015), tercer largometraje del malogrado cineasta polaco Marcin Wrona, quien se quitó la vida en un cuarto de hotel cuando estaba presentando esta película en un festival local en su natal Polonia.
Más allá de la trágica anécdota que rodea a Demon y a su director, estamos ante una provocadora mixtura de cine de horror y comedia de costumbres. Piotr (Itay Tiran, extraordinario) llega a algún lugar del interior polaco a casarse con su novia, Zaneta (Agnieszka Zulewska), y de pasada, a conocer a su inminente familia política. Mientras se prepara para casarse, Piotr es dejado en la vieja granja familiar en cuyo granero será la pachanga a la que todo el pueblo de seguro asistirá. Planeando los arreglos que hará en ese sitio que, se entiende, se convertirá en su nuevo hogar, Piotr encuentra unos restos humanos que, en un impulso inexplicable, los entierra de nuevo.
Al día siguiente, cuando la fiesta está en todo su apogeo, aparece el gorrón que no falta en cualquier boda. El problema es que no es un gorrón común y corriente: se trata de un espíritu. Un dybbuk, para ser precisos. Es decir, un fantasma judío. Pero, ¿qué quiere un fantasma hebreo en una boda católica? Si usted sabe algo de la historia de Polonia en el siglo XX, creo que ya habrá adivinado el sentido alegórico del filme.
Wrona le impone a la película un tono directo, natural, que no deja de ser extraño (la imagen de la motoconformadora que atraviesa el pueblo al inicio) ni ominoso (la mujer histérica que ve Piotr en el río). Los atisbos de lo sobrenatural aparecen y desaparecen frente a nuestro protagonista en un parpadeo, elípticamente, para después salirse de madre en la pentagruélica boda a la que no le falta gente, vodka, música, bailes… y el ya citado dybbuk.
Tampoco faltan los recuerdos, por cierto, especialmente de los más viejos del pueblo, como el anciano profesor de escuela a quien nadie pela y que, acaso, tiene alguna idea de lo qué sucedió en esa granja en la que ahora se ha organizado esa fiesta. Es obvio que muchos más lo saben o lo intuyen, pero no les interesa recordar. Otros, acaso, no saben nada y, ¿peor aún?, no les importa mucho.
Como dice el preocupado padre de la novia (Andrzej Grabowski), cuando ve el desastre en el que se ha convertido la pachanga que con tanto cuidado organizó, “acaso es mejor olvidar que nos vimos aquí”. Conociendo la historia de Polonia, es probable que los invitados le hagan caso.

1 comentario:

Champy dijo...

Se lee bien, vamos a explorar la Purga...

2046