Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCLXXXVII



El hombre que vio demasiado (México, 2015), de Trisha Ziff. El Mejor Largometraje Documental en el Ariel 2016 presume  una puesta en imágenes muy elegante -cámara de Felipe Pérez Burchard, edición de Pedro G. García- y un personaje central, el fotógrafo de nota roja Enrique Metinides, francamente inolvidable.
Metinides inició desde niño tomando fotografías de accidentes como si fuera un hobby cualquiera -pero, ¿quién tiene un hobby así?- y se convirtió en uno de los fotógrafos (¿o en El Fotógrafo?) de nota roja más importantes de México, trabajando medio siglo en La Prensa. La historia es fascinante, Metinides es oportunamente memorioso (acaso de más, como uno lo intuye), extremadamente articulado, y su presencia misma es muy simpática: la de una suerte de gnomo siempre dispuesto a dibujar una sonrisa cómplice en su rostro. 
Y, por supuesto, al final de cuenta están sus fotos, grotescas y bellas a la vez. Es muy difícil verlas, pero cuando uno posa la mirada sobre ellas, es más difícil dejar de mirarlas. (** 1/2)

Ella es un monstruo (Colossal, EU-Canadá-España-Corea del Sur, 2016), de Nacho Vigalondo. Esta extravagante cruce entre un woman's film tradicional -una mujer tratando de salir de un ciclo existencial tóxico- y una kaiju-movie -con todo y monstruo enorme suelto destruyendo media Seúl- cuenta con la atractiva presencia de Anne Hathaway en el papel protagónico y una serie de vueltas de tuercas que cumple bastante bien tanto con el melodrama como con el cine de monstruos gigantescos. Mi crítica en la sección Primera Fila del periódico Reforma del viernes pasado. (** 1/2)


Un hombre gruñón (En man som heter Ove, Suecia, 2015), de Hannes Holm. Una sentimental dramedy que cuenta con una sólida actuación protagónica de Rolf Lasgard como el hombre gruñón del título en español, el Ove del título original en sueco.
El tal Ove, de 59 años de edad, decide quitarse la vida a raíz de ver morir de cáncer a su adorada y sufrida esposa y después de ser despedido de su trabajo ferrocarrilero, después de 43 años de chamba, por los malvados burócratas "de camisas blancas" que nunca faltan en este tipo de situaciones. Sin embargo, sus intenciones suicidas son interrumpidas por los nuevos vecinos, quienes acaban de llegar a molestar a tan serio y concienzudo suicida.
Como otro anciano gruñón similar -el Clint Eastwood de la muy superior Gran Torino (Eastwood, 2008)-, el tal Ove demostrará que viejo que ladra (y grita "idiota" a la menor provocación) no muerde y más aún cuando entabla una reticente relación afectiva con la vecina embarazada de origen iraní Parvaneh (Bahar Pars) a la que incluso le enseñará a manejar y de quien terminará resultando una suerte de refunfuñante figura paterna y abuelo no oficial de las dos hijitas de la joven mujer. 
Todo el asunto es bastante convencional, sin duda alguna, pero también es lo suficientemente agradable para terminar viéndola hasta el previsible final. La cinta estuvo nominada al Oscar 2017 a Mejor Película en Idioma Extranjero. (* 1/2)

Comentarios

Joel Meza dijo…
Pos qué sorprendente.

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