Sé lo que viste el fin de semana pasado/CCXXXIX



Plaza París (Praca Paris, Brasil-Portugal-Argentina, 2017), de Lúcia Murat. Ganadora del premio a Mejor Película y Mejor Actriz (Grace Passô) en la sección competitiva brasileña de Río 2017, la más reciente cinta dirigida por la veterana cineasta brasileira Murat es un  filme femenino por partida doble.
La elevadorista proletaria, negra y obesa Gloria Santos (Passô) es tratada psicológicamente por una delgada, blanca y europea investigadora (Joana de Verona), quien está en la Universidad de Rio realizando un trabajo sobre la violencia social en Brasil. Gloria es el espécimen perfecto para la doctora Camila, quien viene de Portugal: la traumatizada mujer vive en una favela, tiene un hermano en la cárcel y su papá abusó de ella siendo una niña. La relación entre las dos mujeres irá profundizándose, más allá de la sesiones terapéuticas entre la psicológica y su paciente, pues la relación con Gloria y con sus problemas trastornará la estructura vida privilegiada de Camila.
Las actrices están muy bien y el retrato de ese Brasil partido fatalmente por un abismo de diferencias socioeconómicas se siente verdadero, pero Plaza París funciona más como discurso que como película. La temática le gana la partida a todo lo demás.

En tránsito (Transit, Alemania-Francia, 2018), de Christian Petzold. El más reciente largometraje del consistente cineasta alemán Petzold (Fantasmas/2005, Yella/2007, Barbara/2012, obra maestra Phoenix/2014) es una película tan fascinante como desconcertante. 
Basada en una novela escrita en 1944 por la escritora judía-alemana Anna Seghers, la adaptación escrita por el propio cineasta está centrada en Georg (ascendente Franz Rogowski), un hombre que quiere huir hacia América desde Marsella, después de salir de París, a punto de ser ocupada por el fascismo. Por una confusión, Georg es confundido por un escritor ya fallecido al que México le ha otorgado una visa, de tal manera que, gracias a este golpe de azar, está listo para cruzar el Atlántico, solo que en la espera de abordar el barco -en el tránsito del título- conoce a la mujer del escritor, Marie (Paula Beer), y a otros personajes más que viven, como él, en la misma zozobra por la ocupación, el terror y el fascismo.
Contada así, la historia es, básicamente, una suerte de Casablanca (Curtiz, 1942), solo que sin romanticismo. La novedad -y, de hecho, la provocación formal- es que Petzold ubica su película en un tiempo presente indeterminado: por los autos, podría ser, de hecho, el 2018 en el que se estrenó la cinta, más aún cuando dos de los personajes -una joven madre y su hijo- son dos musulmanes maghrebíes que viven temerosos de ser atrapados, cual si estuviéramos en los paranoicos tiempos contemporáneos de la islamofobia. De esta manera, una historia clásica que podría haber servido para un ejercicio clasicista más termina convertido en una suerte de parábola atemporal sobre los peligros del fascismo y las consecuencias en las vidas de cada uno de estos personajes en tránsito. Otra notable cinta más de Petzold. 


Rocketman (Ídem, GB-EU, 2019), de Dexter Fletcher. La más reciente biopic musical es, ahora, sobre el extravagante cantante y compositor británico Elton John, dirigida por quien terminó -sin crédito- Bohemian Rhapsody, la historia de Freddy Mercury (Singer, 2018). Mi crítica, por acá.



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